Si un niño sufre bullying, ¿es conveniente cambiarlo de colegio?

El bullying es una situación de acoso escolar entre iguales, en la cual un niño sufre insultos, maltratos, o violencia de cualquier tipo a lo largo del tiempo. No se trata de un acto puntual de violencia, sino de una situación que se prolonga con importantes consecuencias negativas para la víctima.

Ante una situación de bullying los padres a menudo no saben cómo reaccionar, y una de las preguntas que se hacen es: ¿le cambiamos de colegio?

A priori puede parecer una solución rápida que resolverá el problema de manera drástica. Sin embargo, la realidad no es tan bonita.

Veamos en primer lugar cuáles son los factores implicados en una situación de acoso escolar, ya que es en realidad sobre estos sobre los que habrá que actuar desde casa y el colegio para erradicar el problema en vez de pensar en cambiar al niño del colegio.

En el acoso escolar hay tres actores principales: la víctima, el acosador, y los observadores.

La víctima

Es el niño que sufre acoso escolar, el cual se puede manifestar de muchas maneras: intimidación, insultos, agresiones, burlas, dejarle de lado…etc. Estos actos pueden realizarse también a través de las redes sociales, tratándose entonces de ciberbullying, una forma especialmente dañina por el alcance tan grande que tiene, ya que un insulto presencial lo pueden ver algunos niños; un insulto a través de una red social o un grupo de WhatsApp corre como la pólvora: el alcance se dispara y los daños para la víctima también. Algunos rasgos que a veces comparten las víctimas son: pocas habilidades sociales, pasivos o con dificultades para defenderse, y dificultades para resolver problemas o conflictos.

El agresor

Es el niño o grupo de niños que intimidan y agreden a la víctima. No hay un perfil determinado que nos pueda indicar que un niño pueda convertirse en un acosador. Existen prejuicios que nos pueden hacer pensar que niños provenientes de entornos marginales, de determinados grupos sociales u origen realizan con más frecuencia este tipo de actos. Pero los datos de diversos estudios arrojan informaciones distintas (Maite Goraigordobil, 2014): no hay un perfil determinado. De hecho cualquiera puede ser potencialmente una víctima o un agresor. Se da en cualquier entorno, en colegios públicos o privados, y en cualquier estrato social.

Los observadores

Son los niños que presencian el acoso. Son parte fundamental del engranaje, ya que dependiendo de cuál sea su reacción, contribuirán a que el acoso se perpetúe o por el contrario finalice. Tanto el famoso método KiVa finlandés (2007), como otros programas estatales (Ciberprogram 2.0) contra el acoso ponen el énfasis en trabajar con la víctima y el agresor, pero sobre todo con los observadores, haciéndoles responsables de lo que sucede a su alrededor y creando una conciencia social y responsabilidad para que no sean cómplices impasibles del acoso, sino que tengan un papel activo en su extinción.

Úrsula Perona
Psicóloga infantil

También te puede interesar:

¿Qué opinas? Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *