Cómo conseguir que los niños duerman en su cama

El verano es una época permisiva en la que pasamos mucho tiempo fuera de casa y se alteran las costumbres y rutinas habituales. Posiblemente, hayamos sido más laxos con nuestros hijos en muchas cuestiones, como por ejemplo, en el tema de que cada uno duerma en su cama. Excepciones como estas pueden confundir a los niños y que se nos haga más complicado que vuelvan a dormir solos y en sus habitaciones. Por ello, hemos hablado con Celia Rodríguez, psicóloga, psicopedagoga y autora de la web Educa y Aprende para que nos aconseje sobre el mejor procedimiento a seguir.

Tal y como Celia nos señala, “es lógico y natural que en ciertos momentos los niños pequeños quieran dormir con sus padres, ya que les proporciona seguridad, protección y les ofrece una cobertura a sus necesidades de apego. No es malo que los niños duerman alguna noche con sus padres, siempre y cuando no sea la tendencia general. Las excepciones ocasionales ante determinadas situaciones como miedos, o necesidad de afecto son positivas”. Sin embargo, “es importante que el niño se acostumbre a dormir en su cama ya que es beneficioso para su desarrollo. Dormir solo le ayudará a aprender a dominar sus miedos y podrá aprender a ser independiente. Pero para que este desarrollo sea positivo tendrá que seguir su ritmo y producirse de forma gradual”.

Los motivos por los que un niño no quiere dormir solo en su cama pueden ser muchos y muy diversos. “Normalmente, son razones que se pueden explicar por el proceso normal de su desarrollo, es decir, por temores y por necesidad de afecto. El temor a la oscuridad es un un miedo evolutivo muy frecuente en los niños y las pesadillas y terrores nocturnos son una manifestación de esos miedos. La otra gran razón es la necesidad de apego, el niño necesita el contacto con sus personas cercanas, le aporta seguridad y confianza. Otras razones que hacen que los niños duerman con sus padres están relacionadas con posibles procesos traumáticos, problemas que tenga el niño o preocupaciones. En estos caso debemos indagar en el problema para gestionarlo”.

Muchas veces nos encontraremos con que no es desde el primer momento, sino desde mitad de la noche, cuando el niño se despierta y acude a la cama de los padres. En estos casos los padres solemos hacer excepciones pero, tal y como nos advierte la psicóloga, “lo aconsejable en estos casos es ayudarle a dormir en su cama, acompañarle, tranquilizarle y esperar a que se duerma. Debemos evitar dejar que duerma con los padres, ya que podemos reforzar esa conducta y convertirla en un hábito”.
Ser permisivos con los niños durante el periodo de reeducación del hábito del sueño, sólo creará confusión en nuestros hijos, por lo que es mejor que evitemos, en la medida de lo posible, las excepciones. “Si el niño es muy pequeño (menor de 4 años), si es un episodio aislado, o si el malestar es importante, podemos dejar que por una noche duerma con sus padres, pero le explicaremos que no lo haremos de manera habitual. Se trata de de ayudar a su desarrollo, por lo tanto acompañaremos, pero fomentaremos que duerman de modo autónomo”.

Como hemos comentado anteriormente, en la mayoría de las ocasiones nos encontramos con este problema tras un tiempo en el que hemos permitido que nuestros hijos duerman en nuestra cama, ¿cómo podemos introducirles que empiecen a dormir solos después de un tiempo durmiendo con nosotros? “La mejor opción para que duerman solos consiste en hacer un acercamiento gradual, o sea, ayudarles poco a poco a ello, empezando por pequeños objetivos”.

  • Nuestro primer objetivo será conseguir que el niño se acueste y se duerma en su propia cama. Para conseguirlo le acompañaremos para ayudarle a quedarse dormido. Se trata de que el niño se sienta protegido y tranquilo y así, poco a poco, comprobará que no tiene nada que temer. Seguramente y, sobre todo, en un primer momento, el niño llorará y querrá irse a dormir con sus padres. En estos momentos lo más positivo es reaccionar con naturalidad y ayudarles a relajarse para quedarse dormidos. Nunca usaremos riñas o reprimendas, ya que solo servirán para generar tensión y hacer más difícil conciliar el sueño. Mientras estamos logrando este primer objetivo puede ocurrir que el niño se despierte y se meta en la cama de sus padres. Dejaremos que lo haga, ya que nuestro objetivo no es ese.
  • El siguiente objetivo será evitar que al despertar se meta en la cama de sus padres. Para ello seguimos la misma línea de acción basada en la comprensión, paciencia, cariño y respeto a su ritmo. Cuando el niño se levante y acuda a la cama de sus padres, le ayudaremos a calmarse y le llevaremos a su cama para ayudarle a dormir allí. Poco a poco iremos observando logros.

Ambos progenitores han de estar de acuerdo y mantenerse firmes para evitar que la nueva rutina fracase; ya que, llevar a cabo los objetivos señalados por Celia Rodríguez supondrá interrupciones del sueño y la situación resultará más incómoda que meter al niño en la cama.

¿Y si nuestro hijo cambia de actitud tras un largo periodo de dormir solo? ¿Debemos preocuparnos? “En el desarrollo de los niños es natural que se produzcan avances y retrocesos. En la mayoría de las ocasiones, los retrocesos pueden ser debidos a un acontecimiento problemático para los niños, como el nacimiento de un hermano, la entrada al colegio, cambios en la familia, algo que le haya impactado y le haya podido causar nuevos y antiguos miedos… En principio no debemos preocuparnos demasiado por los retrocesos, es mejor mantener la calma y continuar en la misma línea; normalmente los cambios de actitud suelen remitir de la misma forma que han aparecido. Si los cambios son muy intensos y no remiten al poco tiempo, indagaremos en las causas de ese cambio para poder incidir sobre las mismas”, nos indica Celia Rodríguez.

Además, debemos tener en cuenta las dificultades que puede ocasionar en la pareja dejar que los niños duerman en la misma cama que sus padres,  ya que cuando el niño duerme con sus padres de manera recurrente, no solo tenemos consecuencias en el desarrollo del niño, sino que también podemos tenerlas en la pareja. “La pareja necesita su espacio y su intimidad. Dormir con los niños de vez en cuando es una experiencia positiva y contribuye a reforzar los vínculos afectivos. Sin embargo, cuando deja de ser algo esporádico para convertirse en una costumbre puede producir los efectos contrarios. Cuando los niños invaden el espacio de la pareja, se pierde intimidad para hablar de sus cosas, para emitir gestos de cariño y se pierde pasión. Además puede repercutir en la calidad del sueño de todos y la falta de descanso tiene consecuencias negativas para el bienestar. Puede ocurrir que aumenten los conflictos y las discusiones entre la pareja y que la hora de irse a dormir se convierta en una situación problemática, llena de tensiones”.

En general, es común que, en algún momento de su desarrollo, los niños tengan dificultad para dormir solos pero, ¿en qué momento debemos preocuparnos como padres? Tal y como Celia nos indica, “entre los 5 y los 7 años de edad, normalmente, con algunas pautas y con el tiempo el niño dormirá solo sin que esto suponga un problema para él. Hasta esa edad no debemos preocuparnos demasiado. Si a los 7 años el niño sigue durmiendo con sus padres y no podemos remitir ese hábito lo recomendable es pedir ayuda y consultar con un especialista. También debemos prestar atención a los cambios bruscos en los hábitos del niño, por ejemplo, si de repente no puede dormir solo y antes sí lo hacía y este hecho va acompañado de otros cambios bruscos, pueden ser señales de algún tipo de problema o malestar y lo recomendable será de nuevo consultar con un especialista”.

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