¿Se pueden evitar los conflictos entre los hijos?

La convivencia entre los hermanos no siempre puede ser perfecta. Llevarse bien es difícil incluso para los padres. Una buena convivencia requiere, además de amor y cariño, de grandes dosis de comprensión, generosidad y respeto mutuo. Por ello sería mucho pedir a los niños que desde pequeños congenien bien, jueguen durante ratos prolongados, sepan compartir, o acepten perder de buen grado. También sería mucho pedir que sepan defenderse o protestar con educación cuando los molestan sus hermanos. Aprender a convivir es un proceso largo que comienza el primer año de vida del niño y requiere que los padres comprendan que su misión es precisamente enseñarles cómo hacerlo.

La tendencia natural de los padres cuando presencian las primeras peleas entre sus hijos es reaccionar con preocupación, adivinar qué ha pasado, reñir o castigar al aparente culpable, y defender y consolar a la aparente víctima. Esa respuesta puede funcionar cuando se trata de niños pequeños o cuando los padres han presenciado el conflicto, pero la realidad es que en muchas ocasiones los padres no saben exactamente lo que ha pasado, y conforme los niños van creciendo las peleas suelen ser menos claras. Cuando los padres se acostumbran a resolver las cosas a su manera, el problema es que no se da a los niños la oportunidad de aprender a resolver conflictos. Otro problema es que los padres a veces se equivocan y etiquetan a los niños injustamente (uno de víctima y otro de culpable), lo cual genera entre los hermanos envidias y rivalidades. Siempre hay que tener presente que independientemente de lo que haya pasado, cuando los hermanos se enfadan todos quisieran que sus padres los comprendan a ellos y se pongan de su parte.

Los padres deben aceptar que es normal que haya conflictos entre hermanos y deben tener preparado un plan de acción para responder con calma cuando ocurran. La primera parte del plan consiste en escribir en un cartel las reglas de convivencia entre hermanos que desean implementar. Las reglas son una herramienta muy útil porque dan la oportunidad a los padres de que definan bien sus expectativas y que las puedan explicar con claridad a sus hijos de antemano.

Las reglas de convivencia entre hermanos pueden variar en cada familia de acuerdo a la edad de los hijos y a los conflictos que sean más frecuentes pero en general pueden ser algo parecido a esto:

  • Es aceptable enfadarse con los hermanos o no estar de acuerdo en algo pero hay que expresarlo con cuidado. No es aceptable hablarse o tratarse sin respeto.
  •  Los hermanos deben tratar de resolver sus conflictos ente ellos sin que los oigan los padres. No es aceptable cuando la riña llega a oído de los padres.
  • En una discusión normalmente hay algo de razón y algo de culpa por las dos partes. No es aceptable acusar al hermano con los padres.
  • En ningún caso es aceptable pegar o agredir a un hermano.

Cuanto los hijos infrinjan alguna de esas reglas de convivencia los padres sólo tienen que recordarles brevemente qué regla se han saltado y separarlos por el tiempo que consideren conveniente, mandándolos a que jueguen en cuartos diferentes. El acto de separarlos no se plantea tanto como un castigo por algo que han hecho mal, sino un límite, una forma de demostrarles que la convivencia en ese momento es ya inaceptable para sus padres. La clave es intervenir consistentemente antes de que el problema escale. Después de dejar enfriar las cosas por un rato, normalmente los niños olvidan el tema y pronto estarán listos para volver a estar juntos. En el caso de que alguno de los niños agreda a otro, además de separarlos, los padres tendrán que darle una consecuencia adicional para dejar claro que eso es totalmente inaceptable.

Cuando el conflicto está empezando a escalar y siempre que los padres tengan el tiempo para ello, es recomendable que pidan a los hijos que expliquen su versión del conflicto delante de todos, sin que los padres tomen partido por nadie, o emitan ningún juicio. En este punto los padres deben motivar y ayudar a los hijos para que encuentren una solución al conflicto y si están todos conformes darles la opción de seguir jugando juntos.

A base de buena dirección y de algunos disgustos, los niños van aprendiendo que es normal enfadarse de vez en cuando, que a veces se deben poner límites a los hermanos, y que los conflictos se deben resolver de forma pacífica y constructiva porque nada se gana de lo contrario. Es importante que los padres se mantengan imparciales porque aunque a simple vista pueda parecer injusto, a la larga evitarán rivalidades entre los niños. Cuando los padres son parciales el hijo que se mete en más en problemas va a pensar que el padre está siempre contra él y el hijo más débil se va a hacer dependiente del apoyo de los padres y no se acostumbrará a defenderse a sí mismo. Cuando los padres no tienen tiempo o calma para guiarlos de esta manera, en vez de resolver el conflicto unilateralmente, es mejor limitarse a separarlos.

Los padres no deben de ver las peleas entre los hijos como un problema, sino como una oportunidad para enseñarles a convivir dentro de las pautas previamente establecidas. Aunque no pueden evitar que haya ciertos conflictos, los padres pueden evitar que sus hijos crezcan sin aprender a resolver conflictos y con rivalidades innecesarias.

Por Pepa Rivero de Wenrich, fundadora de Parent Coach Miami

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