Que tus hijos no sean maltratadores ni víctimas depende de ti

Que tus hijos no sean maltratadores ni víctimas depende de ti

La violencia de género, en todas sus formas, es una realidad innegable. Aunque avanzamos hacia una sociedad más igualitaria, resulta vergonzoso que en pleno siglo XXI el machismo siga presente en diferentes aspectos de nuestra sociedad. Y no sólo se da entre los adultos, sino también entre los niños y adolescentes. Hace tan solo algunos días, conocíamos la noticia de una supuesta violación de una menor por un adolescente en Ferrol. Un hecho totalmente abominable y preocupante que nos lleva a hacernos la siguiente pregunta: ¿cómo podemos educar a nuestros hijos para que nunca sean maltratadores ni víctimas?

“La socialización preventiva de violencia de género a través de la educación, consideramos que debe ser la estrategia fundamental para combatir esta lacra social desde todos los ámbitos, tanto públicos como privados”, afirma la Dra. Tatiana Íñiguez Berrozpe, Profesora de Sociología en la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza, consultada por Sapos y Princesas. 

La violencia de género entre niños y adolescentes

Según un estudio del Centro Reina Sofía sobre Jóvenes y Género afirma que una de cada tres parejas de menores pueden presentar conductas violentas. Las más comunes son el control ejercido por el chico hacia su pareja, el aislamiento de las amistades, el insulto, la amenaza, y la ridiculización, encontrándose entre un 10 y un 30% de las parejas de 12 a 24 años ‘a veces’, ‘a menudo’ o ‘muchas veces’, “lo cual es gravísimo“, sentencia Tatiana Íniguez. “Y este tipo de conductas, se asientan en creencias de los jóvenes a nivel afectivo-sexual. En este mismo estudio comprobamos que, por ejemplo, un 16% de los chicos de estas edades consideran que ‘decir que no vale nada a tu pareja’ o ‘hacerle sentir miedo’ no es maltrato, considerando además, en uno de cada 10 casos, que “el chico agresivo es más atractivo”.

Una de cada 3 parejas de menores y jóvenes (de 12 a 24 años) pueden presentar este tipo de conductas violentas.

Una lacra social que no entiende de edades, ni condición socioeconómica. “Las investigaciones a nivel nacional e internacional demuestran que estas creencias y conductas violentas pueden darse en absolutamente cualquier contexto. Antes se hablaba de ‘violencia doméstica’, debido a que sólo se consideraba a aquella que se daba en el seno del hogar entre miembros de una pareja adulta. Hoy en día el término ‘violencia de género’ se emplea en mayor medida porque abarca una realidad mucho más amplia. Se ha demostrado que estas agresiones se dan entre personas de distintas edades, por supuesto también menores, en parejas estables o esporádicas, y en cualquier tipo de contexto socioeconómico o cultural. De ahí la necesidad de establecer herramientas de prevención que abarquen cualquier ámbito”.

“Es esencial transmitir en el hogar actitudes igualitarias y de respeto, pero, además, una reflexión sobre los modelos afectivo-sexuales”.

La educación en igualdad es una herramienta que debe usarse desde la infancia. “La idea máxime debe ser violencia cero desde los cero años”, afirma la Dra. Íñiguez, “es decir, trabajar este tema desde la primera infancia a través de las interacciones que mantenemos con los niños y niñas en los distintos espacios en los que se socializan”, tanto en el entorno familiar como en el aula. 

“La violencia en general, y la violencia de género en particular, son multicausales, si bien la socialización es el elemento fundamental para comprender sus causas e incidencia y, consecuentemente, prevenirla. En este sentido, si el niño/a o el/la adolescente se socializa a través de sus interacciones en roles de género tradicionales por un lado, en los cuales el dominio del hombre es incuestionable, y en un tipo de modelo de relación afectiva negativa, en la que este tipo de dominio o control se considere aceptado en la pareja, hay un riesgo mayor de incurrir en situaciones violentas“.

La educación en valores y afectivo-sexual, fundamentales para erradicar la violencia

Algo fundamental, explica Tatiana Íniguez, es llevar a cabo la idea de violencia cero desde los cero años: “Debemos intentar no permitir cualquier tipo de agresión sexista, por muy inocente que nos parezca. En ocasiones a los niños se les permiten ciertas actitudes de ofensa a las niñas, por el simple hecho de que son menores y son cosas de niñosLa tolerancia cero debe estar también en estas conductas, empleando el diálogo para ello”.

“En ocasiones a los niños se les permiten ciertas actitudes de ofensa a las niñas, por el simple hecho de que son menores y son cosas de niños.

Para Tatiana Íñiguez, la socialización primaria, es decir, la que se produce en el seno familiar, “es fundamental para la educación en valores”, lo que nos llevará hacia “unas relaciones afectivas que promuevan actitudes igualitarias, de respeto y tolerancia. Las interacciones que mantenemos con ellos y ellas y las que perciben en la familia serán la base del modelo de relación afectiva que desarrollen. Debido a ello es esencial transmitir en el hogar actitudes igualitarias y de respeto, pero, además, una reflexión sobre los modelos afectivo-sexuales que ellos pueden percibir en cualquier entorno (en el hogar, la escuela o los medios de comunicación). En esta estrategia, el diálogo sobre estas cuestiones se torna esencial para favorecer una actitud crítica de los menores hacia modelos tradicionales que puedan llevar a relaciones violentas, y promover un tipo de relaciones transformadoras en pro de valores basados en el amor, la amistad y la igualdad”.

