Retos de los padres hoy en día

El día 20 de noviembre se celebra el Día Internacional de los Derechos del Niño. Esta fecha nos recuerda que los niños tienen derechos, entre ellos, la educación. Gestionando hijos es un evento que se celebrará el 11 de diciembre. El proyecto pretende ayudar a los padres y madres a ser mejores en esta tarea porque hoy en día se plantean nuevos desafíos que debemos conocer.

Para ello, hemos preguntado a los ponentes: “¿Qué grandes retos consideran que tienen los padres y madres hoy en día”. A esta cuestión, han respondido lo siguiente:

El mayor reto es ayudar a su hijo a descubrir y desarrollar su potencial. Esto se logra educándole para ser autónomo en todos los ámbitos de la vida, enseñándole a afrontarla y compartirla con personas con criterios semejantes y diferentes.

Maite Vallet, pedagoga, formadora de padres, madres y profesores.

Trasmitir unos valores, para una sociedad acelerada, a veces individualista, profundamente capitalista y que pone mucho la vista en la felicidad. Fortalecerlos para manejar inteligente y equilibradamente su existencia.

Javier Urra, pedagogo terapeuta y primer defensor del menor.

Aprender el lenguaje del corazón. Adoptar nuevas formas de comunicación que traspasen la epidermis, que tengan la calidez y la belleza necesaria para resonar a un nivel profundo. El lenguaje del corazón se reconoce porque, como la poesía, la música o las artes, acaricia el alma de nuestros hijos, activa su potencial, expande sus horizontes y posibilidades, da alas a sus sueños y les impulsa a hacer algo positivo con su vida y para la vida.

Hacerles aptos para la vida, no sobreprotegerles ni esforzarnos en hacerles la vida fácil y cómoda. Tampoco hay que ponerles dificultades adicionales. Pero sí permitir que experimenten emociones ingratas –como la tristeza, la rabia, la frustración…-, así como que se equivoquen, tropiecen y caigan –cuando no peligra su vida-, porque solo así desarrollarán recursos personales para enfrentar las dificultades. Solamente quién cae aprende a levantarse. Tristezas y tropiezos son inevitables y pueden ser grandes maestros. Hay cosas que sólo se aprenden perdiendo o cayendo, y hay pérdidas y caídas que suponen impagables lecciones de humanidad, fortaleza, humildad y  madurez. Como dice aforismo, prepararemos a nuestros hijos para el camino y no el camino para nuestros hijos.

Mostrar agradecimiento hacia el pasado y hacia nuestros mayores y confianza hacia nuestros hijos y hacia el futuro. Agradecer a nuestros padres, abuelos y maestros lo que fue bueno, grato y positivo de la educación que nos dieron y reconocer que lo que no lo fue también cumplió su función y desde una mirada adulta y serena podemos extraer alguna lectura positiva. Cuanto menos, la de verlos en dimensión real de seres humanos y desde nuestras propias circunstancias, limitaciones y equivocaciones comprender y desdramatizar la suyas. A los padres les digo a menudo esta frase: Sonríe a tus padres desde tu corazón y te sonreirán tus hijos desde el suyo.

Eva Bach, pedagoga, conferenciante y profesora. 

Saber gestionar aquello que se conoce como la Inteligencia Ejecutiva. La inteligencia que controla a las otras, a nuestras emociones, los deseos y las expectativas. Saber decir “no” por uno mismo y reconocer que el esfuerzo y la frustración son la antesala de la recompensa y el éxito. Los padres y madres somos los garantes de la consolidación de esa inteligencia ejecutiva y de la creación de los hábitos necesarios para llegar a estructurarla en nuestros hijos.

David Cuadrado, Socio Fundador y Director de VIVENTIA y coordinador pedagógico del ICDL. 

Quizás uno de los grandes retos sea educar a los hijos mirando a una sociedad cada vez más abierta, más diversa, más compleja, donde las relaciones humanas, si cabe gracias a la tecnología, tienen cada vez más importancia, donde los hijos sepan disfrutar de sus aciertos y relativizar sus fracasos, sintiéndose únicos , diferentes y especiales y desde la empatía y el cariño puedan cultivar y desarrollar valores como el compromiso, la responsabilidad con uno mismo y con los demás, la solidaridad, la salud, el amor, el respeto hacia lo diferente, etc, ayudándoles a interiorizar ciertas normas sociales y límites con el fin de que las consecuencias de sus acciones sean positivas y beneficiosas para ellos y sus decisiones sean a su vez más libres e inteligentes.

Antonio Tobalina, autor de ¿La noche es tuya?

Para mí uno de los grandes retos y responsabilidades que tenemos los padres hoy es ayudar y contribuir a que nuestros hijos tengan un proyecto vital basado en la calidad y no en la cantidad. Hemos construido a nuestro alrededor un mundo artificial que, lejos de conducirnos a la felicidad, nos guía más bien por el camino de la insatisfacción permanente y la angustia, que nos mantiene atrapados en la urgencia, las aspiraciones materiales, las obligaciones y las mal entendidas responsabilidades… Lo más importante que tenemos que aprender es a buscar la calidad de la vida, y ésta nada tiene que ver con poseer cosas. El tener no es sinónimo del ser. El verdadero poder generador de bienestar radica en cosas muy básicas, en las cosas más sencillas y cotidianas, en cuestiones más relativas a cómo somos y cómo enfocamos la vida: desde la simplificación, el agradecimiento o la capacidad de elección… que con las cosas materiales que tenemos o somos capaces de acumular.

¿Y qué podemos hacer para ayudar a nuestros hijos a cultivar esa calidad de vida y ese bienestar? Podemos darles tres facilitadores fundamentales: ilusión, responsabilidad y capacidad de elección.

Nuestro grado de felicidad y de bienestar está relacionado con la capacidad para construir nuestro propio destino, aceptando aquello que no podemos cambiar y eligiendo conscientemente aquello en lo que sí vamos a tener margen de actuación. La aceptación es una herramienta básica para la vida porque nos otorga la capacidad de seguir disfrutando de los aspectos positivos que nos quedan, de aquellos nuevos que nos llegan y de todo lo que la vida va a seguir creando para nosotros. El secreto, por tanto, está en intentar enseñar a nuestros hijos a llevar el timón de su vida… que sean capaces de decidir cómo van a pilotar las cosas que les va a tocar vivir, eligiendo la aceptación y la visión positiva. Y ayudarles también a descubrir su pasión, invitarles a dedicarse a ello. El entusiasmo es el motor que impulsa a la acción y que nos inyecta de confianza. Cuando alguien siente pasión por lo que hace, le invade un entusiasmo vigoroso que despierta su capacidad de acción y de esfuerzo. La acción es absolutamente necesaria. No basta con soñar y querer, sino que lo más importante para ver sus metas convertidas en realidad es hacer. Y el valor de la perseverancia (el esfuerzo mantenido en el tiempo) es otro aspecto crucial para conseguir una vida plena. Porque cualquier objetivo que se propongan en la vida va a requerir de esfuerzo…

Fernando Botella, CEO de Think&Action y autor de libros como La fuerza de la ilusión o Atrévete, y del blog titulado “El blog de Fernando Botella”

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