¿Por qué no duerme mi bebé?

¿Por qué no duerme mi bebé? ¿Me lo llevo a la cama o lo dejo en su cuna? ¿Tiene hambre o solo quiere estar conmigo?… Si hablamos del sueño de los niños, estas y otras muchas preguntas en algún momento pasan por la cabeza de los padres que, desesperados, no saben qué hacer para que descansen y poder dormir.

El mundo del sueño infantil levanta inquietudes en todas las familias con niños de temprana edad y, si bien es un tema muy comentado, muchas veces la diversidad de información que podemos encontrar, con múltiples explicaciones y variedad de autores, hace complicado decidir el camino que seguir para tomar decisiones que puedan ser de utilidad.

De todos los profesionales encargados de estudiar el sueño, hay un punto común en todos ellos: el sueño infantil es un proceso evolutivo. Esto significa que todos los niños sanos, aunque ahora tengan despertares nocturnos frecuentes o algún otro problema por los que parezca muy difícil conciliar el sueño, en algún momento van a dormir correctamente.

¿Qué influye en el sueño de los niños?

La alimentación:

El sueño del bebé va directamente enlazado con sus necesidades básicas: alimentarse, sentirse cuidado por alguien, desarrollo emocional y el tema que ahora tratamos: el sueño.

Cuando nuestro bebé acaba de nacer necesita comer frecuentemente para evitar hipoglucemias (bajadas de azúcar en sangre) y crecer. Según la Organización Mundial de la Salud, estas comidas deben ser a demanda y estar repartidas durante el día. El estómago de un recién nacido es muy pequeño, los primeros días de vida evoluciona desde el tamaño de una canica hasta el de un huevo, esto se traduce en que se llena muy pronto, pero también en que enseguida vuelve a tener hambre. Por tanto, si nuestro bebe duerme entre 14/20h tenemos que prever que entre estas horas de sueño estarán las diferentes horas en las que no van a dormir porque van a estar comiendo.

Llegados a los 4 meses de vida se producirán cambios en su necesidad alimenticia, por lo tanto, también en sus horas de sueño: duermen más horas por la noche y pueden ir adquiriendo poco a poco el ritmo circadiano, o dicho de otra manera, serán capaces de diferenciar el día de la noche.

No será hasta los 8 meses aproximadamente, dependiendo de cada individuo, cuando podremos decir que nuestro bebe duerme como un adulto.

La necesidad de sentirse cuidado por alguien:
Al salir del vientre materno, los bebés necesitan el calor y el contacto directo de la madre o figura de apego para poder sentirse seguros. Ya que este instinto está relacionado directamente con el instinto de supervivencia innato de la especie. Por tanto, el saber que va a despertar solo o separado de esta figura de apego, puede interferir en su sueño.

Desarrollarse mental y emocionalmente:
Desde el nacimiento (incluso desde el vientre materno), nuestro cerebro desarrolla conexiones a través de estímulos que recibe, encargadas de desarrollar y formar una mente como la conocemos hoy en día. Un recién nacido capta la mayor parte de estos estímulos durante el sueño y, en especial, en su fase REM larga donde nuestro celebro está más activo.

Todos los bebés transitan por ciclos de sueño superficial y profundo durante una misma noche y es en estos ciclos superficiales en los que será más propenso a despertarse. Al igual que cualquier persona adulta se despierta, un bebé también lo hace. La diferencia es que la persona adulta sabe incorporarse y darse la vuelta para poder volver a conciliar el sueño, y el bebé necesita de la ayuda de alguien para hacerlo.

Madurar:
Nuestro bebé recién nacido es un ser muy inmaduro y necesita de los cuidados de otros para sobrevivir, por lo tanto, es vital para ellos estar allí siempre que lo necesiten (incluido durante el sueño) a cada momento.

Tenemos que tener en cuenta que hasta los 6 años, la capacidad de dormir más horas irá relacionado con la capacidad de dominar la ansiedad (por los cambios externos propios de la edad) y la maduración del niño (el desarrollo general del niño y su capacidad de percepción puede variar en cada niño).

En conclusión, ante la duda de qué hacer, la respuesta es NADA, mejor no alterar la evolución natural del sueño. La realidad es que debemos asumir que tener un bebé, casi siempre, implica dormir poco, sobre todo los dos primeros meses. Esto no quiere decir que tiremos la toalla y nos resignemos a no dormir más, existen grandes profesionales en el sueño infantil, que nos van a poder asesorar y ayudar a manejar la situación si realmente lo requiere.

Sira Bellot
Consultora en Maternidad y Paternidad
www.babyplannerbarcelona.com
T. +34 93.275.31.82

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