Cuando mamá y papá no son equipo, ¿cómo afecta a los niños?

Los tipos de relaciones que experimentan los niños en su infancia determinan la forma en que se relacionarán con los demás durante el resto de su vida. Al relacionarse con sus padres aprenden, además, aptitudes relacionales como comunicarse, escuchar con atención, interpretar las expresiones faciales, compartir y comprender la comunicación no verbal. Los padres, por tanto, son modelos comportamentales y emocionales, sin querer y queriendo durante todos los días de la vida de su hijo.

¿Cómo les afecta entonces a los pequeños que sus padres no lleguen a acuerdos respecto a su educación?

Los niños son “esponjas”, y como tales desarrollan modelos de cómo pueden ellos mismos encajar en el mundo que les rodea y de cómo funcionan las relaciones. La incoherencia, las fluctuaciones en las decisiones, las posibles discusiones, la falta de acuerdos, muestran un modelo difícil de integrar para el niño y que para él implica una importante falta de seguridad en su mundo cotidiano.

Los padres, en momentos de desacuerdo, no están atendiendo las necesidades de su hijo, y éste no se siente conectado y protegido por sus progenitores. Pueden aparecer entonces sentimientos de soledad, angustia, frustración y confusión. Estos sentimientos influyen decisivamente en el niño, en todos los ámbitos de su vida: en el colegio, con sus amigos o con el resto de la familia.

Es importante, por tanto, crear un equipo de padres que busque el consenso en sus decisiones y que tenga en cuenta las necesidades fundamentales del menor. Y, sobre todo, los padres han de entender que ellos también están en un proceso de aprendizaje y que equivocarse forma parte del mismo.

Padres que no son equipo

¿Qué pueden hacer los padres para ir en la misma dirección en la educación de sus hijos?

  • Disfrutar de momentos de diversión en familia que refuercen la coherencia educativa en otros ámbitos más lúdicos.
  • Discutir pensando en resolver, en tomar decisiones, en planificar con sensatez, en dar respuesta a lo que el pequeño necesita. Esa discusión se convertirá entonces en una posibilidad para conocer mejor a la otra parte del equipo padres y facilitará la puesta en común de argumentos para conseguir el consenso. Además los padres serán modelos de gestión de conflictos para su hijo.

 

La idea fundamental es por tanto que si los padres trabajan en equipo con claridad, la narración que percibirá el niño será coherente, eso además de facilitar un fuerte vínculo afectivo entre los miembros de la familia hará que los pequeños progresen en el camino de su vida.

Para profundizar en este tema animo a leer el libro El cerebro del niño de Daniel J. Siegel y Tina Payne, una obra clara y sencilla que cómo dice el psicólogo Daniel Goleman, “cualquiera que se preocupe por los niños (y que quiera a un niño)” debería leer. Feliz lectura.

Nuria Llorente Sáez
Psicóloga y pedagoga
www.nuriallorentepsicologia.com

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