¿Qué pasa cuando pegas a un niño?

Nadie puede rebatir que ser padre o madre es uno de los desafíos más difíciles que un adulto puede afrontar. Los progenitores han de responder a diferentes y múltiples necesidades de los hijos. Deben tener, no sólo recursos y capacidades, sino que también han de ser los suficientemente flexibles para adaptar sus respuestas a la evolución de las necesidades del desarrollo infantil.

En esta tarea sobre-exigente de ser padres a veces se recurre al castigo físico como herramienta educativa. Pero ¿qué ocurre cuando este recurso forma parte de nuestro modelo parental?

El castigo físico responde a una confusión entre el hecho de ejercer la autoridad paterna y el de reforzar negativamente a un niño. Es una forma ancestral de educar o reeducar a los hijos indicándoles continuamente y a través de la sanción física sus faltas y errores.

El niño ante el castigo físico tiene dos opciones de respuesta: la sumisión o la rebelión.

  • La sumisión puede llegar a desarrollar en el pequeño miedo a la figura paterna o materna, llevándole a evitar ciertas conductas que le ayudarían a desarrollarse como persona.
  • La rebelión puede conllevar respuestas agresivas o de violencia reflejo de las alternativas educativas aprendidas en casa. Ambas respuestas conllevan sentimientos de rabia, culpa e impotencia.

Las implicaciones a medio o largo plazo son verdaderamente importantes porque los niños se mantienen emocionalmente dependientes de los adultos, impidiéndoles madurar responsablemente, y esto afecta a su desarrollo afectivo (problemas de empatía o autoestima), a su desarrollo cognitivo (fracaso escolar), al área conductual (violencia), al área relacional y a la reflexión ética.

¿Qué incluir en un modelo educativo alternativo al que utiliza el castigo físico?

  • Favorecer el desarrollo de vínculos profundos entre padres e hijos para asegurar un apego sano y seguro.
  • Aceptación incondicional: esto implica ’querer a pesar de todo’.
  • Hacerlos sentir importantes: el niño es importante por ser quién es, ni más ni menos que otro individuo, con sus fortalezas y sus debilidades.
  • Estimularlos cognitivamente: los padres han de fomentar su curiosidad con el fin de motivarles a explorar el mundo, siempre utilizando el afecto y la comunicación.
  • Experimentación: Se ha de favorecer la incorporación de nuevas experiencias en la vida de los hijos.
  • Refuerzo: consiste en manifestar a los hijos la alegría y el apoyo por los esfuerzos y los logros que van realizando a lo largo de la vida. De este modo, les damos información para que ellos mismos tomen conciencia de la implicación de sus conductas, corrijan sus errores y refuercen el comportamiento adecuado.

El castigo físico es por tanto una alternativa educativa poco resolutiva y que puede tener consecuencias importantes en el desarrollo del menor. Otras formas de hacer son posibles y además mucho más gratificantes para todo el entorno familiar. Con ellas le damos al niño la posibilidad de desarrollar su capacidad de amar, de dar y de recibir cariño, y de apreciar lo que es bueno y placentero. El afecto, la coherencia y el respeto han de ser los pilares de la educación.

Para conocer mejor este tema os recomiendo el libro “Los buenos tratos a la infancia. Parentalidad, apego y resiliencia” de los autores J. Barudy y M. Dantagnan.

Feliz y enriquecedora lectura.

Nuria Llorente Sáez
Psicóloga y pedagoga
www.nuriallorentepsicologia.com

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