Igualmente necesaria para evitar la violencia de género y el acoso sexual cuando son mayores es la educación afectivo-sexual.En muchas ocasiones los niños y niñas, especialmente llegando a la adolescencia, están expuestos a unos tipos de modelos de atracción y relación basados en actitudes de dominio y conductas controladoras y agresivas. Sólo hay que analizar libros o películas como ‘A 3 metros sobre el cielo’, programas de TV como ‘Hombres, mujeres y viceversa’, o muchas de las canciones de reggaetón. (…) Se transmite un tipo de relaciones entre los jóvenes basado en la falta de respeto, el control excesivo, o las actitudes de dominio, que no son otra cosa que distintas formas de violencia“. Tatiana Íñiguez se refiere, en este sentido, a los tipos de modelo de atracción que en ocasiones se fomentan desde los espacios de socialización de los menores, como el chico macarra y algo agresivo que instrumentaliza a la chica. “Ante esta realidad, el diálogo con el menor es una estrategia que puede permitirle reflexionar de manera crítica sobre estos modelos y situaciones”.

“Pese a que hemos avanzado mucho en temas de igualdad, seguimos asumiendo creencias que, por ejemplo, asocian amor y atracción con violencia, o normalizan actitudes agresivas”.

Otro aspecto primordial en la educación de los menores (en especial en las niñas) es enseñarles a poner límites y respetar su intimidad, algo para lo que, como no podía ser de otra manera, “el diálogo es fundamental. Pero no un diálogo basado en actitudes jerárquicas en las cuales el padre, la madre o el docente, impone su criterio por la posición que ocupa en la estructura familiar o del aula, sino un diálogo en el que cada persona pueda exponer sus argumentos en términos de igualdad. En el caso de las niñas el diálogo reflexivo que podemos establecer con ellas puede ir en la línea de reconocer qué tipo interacciones mantienen con sus iguales, qué modelos afectivos tienen y cómo éstos se presentan en su día a día. Así como respetarse a ellas mismas y verse empoderadas en su condición de mujer”.

Pero no solo las niñas deben recibir apoyo social, sino que también debe producirse “el empoderamiento de los niños que, perteneciendo a lo que se denomina como modelo de masculinidad alternativa, son respetuosos, amigables y tratan bien a sus amistades, sean niños o niñas. Muchas veces este tipo de niños quedan en un segundo plano en favor de otros chicos que representan modelos más tradicionales. El valorar a estos niños y hacer que el resto de menores los aprecien también puede ir a favor de amistades y futuras relaciones mucho más positivas“.

Redes sociales y nuevas tecnologías: nuevas vías para la violencia tradicional

Además, en esta nueva era gobernada por las nuevas tecnologías “la violencia, persistiendo en sus formas tradicionales, ha encontrado nuevas vías, fundamentalmente debido a las nuevas tecnologías y el acceso que éstas propician a los menores a las Redes Sociales (…) Indudablemente Internet y las Redes Sociales han facilitado que la violencia entre menores no sólo ocurra en los espacios públicos (el aula, el patio, espacios de ocio), sino que pueda acceder también al ámbito privado. Un niño o una niña en su habitación puede estar sufriendo de ciberacoso, trasladándose también al hogar las agresiones que sufre en otros espacios, no encontrando, así, refugio en ningún lugar. Además, las Redes Sociales posibilitan un tipo de agresión que, normalmente, queda más impune y que, incluso, puede darse de manera anónima, por lo que es más difícil de detectar”.

Aunque, advierte, que no por ello debemos demonizar internet o el resto de medios de comunicación, ya que pueden convertirse también en redes de apoyo para las víctimas de acoso sexual o violencia de género. “Prueba de ello es la experiencia de los ciber-vigilantes o ciber-ayudantes, experiencia que se da ya en muchos centros educativos, donde algunos menores voluntarios prestan su ayuda a otros y otras jóvenes si éstos se encuentran en situaciones de este tipo.”

Las conductas violentas más comunes son el control ejercido por el chico hacia su pareja, el aislamiento de las amistades, el insulto, la amenaza, y la ridiculización.

Para Tatiana Íñiguez, es indudable que la sociedad en general y la española en particular ha avanzado enormemente en los último años hacia un modelo más igualitario y menos patriarcal, algo que se refleja tanto en el aula como en casa, aunque todavía queda mucho trabajo en este sentido: “seguimos asumiendo creencias que, por ejemplo, asocian amor y atracción con violencia, o normalizan actitudes agresivas. En nuestra investigación nos hemos encontrado en muchas ocasiones con niños y niñas de 12-13 años que justificaban actitudes de control y violencia como muestra de amor. En este sentido, lo que considero que falla es, como en muchas otras cuestiones, la educación. Y no me refiero sólo a la que se da en las aulas. Las familias, los educadores y la sociedad en general deben aliarse ante el objetivo común de educar en igualdad y en pro de unas relaciones afectivas sanas y satisfactorias basadas en el amor y no en la violencia”, aunque, afirma cada vez hay más acciones educativas en ambos ámbitos en pro de la igualdad. (…) “Las familias, los educadores y la sociedad en general deben aliarse ante el objetivo común de educar en igualdad y en pro de unas relaciones afectivas sanas y satisfactorias basadas en el amor y no en la violencia”.

Por Miriam Hernández

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