El merecido Día de las Abuelas y los Abuelos

El 26 de julio celebramos un año más El Día de los Abuelos, una ocasión perfecta para reflexionar sobre una figura cada vez más presente en la organización familiar y absolutamente imprescindible, en muchos casos, para alcanzar la tan ansiada conciliación laboral.

La crisis ha acentuado aún más la función de los abuelos en los hogares españoles, una ayuda vital para muchos padres que han tenido que renunciar al gasto que supone pagar un campamento, una guardería o a alguien para que cuide de los niños mientras nosotros trabajamos. Pero no hay mal que por bien no venga, porque ¿con quién van a estar mejor nuestros hijos que con sus abuelos?

En el siglo pasado los abuelos ocupaban un lugar de saber y autoridad incuestionable; los nietos recibían de ellos la posibilidad de vincularse con el pasado, con un mundo desconocido marcado por la guerra y los destierros. Los abuelos de antes hablaban poco, los nietos eran pequeños para entender lo inena-rrable, en aquel entonces las pupilas de los abuelos trasladaban a abismos mudos e incomprensibles donde los niños entraban con permiso.

Hoy en día, esos nietos son padres y recurren a sus padres con proximidad para que cubran actividades del presente, que en la crianza no tienen tiempo de cubrir. Los abuelos cuidan, llevan y traen, acompañan por las tardes, ayudan con las cenas y los baños y hasta se ocupan de la educación de los nietos.

Asumen una infinita gama de tareas dentro de una agitada agenda de actividades, ya que los abuelos también entrenan en el gimnasio, salen con amigos, van al cine, se reúnen y viajan en grupos.

¿Cómo pueden cubrirlo todo? ¿Qué es lo fundamental de su rol?

Ser abuelos es disfrutar del tiempo con un niño con el que no se tiene la responsabilidad de criar, es jugar como no se pudo jugar con el hijo, es sentirse grande y joven, confidente, sabio, experimentado, pequeño y adulto, todo en un mismo cuerpo.

Esto resulta difícil si los nietos están más tiempo con los abuelos que con los padres.

Ser abuelo debiera ocupar el tiempo justo para el disfrute, un espacio para compartir, jugar, transmitir; sin atravesar los límites que trasladen a los abuelos el peso de la responsabilidad. Ellos ya criaron a los padres de sus nietos, y con esfuerzo, en épocas difíciles.

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