Manual de instrucciones del recién nacido

Si bien dicen que algunos bebés vienen con un pan bajo el brazo, lo que todavía no hemos escuchado es que alguno venga con manual de instrucciones ¿Os imagináis? En varios idiomas y con un apartado de errores comunes al final…

Para la mayoría de papás y mamás los primeros meses del recién nacido son algo más que unas noches sin dormir demasiado; todos dicen que el bebé solo come, duerme y hace sus cositas, pero en realidad se están olvidando de algún que otro detalle: la cura del cordón, los cólicos, vómitos, diarreas y un listado largo de cosas acabadas en itis, que nos van a tener muy entretenidos.

Para tranquilidad de muchos, en unos meses la práctica la vamos a tener más que aprendida y vamos a ser capaces de gestionar esto, el trabajo, las tareas de la casa y todo lo que se nos presente; pero hasta que llegue ese momento, seguro que nos vendrá bien tener algún lugar de referencia al que acudir sin tener que usar el comodín  “llama a mi madre”.

Aterrizar en casa

La llegada a casa después de salir del hospital, clínica o lugar donde hayamos dado a luz, va a ser siempre algo sorprendente; es el momento en que solos delante de nuestro bebé nos vamos a tener que ir acostumbrando a realizar las tareas relacionadas con el cuidado del niño sin ayuda de enfermeras o doctores. Siempre tendremos a nuestro pediatra de confianza cerca para acudir ante cualquier cosa que se salga de lo normal, pero desde los primeros días en casa hasta que vayamos a la primera consulta con el pediatra, viene bien tener claras algunas cosas básicas.

Nuestro pediatra va a ser una pieza clave durante los primeros años de vida de nuestro hijo, por lo que es importante que sea una persona accesible y que tenga un poco de mano izquierda con los niños. Esto que puede sonar algo curioso, para alguna madre o padre que lea esto y haya coincidido con un pediatra con poca mano izquierda, seguro que sabe a qué nos referimos. Partimos de la base que todos son pediatras y todos tienen los conocimientos necesarios para realizar su profesión, por tanto el trato que tengan con nuestros hijos en las consultas va a suponer ahorro de lágrimas y crisis de ansiedad cada vez que tengamos que ir a visitarlo. No es lo mismo un profesional que trata con niños que uno que, no se sabe muy bien por qué, quiere estar rodeado de niños y hace todo lo posible para conseguirlo.

Dicho esto, empezamos hablando de la alimentación. Este punto es especialmente importante durante los primeros días de vida del bebé para evitar que pierda más peso del que es debido. Los bebés durante los primeros días de vida acostumbran a perder peso, entre un 10% y un 12%, lo que vendría a ser unos 300g. Esto es algo totalmente normal ocasionado por varios factores como la expulsión del meconio o primeras heces o la eliminación de líquido. Debemos estar muy atentos a que la tendencia sea al aumento y no a la baja. El objetivo es que en poco tiempo recupere el peso que tuvo al nacer y, si es posible, que lo aumente.

Si hemos optado por la lactancia materna nos tenemos que asegurar de que la realizamos correctamente. La matrona y las enfermeras nos pueden ayudar con la técnica y la postura antes de abandonar el lugar donde hemos dado a luz. Y si vemos que no es suficiente, podemos informarnos sobre el servicio que ofrecen las asesoras de lactancia, unas profesionales que se dedican en exclusiva a instruir en lactancia a las diferentes mamás. No obstante, los centros de salud suelen organizar cursos de lactancia materna y si no, siempre está la matrona para resolver todas las dudas que te puedan surgir.

Al poco de dar a luz notaremos que nos sube la leche con cierto calor y un aumento de peso en la zona del pecho, esto nos indica que ya estamos preparadas para amamantar al bebé. Una vez arrancamos con la lactancia, la pista que nos va indicar que todo anda correctamente y que lo estamos haciendo de la manera correcta, es el aumento del peso del bebé aproximadamente unos 150g a la semana. Igualmente otros aspectos como la forma de colocar al bebé, como éste coge el pecho, el lugar donde le amamantamos… serán cosas a ir perfeccionando y en las que nuestro pediatra seguro nos puede ofrecer alguna ayuda o dirigirnos a alguien que lo haga.

¿Cada cuánto hay que darle el pecho? La mejor guía es que nos dejemos llevar por el instinto materno que nos dirá cuándo; si nos despistamos ya se encargará el bebé de recordárnoslo de la única manera que sabe hacerlo, llorando.

Si hemos optado por la alimentación de fórmula, la cantidad con la que iniciar el proceso nos la indicarán donde hayamos dado a luz y, más adelante, nuestro pediatra nos irá informando. Al igual que con la lactancia materna, con la fórmula será nuestro bebé el que nos indique que tiene hambre o que ya está satisfecho, no debemos obligarle a comer más porque no se haya acabado el biberón, aunque atentos a que no se nos duerma y por eso no coma.

Por norma general, el tiempo que pasan durmiendo es superior al que pasan despiertos, por ello será necesario despertarles cada 2 o 3 horas para invitarles a comer si ellos no se acuerdan. Estimularles durante las tomas, acariciándoles, apretando suavemente el pie o hablándoles, nos servirá para impedir que se duerma a media toma y por ello deje de comer lo que necesita.

El bebé realizará deposiciones líquidas y amarillentas normalmente después de cada toma. El pis puede venir en cualquier momento y éste será claro. Las deposiciones pueden variar ligeramente de tonalidad en función de la leche que le estemos administrando, lo que tenemos que vigilar es que no haya cambios bruscos en textura y color si no hemos modificado la marca de leche. En relación al pipí, los bebés con leche de formula realizan más que los que son alimentados con leche materna. Podemos estar hablando de unas 10 micciones diarias. En el caso de las deposiciones éstas pueden ser menores que si le estamos dando el pecho.

Es importante tener un registro de pipís y cacas ya que acostumbra a ser una de las preguntas obligadas por el pediatra y, sobre todo, estar muy alertas a cualquier cambio repentino de lo que estamos acostumbrados. Atentos también los primeros días que toman el pecho porque si no están mamando bien pueden deshidratarse y una forma de detectarlo es observando el pañal.

Tanto con un tipo de lactancia como con el otro, hacer que el peque eructe puede ser necesario para ayudarle a vaciar el aire acumulado durante la toma y evitar los cólicos posteriores. Friegas o palmaditas suaves mientras reposa en nuestro hombro, será suficiente.

El hipo y los vómitos son normales en los bebés, no te asustes, pero siempre alerta que la cosa no vaya a más. De momento, una toalla preparada después de cada toma nos puede ser de gran para evitar las manchas de leche y su mal olor.

Es evidente que no existen las fórmulas exactas cuando hablamos de bebés y, mucho menos, manuales de instrucciones; pero ya veréis que, una vez pasado por ello, ¡estaremos en condiciones de escribir uno nosotros mismos!

Sira Bellot
Consultora en Maternidad y Paternidad
www.babyplannerbarcelona.com
T. +34 93 275 31 82

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