¿Cómo educar para la No Violencia y la gestión positiva de conflictos?

Casi todos los días escuchamos noticias que cuentan historias sobre niños y chicos que cometen actos de violencia y acoso. Cuando las actitudes violentas forman parte del carácter de un niño o de un adolescente probablemente su futuro estará cargado de conflictos… Aquellos que ejercen la violencia se perjudican, provocan con su actitud destructiva a todos los que están a su alrededor y dañan la sociedad en la que viven.

Es fundamental que, desde las primeras etapas de la infancia, los niños reciban una enseñanza que les ayude a entender los beneficios del diálogo y la negociación para resolver las diferencias, que comprendan lo que es la violencia y los factores que la provocan, es decir, es necesaria UNA EDUCACIÓN PARA LA NO VIOLENCIA.

Las conductas violentas o agresivas suelen aprenderse a una edad temprana;  los padres, familiares y profesores desempeñan un papel fundamental en estas etapas para que los niños se enfrenten y vivan  sus emociones sin usar la violencia construyendo aulas y hogares seguros en la expresión de los afectos.

Os dejamos algunas pautas y sugerencias que pueden resultar útiles en casa:

Cómo enfrentar las emociones sin usar la violencia en el hogar:

  • Participación en la vida de los hijos desde las primeras etapas: Constancia en el cariño y en la atención. Existe menor probabilidad de que se desarrollen problemas de conducta y delincuencia en niños que tienen una relación sólida con sus padres y viven en un sentimiento de confianza.
  • Orientación y supervisión en todo momento: Protección y apoyo a medida que aprenden a pensar por sí mismos. Si no existe la supervisión adecuada surgen problemas de conducta. Los niños dependen de sus padres, necesitan recibir protección y orientación sobre cómo responder de manera adecuada frente a otros que recurren a insultos o amenazas.
  • Desarrollo de conductas adecuadas con nuestro ejemplo: Valores familiares de gran influencia en los niños. Los valores de respeto, nobleza, honestidad y orgullo de la familia son pilares defensivos importantes  para los niños cuando se enfrentan a las presiones negativas de otros. Cuando elogiamos las conductas de nuestros hijos de forma constructiva y sin recurrir a la violencia potenciamos sus fortalezas.
  • Reglas establecidas en conjunto: Expectativas claras de la propia conducta. Cuando formulemos normas explicaremos a los niños qué esperamos y cuáles son las consecuencias de no seguir las reglas. Ellos participarán el establecimiento y tomarán conciencia de su comportamiento beneficioso en sus acciones cotidianas.
  • Actos violentos lejos del hogar: Control de la violencia que aparece en los medios de comunicación. Procuraremos que nuestro hogar crezca alejado de la violencia y de la agresividad. Si el niño observa  agresividad en su casa no siempre se vuelve violento, pero tiene más probabilidades de resolver los conflictos a través de la violencia. Cuidado con las discusiones hostiles delante de los niños. Respecto a los medios de comunicación: Limitaremos el tiempo diario para ver la televisión como mucho a dos horas, supervisaremos qué programas ven, qué dibujos infantiles y a qué videojuegos están más aficionados a jugar. Comentaremos con ellos las escenas de violencia o agresividad que aparecen en estos medios y las consecuencias que tendrían si sucedieran en la vida real, buscando otras alternativas para solucionar los conflictos.
  • Oposición a la violencia: Palabras firmes y calmadas frente a la actitud violenta. Ayudaremos a nuestros hijos en la aceptación de otros niños de diferente raza o etnia, les animaremos a entender que usar palabras violentas o aceptar en silencio una conducta violenta nos puede hacer mucho daño. Les enseñáremos a responder de manera firme y tranquila cuando contemplen actos violentos entre personas, así serán valientes, manteniendo la calma cuando otros insultan, lanzan amenazas o incluso pegan.

Por Ana Roa García, psicopedagoga y consejera de Nascia.
Ana Roa García es autora del libro ¡Vive la Vida!  Licenciada en Pedagogía, doctorando en Didáctica de la Educación, Miembro del Colegio Profesional de Pedagogos y Psicopedagogos de Madrid. Miembro del Consejo Asesor de Nascia, compañía especializada en el tratamiento de ansiedad y estrés.

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