Almudena Grandes: "La literatura sigue siendo imbatible por los videojuegos"

Columnista, escritora, madre de varios hijos, estupenda cocinera y anfitriona, Almudena Grandes hace honor a su apellido y es una mujer con mayúsculas. Siempre luchadora y comprometida, nos deleita ahora con su primer cuento para niños, ¡Adiós Martínez! (Alfaguara), una historia amarga con final feliz, en la que asoman su infancia y sus novelas de adultos.

Sapos y Princesas: ¿Cómo ha sido la experiencia de entrar en la literatura infantil? ¿Repetirás?

 Almudena Grandes: Sí me ha gustado, la verdad, aunque he tardado mucho tiempo en animarme a pesar de que tengo muchos hijos, y he contado y me he inventado muchos cuentos para ellos. Me parecía que era otro género y que había que tomárselo en serio y me daba un poco de respeto a pesar de mi experiencia maternal . De hecho le dije a Arturo Pérez-Reverte, que es el director de la colección, que esperara a ver si podía o no porque no lo tenía muy claro. No sabía cómo se me iba a dar. Sin embargo, la experiencia ha sido muy buena, en el sentido de que he podido y me ha gustado el resultado del libro. En ese aspecto sí estoy contenta, lo que no sé es si eso me inducirá a repetir la experiencia, eso ya no te lo puedo decir.

SyP: ¿Cuánto de Almudena Grandes niña hay en Casilda?

A.G.: Yo creo que mucho. Es una cosa curiosa porque no se trata de lo que hay solamente de Almudena niña en Casilda sino de hasta qué punto se parece Casilda a los personajes de libros míos de adultos. Es muy curioso cómo al final acabamos siempre volviendo a la infancia, partiendo de la memoria… Yo he tenido la ocasión de comprobar que ese axioma literario, de que en realidad siempre escribimos la misma historia, la misma novela, trasciende la edad de los lectores. En el fondo, Casilda tiene que ver con muchos protagonistas de mis libros que han sido poco agraciadas y poco populares.

SyP: ¿Y cuánto tiene de Casilda, el personaje de El Corazón Helado?

A.G.: Eso es porque Casilda es un nombre que me gusta. De hecho otra cosa en lo que se parece este libro a mis libros de adultos son los nombres de los protagonistas. Ya he tenido una Casilda y he tenido un Martín que era uno de los personajes masculinos más importantes de Atlas de Geografía Humana. De alguna manera se mantiene esa vinculación con mis novelas. De todos modos, yo he intentado tomarme esto tan en serio como los libros que escribo para adultos. No he tenido la sensación de escribir con más desahogo. Es verdad que escribí el cuento deprisa, pero también es verdad que estuve un montón de tiempo esperando a que se me ocurriera la historia. Y lo que sí tenía claro era que si lo hacía, mi cuento iba a ser poco ñoño, porque yo soy mujer y parece que las mujeres estamos condenadas a que la gente crea que sólo somos capaces de escribir sobre ñoñerías. Yo leí otros cuentos de la colección y me di cuenta que si  el mío iba a ser más amargo. De modo que, es un cuento amargo aunque tenga un final tan feliz que al fin compensa la amargura porque, en el fondo, es la historia de dos niños inadaptados.

SyP: Es muy común que los niños tengan un amigo imaginario como Martínez ¿Tú lo tuviste?

A.G.: El amigo imaginario es muy común y no tiene que ver tampoco con la falta de amigos verdaderos. Muchos niños perfectamente integrados tienen amigos imaginarios. Es una forma de sentirte acompañado y de dialogar con la realidad con más ventaja, de sentirte menos solo. Es un tema que a mí me encanta porque yo soy novelista y mi trabajo consiste mucho en fomentar amistades imaginarias. Yo no, pero algún hermano mío si tuvo, y yo no quizá porque leía mucho, así que tenía muchos amigos imaginarios, no uno en concreto. Lo que sí recuerdo es que mi pasión por la lectura arrancó de lo escasamente popular que fui en mi infancia. Yo leía como una forma de vivir una vida más interesante de la que yo tenía y de estar mejor, así que tenía muchos amigos imaginarios, no tenía solo uno.

SyP: Tener un amigo es la vía de escape perfecta para un niño aislado o que sufre acoso. En Adiós Martínez, Casilda lo consigue gracias a un videojuego, ¿crees que las nuevas tecnologías nos ayudan a socializarnos o por el contrario nos aislan?

A.G.: Es como todo, la lectura también puede aislar y puede servir para comunicar. Lo que sí me parece importante, porque además lo he practicado en mi vida de madre, es no demonizar las tecnologías. Me parece una tontería que la gente se queje porque su hijo esté todo el día enganchado a una pantalla. ¡Pues claro!, si yo tuviera ahora esa edad también estaría enganchada, tiene que ser estupendo. El hecho de que un niño juegue a videojuegos implica que no lea. Yo he tenido hijos muy tecnológicos que luego han sido buenos lectores. Hay cosas que los libros dan que los videojuegos no son capaces. A los niños les gusta leer de pequeños y luego les vuelve a gustar cuando son más mayores, pero es verdad, que hay una edad como perdida que coincide con la preadolescencia… Pero un videojuego, creo yo, no puede suplir la emoción de las novelas de aventuras, de las historias de amor, de las novelas de terror. Es verdad que cada vez es más difícil,  pero lo realmente complicado es que los niños se acerquen, una vez que se enganchan, ya está el camino hecho. En ese sentido la literatura sigue siendo bastante imbatible.

