Pretender ser madres perfectas es nocivo para nuestra salud

Ser madre no implica ser perfecta. Sin embargo, continúan los cánones sociales que asocian la maternidad con una conducta impecable en la que no tienen cabida las imperfecciones, los despistes e incluso el tiempo libre para nosotras.

Yolanda Bernárdez, Psicóloga Clínica y especialista en Perspectiva de Género e Igualdad de Oportunidades entre hombres y mujeres afirma que “todos vivimos en una cúpula patriarcal en la que responder al modelo de ser madre o ser mujer nos dificulta el sentirnos bien. Los varones lo tienen más fácil, se pueden sentir bien si no les da tiempo a todo. Hemos interiorizado modelos de lo que significa ser ‘buen padre’ o ‘buena madre’ y la sociedad no nos trata por igual a ambos”. Bernárdez nos da algunas claves para romper con el estereotipo de ‘madre perfecta’:

  • Es nocivo para nuestra salud intentar llegar a todo. Principalmente, debemos desligarnos de las expectativas o exigencias de los demás. Eso es lo que dificulta que nos organicemos, es un gran condicionamiento. Debemos tener claro que el problema es lo que desde fuera recae sobre nosotras.
  • Otra clave es que los padres asuman sus responsabilidades, para no tener una carga suplementaria.
  • Debemos hacer pausas en la vida cotidiana y pensar en nosotras mismas, hacer una mirada hacia nuestro interior, hacer un chequeo y preguntarnos: “¿qué puedo hacer por mí?”. No vivir en automático.
  • Algo esencial es enseñar un modelo diferente de ser mujer a los hijos y a las hijas. Aunque un niño pueda estar acostumbrado a ciertas tareas, debemos hacerle ver que él también puede realizar cualquier tarea doméstica y que éstas son también su responsabilidad. Un niño o una niña tienen que aprender la importancia de que su madre tenga su propio espacio para leer, para escribir, pintar… cuando normalmente ellos ven ese espacio en sus padres.

Asimismo, debemos intentar que nuestros hijos no interioricen micromachismos que vemos día a día en nuestra sociedad, reflejados en el cine, la televisión y la literatura:

Lenguaje sexista, por ejemplo, llamando ‘nenaza’ a un niño con la intención de insultarle. Debe haber tolerancia cero para que no lo normalicen o acepten socialmente.

Fotografías o imágenes donde se cosifica el cuerpo de la mujer. La hipersexualización es una realidad en nuestra sociedad.

– En la adolescencia está siendo muy preocupante el uso del término ‘feminazi’ cuando una chica dice que no a encuentros sexuales y/o reivindica su derecho a decir que no.

– La ignorancia de creer que lo contrario del machismo es el feminismo a menudo contribuye a perpetuar la discriminación de las mujeres.

– El problema con los juguetes sexistas no es solo que contribuyan a perpetuar los roles tradicionales asignados a los sexos, sino que estos roles nos ubican a las mujeres en espacios con menos valor.

Anais Nin (1903-1977), escritora estadounidense, decía “me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria[…] No me adaptaré a mi mundo, me adaptaré a mí misma”, negándose decisivamente a ser lo que se esperaba de ella como mujer.

También te puede interesar:

¿Qué opinas? Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *