Sois los mejores padres del mundo y lo sabéis

En estas fechas tan próximas a Navidad queremos compartir con vosotros una carta que nos ha enviado una mamá a la que hace justo un año a su hijo le diagnosticaron una leucemia. Han pasado doce meses y muchas cosas buenas y malas por el camino de esta familia, pero ella, Susana, se queda con las buenas. Estamos seguros de que los que tengáis algún hijo enfermo en este momento, agradeceréis este mensaje generoso, positivo y tranquilizador fruto de una experiencia real.

La vida está llena de sorpresas, casi siempre buenas, aunque no nos paramos a disfrutarlas. Otras veces, en cambio, la vida te depara sorpresas tan terribles como que tu hijo caiga gravemente enfermo.

Si te sucedió como a mí, seguro que al principio sentiste un vértigo terrible, como si la tierra se hundiera bajo tus pies.  Nunca, jamás en la vida, habrás experimentado un miedo igual.  Pero sí sabes una cosa, y es que quieres a tu hijo como a nada en el mundo ¿a que sí?…  Pues gracias a  ese amor que sientes, y porque eres sorprendente, serás capaz de afrontar la situación con una entereza increíble.  Es más, te convertirás en la persona más sonriente, más paciente y más comprensiva que hayas conocido jamás. Y ¿sabes lo mejor?… que eso ya estaba dentro de ti esperando a salir.

Tu hijo necesita verte sereno y sonriente, piensa que tu estado le influye mucho y, aunque parezca increíble, puedes, siempre has podido.  Eres muy fuerte y tú mismo vas a sorprenderte. Descubrirás que también eres generoso pues te encontrarás tranquilizando a otros y manteniendo la serenidad.  Será un camino largo, con algunas penas y muchas glorias.  Cada segundo que pases con tu hijo te unirá a él de una manera especial.  Hazlo con alegría y generosidad y disfruta de los resultados.  Habrá veces que necesites desahogarte, hazlo.  Llora, canta, sal a correr, come una tarta de chocolate… apóyate en amigos, familiares, en los profesionales del hospital, en los voluntarios, y no olvides que hay asociaciones que te pueden guiar.

Responde a tu hijo, y a sus hermanos, todas sus preguntas y dudas. Ten presente que el miedo es libre y muy poderoso. Aunque te parezcan extrañas sus preguntas recuerda que no sabe formularlas como lo harías tú y que quizás esté verbalizando un temor; lo que a ti puede parecerte una tontería para él es algo que realmente le atemoriza.  Contesta con sinceridad y ofreciéndole algo sobre lo que depositar su esperanza. Deja que te pregunten todo lo que quieran, que se sientan libres para expresar sus sentimientos. El miedo es muy poderoso, y paraliza, no seas tú el motivo por el que a tu hijo le pase.

No te olvides de los hermanos, aunque no están enfermos son parte de la familia. Ellos también tienen miedo, están preocupados y te echan de menos. Sé comprensivo con ellos, no les pidas que asuman una responsabilidad que no les corresponde.  No les regañes si intentan llamar tu atención, tómate un tiempo, siéntate con ellos, primero escucha todo lo que te tengan que decir, luego diles que les comprendes y que les quieres, a continuación, explícales de nuevo la situación y que necesitas su ayuda, porque ellos son una parte muy importante de la familia.

Eres la/el mejor madre/padre del mundo, y lo sabes.

Lo estás haciendo muy bien.

Tu hijo es muy afortunado por tenerte.

También te puede interesar:

¿Qué opinas? Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *