Qué rol nos corresponde a cada uno en la familia y cómo asumirlo

Eva Bach, maestra, orientadora, especialista en desarrollo personal e inteligencia emocional y escritora, ha participado como ponente en numerosas conferencias organizadas por Gestionando Hijos. El pasado 7 de mayo en Barcelona, habló sobre los roles de familia, tema que hemos querido recuperar para los lectores de Sapos y Princesas.

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Eva Bach en Gestionando Hijos en Barcelona

SYP: ¿Es importante que cada uno ocupe un lugar o posición distinta en la familia? ¿Se deben ir alternando?

EB: En la familia cada uno tenemos un lugar distinto, único y especial, y es importante que a cada uno se nos reconozca ese lugar, que nadie quede excluido o marginado ni sea menospreciado o se le haga de menos. Que se reconozca con el mismo respeto y cariño al padre, a la madre, a cada uno de los hijos (en el orden que les corresponde), a los abuelos de una parte y de otra… Por otro lado, cada lugar comporta unas funciones, tareas y responsabilidades propias. Los derechos humanos son los mismos para todos, pero las necesidades son distintas y esto conlleva derechos y deberes también distintos.

Los lugares y determinadas funciones no se pueden alternar. El propio código civil establece en sus artículos 154 y 155 funciones y obligaciones distintas para padres e hijos. Una de las funciones que establece el 154 para los padres es “velar por los hijos, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral”. Es evidente que esto es tarea de los padres hacia los hijos y no de los hijos hacia los padres, no se puede invertir. Por su parte el 155 dice que “Los hijos deben obedecer a los padres mientras permanezcan bajo su potestad, y respetarles siempre”. Me gusta más respetar que obedecer y esto sí tiene que ser recíproco, también los padres debemos respetar a los hijos.

SYP: ¿Cuál es la posición ideal para ser un buen referente?

EB: Ser maduros o competentes emocionalmente. Nuestro lugar como padres o madres nos corresponde biológicamente, socialmente y jerárquicamente, pero tenemos que apropiarnos de él emocionalmente. Sin madurez emocional difícilmente podremos situarnos en nuestro lugar y realizar adecuadamente las tareas que nos corresponden como padres y madres.

Sin madurez emocional, los padres y madres nos dejamos arrastrar por nuestras emociones no resueltas. En lugar de regirnos por criterios educativos razonables y razonados, nos regimos por nuestros miedos, frustraciones y heridas abiertas.

SYP: En una de tus ponencias hablabas de la usurpación de un lugar, ¿en qué casos eso puede generar una desestructura familiar?

EB: En todos los casos, las usurpaciones de lugar conllevan algún tipo de desorden o de desestructura familiar que puede que a corto plazo compense alguna carencia, pero a la larga casi siempre tiene consecuencias perjudiciales para un buen crecimiento y unas relaciones sanas.

En mi ponencia en Barcelona, en mayo pasado, hablé de los padres o madres que se sitúan por encima del otro progenitor, que se creen mejor que el otro y lo anulan, lo invalidan o lo descalifican. Le niegan o no le reconocen el lugar. Esto a veces se hace de manera explícita y evidente, con expresiones del tipo: “Qué va a saber tu padre”, “Menudo, tu padre”, “Ni caso de lo que te dice tu padre”…

Otro desorden en los roles familiares es el de los padres que utilizan a los hijos como soporte emocional. Igual que son los padres los que tienen que proporcionar alimento físico a los hijos y no al revés, también son los padres los que tienen que alimentar o sostener emocionalmente a los hijos y no al revés.  En algunas familias y situaciones, se produce una inversión de funciones y en lugar de ser los padres los que cuidan emocionalmente a los hijos, son los hijos los que cuidan de los padres.

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