Cómo ser madre y no morir en el intento

La madre perfecta no grita, no llega tarde a los sitios, no se agobia ni se desespera…y, sobre todo, no existe. Así lo confirma Yolanda Bernárdez, Psicóloga Clínica y especialista en Perspectiva de Género e Igualdad de Oportunidades entre hombres y mujeres: “Perseguir la ‘perfección maternal’ puede ser devastador”.

El modelo que se nos impone a las madres en la actualidad es muy diferente al de los padres. “La trampa para muchas mujeres en el mundo es no sentirse bien cuando se cuidan a sí mismas porque experimentan su autocuidado como excluyente del cuidado a los otros”, señala Bernárdez. Es cierto que los modelos han cambiado, que cada vez más voces alertan del peligro de caer en tradiciones de género. Por ello, la psicóloga nos da claves para ejercer de forma más saludable la maternidad:

  • El primer paso a tener en cuenta es que cada persona, cada mujer, cada madre, dispone en sí misma la información de qué es lo mejor para ella, para sus seres queridos, su familia. ¿Podríamos ir abandonando los mandatos externos?
  • No debemos anular el resto de facetas humanas (hija, amiga, hermana, pareja, compañera, trabajadora, cinéfila, deportista…). En general, los hombres no se sienten tan abrumados en este rol de padres, pueden quedar para jugar al pádel, sin remordimientos, o participar en una reunión de trabajo sin interrupciones cognitivas del tipo “¿habrán recordado que hoy la niña tenía cita con el dentista?”.
  • Descansar es fundamental y está poco valorado socialmente. Desconectar y despejarse (correr y conectar con la naturaleza, dormir las horas adecuadas, quedar con los amigos…). Debemos atender nuestras necesidades.
  • A veces no podemos llegar a todo. Hay estándares inalcanzables y debemos librarnos de la culpa que eso genera. En este caso, Internet puede ser un arma de doble filo. El acceso a tanta información puede resultar muy útil y a la vez puede dejar también patente todo lo que se podría hacer y no se es capaz, a todo lo que no se llega.

En definitiva, “no debemos perder de vista que lo hermoso de la maternidad, la conexión profunda con seres amados, puede desaparecer si la energía vital se dedica solo a los mandatos externos. Por ello, tenemos que hacer pausas cotidianas todos los días. Parar y contactar con la sensación global que una tenga y atenderla”, concluye la especialista.

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