El disfraz: un juego lleno de ventajas

El disfraz: un juego lleno de ventajas

Vampiro, bruja, villano, calabaza… ¿Qué disfraz preferís? A los niños, y no tan niños, les encanta disfrazarse, y si lo podemos hacer en compañía de amigos y familiares, mejor que mejor. Aprovecha fechas como Halloween para organizar fiestas, porque aunque es cierto que nos puede dar trabajo y algún que otro quebradero de cabeza, realmente desconocemos los beneficios que este tipo de actividad puede aportar a nuestros hijos, que son muchos.

Vestirse o imitar a otras personas, aprender a identificar sus miedos y reírse de ellos mismos puede ser mucho más positivo para su desarrollo de lo que creemos.

Si se disfrazan, por ejemplo, de cualquier personaje de terror, podemos aprovechar la oportunidad para que aprendan algo acerca de él y así puedan meterse más en su papel. Con este juego observarás cómo los niños desarrollan su propia identidad y personalidad, pues los disfraces son excelentes para promover las experiencias, emociones y fantasías y ayudan a que los niños se desinhiban y pierdan la vergüenza, con lo que adquieren la sana capacidad de reírse de sí mismos.

En Sapos y Princesas conocemos muy bien todas las ventajas que disfrazarse puede aportar, y es por ello que, junto a El Corte Inglés, os ayudamos a escoger el disfraz más adecuado para vuestros hijos en función de su edad.

De los 1 a los 3 años

No hay nada mejor que una buena fiesta de disfraces, como la de Halloween, para que aprendan a relacionarse con otros niños, sin vergüenzas ni reparos, y para estrechar vínculos familiares a través del juego, la fantasía y la risa. Ellos nos verán y nos conocerán en nuestra faceta más divertida y eso les creará un recuerdo imborrable y muy valioso.

A estas edades un disfraz puede ser una herramienta muy valiosa para aprender a diferenciar entre el mundo imaginario y la realidad. Personajes de cuento o películas que conozcan, e incluso que teman, para restarles importancia con el objetivo de minimizar sus miedos.

También les ayuda a ejercitar la coordinación psicomotriz, pues los disfraces invitan a los niños a moverse por el espacio imitando el personaje que recrea su disfraz. Es importantísimo que a estas edades escojas disfraces cómodos que les permita moverse con soltura y que sean fáciles de poner y quitar. No abuses de los complementos a estas edades, les cuesta llevarlos, les pueden resultar incómodos y, al final, los acaban perdiendo.

De los 4 a los 6 años

En esta etapa observarás cómo ellos mismos serán quienes te pidan el disfraz que quieran, y será, normalmente de los personajes malvados con los que estén familiarizados a diario de sus cuentos, dibujos animados o películas favoritas. Su elección le puede ser muy útil para aprender a ridiculizar sus propios temores y a reírse de ellos.

Deja que sean ellos mismos quienes tomen sus propias decisiones en cuanto a su disfraz o su maquillaje, no pongas límites a su imaginación. Seguro que les gustará aún más si les permitimos que aporten su toque personal a su original conjunto.

Disfrazados de su personaje favorito, te sorprenderá la naturalidad con la que, incluso los más tímidos, se relacionarán con otros niños inventando juegos e historias relacionados con sus respectivos disfraces y olvidándose de la vergüenza.

A partir de los cuatro años, tendrás que medir su capacidad de autonomía para poner y quitarse su propio disfraz a la hora de elegirlo. Ahora sí ha llegado el momento de empezar a tunear el disfraz con complementos y maquillaje que lucirán muy orgullosos y les ayudarán en sus propios juegos.

A partir de los 7 años

A partir de los siete años suelen elegir disfraces y complementos mucho más aterradores y tienen un sentido del gusto estético más desarrollado, con lo que suelen querer que todo encaje a la perfección. Además, durante esta etapa en la que ya se encuentran en cursos más avanzados en el colegio, es posible que quieran disfrazarse en grupo con lo que serán bastante exigentes con su elección y los complementos cobrarán aún más importancia que en la etapa anterior.

Si un disfraz individual ya de por sí consigue que se olviden de su timidez, imagínate lo que puede llegar a hacer uno en grupo. Estar acompañados les ayudará a desinhibirse y actuarán como auténticos zombies, brujas o monstruos, con lo que potenciarán sus habilidades de dramatización y fomentarán la expresión artística.

Pero aún nos falta algo para que la fiesta sea completa: ¡las chuches! Acompáñales en su paseo por el vecindario y al grito de ‘¿truco o trato?’, dejad a vuestros familiares y amigos sin una triste chocolatina. Eso sí, consumidlas de forma moderada.

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