SyP: ¿Cuáles crees que pueden ser las consecuencias más graves de los recortes en educación?

A.G.: Es que no me parecen graves, me parecen gravísimas. A lo que vamos en este país es a desmontar la escuela pública, que es la única escuela que es interclasista, que garantiza la igualdad de oportunidades… Cualquier ataque a la educación pública, aparte de ser esencialmente injusto y un retraso, es una tragedia para el futuro de este país. Me parece muy injusto, muy mal y muy peligroso y no veo la ganancia. La escuela pública es la única interclasista que hay, es la única igualitaria, la única que garantiza la igualdad de oportunidades.En un país que renuncia a esto, y que deja exclusivamente su futuro en la capacidad de los hijos de los padres que puedan pagar un colegio privado, el futuro es muy negro.

SyP: A un lector no iniciado en la literatura de Almudena Grandes  ¿con qué novela de las tuyas le animarías a iniciarse en tu universo literario este verano?

A.G.: Eso siempre es muy difícil de decidir porque las novelas son como los hijos, yo podría contar mi vida por mis novelas. Teniendo en cuenta la fase en la que estoy yo ahora, a lo mejor, si le gustan las novelas largas, le recomendaría que empezara por El Corazón Helado.

SyP: ¿De cuál te sientes más orgullosa y por qué?

A.G.: Yo voy a ser muy vulgar, pero es la verdad. Estoy ahora corrigiendo la novela que voy a publicar el año que viene y, si la comparo con mis dos últimas novelas, es la que más me gusta de todas. ¿De cuál me siento más orgullosa? En este momento de la última. Las novelas que mejor me han ido siempre son las impares. Hasta ahora, porque como la primera de la serie fue par, ahora ya todas son pares e impares. Pero bueno, tengo una relación muy amorosa de gratitud con Las edades de Lulú porque me permitió vivir la vida que he podido vivir, porque sin esa novela yo no podría haber sido escritora. Con Malena…, porque fue la novela que me consagró y con El Corazón porque fue como la reconfirmación. Y luego, con Inés… también porque es una novela que me resultó muy difícil escribir porque fue mi debut en la no ficción, porque fue el arranque de una serie de seis, porque, probablemente, si Inés no hubiera salido bien ya no podría haber seguido escribiéndola. De alguna manera ha sido la madrina de sus hermanas.

SyP: ¿Para cuándo el tercer volumen de la trilogía de la Guerra?

A.G.: Es la que estoy corrigiendo ahora y saldrá el año que viene en marzo ya.

SyP: Personalmente, ¿cómo te está afectando la piratería editorial? ¿Y cómo se están vendiendo tus libros digitales?

A.G.: Yo creo que nos está afectando a todos, pero lo que nos afecta no es una vez más la tecnología, sino la legislación de este país. Somos la capital mundial de la piratería, el país de Europa donde más se piratea. ¿Por qué?, porque los gobiernos sucesivos, han sido muy cobardes y no se han atrevido a hacer una ley antipiratería eficaz. El problema de la piratería no es la tecnología, es la legislación. En Alemania no se descarga ilegalmente un libro porque no se atreve nadie, una descarga ilegal tiene penas de cárcel. El formato en el que me lean me da exactamente igual. Libros digitales vendo poquísimos, para que te hagas una idea, lo que he cobrado este año en derechos de autor de todos mis libros en edición digital no llega a 1.000 euros. Una proporción muy pequeña en relación con los derechos de papel, y es que la gente si puede conseguirlos gratis, para qué va a pagar.

SyP: ¿Cómo organizas tu tiempo para ser una buena madre, cocinera, ama de casa, anfitriona, escritora y personaje público? ¿Cuál es el secreto para conciliar adecuadamente la vida familiar con la laboral?

A.G.: Hace mucho tiempo descubrí que lo fundamental para una madre trabajadora es renunciar a la perfección. Eso es lo fundamental, renunciar a ser perfecta. Lo que hay que hacer es controlar mucho la culpa y  si los niños una noche cenan pizza, pues no pasa absolutamente nada. Las mujeres de mi generación hemos tenido que hacer en un solo camino lo que las mujeres de otros países europeos han hecho en varios. No hay que olvidar que las mujeres en España en los años 60 estaban viviendo en el siglo XIX, mientras las madres de las inglesas y las francesas quemaban sujetadores. Hemos hecho mucho camino, y no sé muy bien cómo lo hemos conseguido, a base de sentirnos culpables cada vez que cogíamos un avión, porque teníamos la mentalidad de nuestras madres, que eran perfectas. Supongo que nuestras hijas no tendrán esos problemas porque nos recordarán a nosotras, pero las mujeres de mi edad recordábamos a aquellas madres perfectas y pensábamos: “¡Oh dios mío!, ya me he ido otra vez de casa, ahora que cenarán los niños, seguro que es malísimo que tomen tanto caldo de tetra brik…” Pues eso hay que superarlo y llevarlo con tranquilidad. Lo que es importante con los hijos es tener hijos deseados y quererlos mucho. Cada una lo hace lo mejor que puede. No hay más.

Por Cristina Jaramillo

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