Niñas seguras, futuras mujeres fuertes

Desde 1911 celebramos el Día Internacional de la Mujer, también llamado Día Internacional de la Mujer Trabajadora. En Sapos y Princesas sabemos que seguir avanzando en la tan ansiada igualdad social y laboral de ambos géneros no es posible si no asumimos nuestra responsabilidad como padres de educar a nuestros hijos e hijas en la paridad. Cada 8 de marzo conmemoramos a todas las generaciones de mujeres que han luchado y luchan por su igualdad tanto en la participación social como en su desarrollo integral como personas.Una lucha diaria, de la que aún queda un largo camino y de la que debemos ser partícipes toda la sociedad, seamos mujeres u hombres y tengamos la edad que tengamos. 

Hoy en día,  la existencia de igualdad legal no implica una igualdad real y por tanto, para hacer frente a este desequilibrio se habla  de “igualdad de oportunidades” como principio jurídico y de “equidad de género”. Por ello es necesario abordar un cambio más profundo, en los valores e ideas que mantienen en la sociedad las desigualdades, con el fin de logar una igualdad real. Una carrera de fondo, donde la coeducación desde edades tempranas juega un papel importantísimo.

Lo primero que tenemos que tener claro a la hora de educar en nuestras aulas o en casa, son conceptos como género, estereotipos y roles de género.

Las diferencias biológicas son aquellas diferencias de carácter anatómico y fisiológico entre mujeres y hombres, las cuales son universales y coinciden en tiempo y cultura.  Sin embargo, hablar de género es referirnos a la construcción cultural que hace una sociedad a partir de las diferencias biológicas, atribuyendo unas aptitudes, roles y actitudes diferenciadas entre las mujeres y hombres. De estas diferencias de género surgen los estereotipos de género, como  el conjunto de cualidades y características psicológicas y físicas, que una sociedad asigna  a mujeres y hombres. Estos estereotipos crean los llamados arquetipos, es decir, fijan un modelo de ser mujer y un modelo de ser hombre, que parten por tanto de validación social y generan el sistema establecido de desigualdades por género.

Ello se refleja en los roles de género, que son aquellas tareas, funciones y comportamientos considerados propios de hombres o de mujeres, de niños o niñas, por el mero hecho de pertenecer a uno u otro sexo, y que se inculcan en todos los contextos desde la infancia.

En palabras de la antropóloga y feminista Marcela Lagarde  “A las mujeres nos han enseñado a tener miedo a la libertad; miedo a tomar decisiones, miedo a la soledad. El miedo es un gran impedimento en la construcción de la autonomía”.

Y ¿cómo podemos nosotros, desde cada una de nuestras casas o aulas, utilizar la educación como estrategia para lograr mujeres fuertes, seguras de sí mismas, autónomas, sin miedo a tomar decisiones incluso en contra de los arquetipos y roles construidos socialmente? La respuesta es la coeducación desde edades tempranas y especialmente la educación emocional, educar en una alta autoestima, sobre todo, de nuestras niñas, hijas y mujeres, de manera que en un futuro sean mujeres seguras de sí mismas capaces de seguir luchando por sus derechos.

La autoestima se consigue en los primeros años de vida gracias a la transmisión que los padres hacen a los niños de esa autoestima. Tenemos que prestar mucha atención a los mensajes y el vocabulario que les trasmitimos, ya que a veces, cuando los adultos somos inseguros, bien por la educación recibida, por experiencias vividas muy estresantes, por divorcios que no sabemos afrontar, etc., generamos una ansiedad que les trasmitimos mediante mensajes negativos como “tú no sabes hacer esto”, “así no te va a salir bien”,  “es que no lo vas a aprender nunca”, que no ayudan a que los niños y niñas consigan hacer las cosas.

Tampoco se trata de decirles continuamente que son los mejores o lo bien que hacen las cosas, no, pero sí desde pequeños alabarles cuando consiguen sus logros, como por ejemplo el momento en que empiezan a avisar para hacer pipí sin el pañal, o cuando logran ponerse la ropita (aunque se la hayan puesto al revés). De esta manera estaremos recompensando los logros, y esto es dar seguridad, es dar confianza, y la seguridad es la base de la autoestima y la autoestima es la que va a hacer que esta niña o niño afronten la vida con seguridad y sin miedo.

Además de recompensar los logros, tan importante para la autoestima es también educar en el fracaso, puesto que la vida está llena de momentos de fracaso. El fracaso no es malo, es una nueva oportunidad para intentarlo otra vez de una mejor manera. Por ello es tan importante como las recompensas. Pero no con riñas o castigos, sino con la seguridad y motivación que dan los mensajes positivos, despertadores de una actitud proactiva y  motivadora. No de miedo a la riña, a hacerlo mal o confundirse.

Confundirse es natural, aprendemos de los errores y de nuevos intentos. Una buena autoestima fomentará que sean adultos capaces de afrontar y enfrentarse a los errores, a los fracasos de la vida, a las injusticias, y les dará seguridad en sí mismas para luchar por sus derechos y sus sueños.

Por tanto, desde pequeños fomentemos una buena base de autoestima dándoles seguridad:

  • Recompensando sus logros
  • Ayudando a gestionar el error y motivando nuevos intentos

Siempre utilizando:

  • Mensajes positivos

Así:

  • Se sentirán seguros de sí mismos
  • Estarán motivados para aprender
  • Serán capaces de hacer las cosas y de luchar por lo que creen

Solo personas seguras de sí mismas, capaces, con motivación y sin miedo, serán capaces de luchar por cambiar los valores y las ideas que sostienen un sistema de desigualdades de género, por un sistema de equidad de género real.

Por Indira Retuerto
Pedagoga y educadora
www.pucherines.com

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