Cada vez más niños agreden a sus padres, ¿por qué?

Vivimos en una época en la que los padres cada vez se preocupan más del bienestar de sus hijos. Que su hijo tenga todo lo necesario para ser feliz es una prioridad para la mayoría de los progenitores pero, a la vez, observamos, en muchos casos, que esto se convierte en un exceso de permisividad y en libertad malentendida. Hay quien pone al hijo como centro de atención, buscando dar respuesta a sus demandas y exigencias, consiguiendo únicamente hacerles egoístas e insoportables.

Figuras como las de los maestros, otrora respetadas, ven cómo se menoscaba su autoridad en colegios e institutos mientras a muchos padres les cuesta educar poniendo normas y límites firmes. Además, el uso abusivo de la nuevas tecnologías, la televisión, las videoconsolas e internet están incrementando el aislamiento y los comportamientos agresivos dentro del núcleo familiar. Todo esto puede tener consecuencias nefastas para las familias y, por supuesto, también para la sociedad.

La Fundación Amigó, que trabaja por reducir la violencia filioparental en familias sin recursos, asegura que en los últimos años este tipo de violencia ha crecido hasta convertirse en un problema social que sufre más del 10% de los hogares con hijos adolescentes. Según el INE 2012, un total de 3.003 progenitores fueron víctimas de violencia infligida por su hijo o hija, siendo más tres veces mayor la violencia ejercida contra las madres que la ejercida contra los padres. Las comunidades con porcentajes más elevados son Andalucía, la Comunidad Valenciana y Cataluña.

En 2013, 4.659 adolescentes fueron procesados por comportamientos violentos contra sus progenitores y sólo en Madrid las agresiones de hijos a padres aumentaron un 12% en 2014. Programas como ‘Hermano Mayor’ han sacado a la luz una realidad que cada vez viven más familias en España: ver y constatar que hay niños y jóvenes que no son víctimas, sino agresores, y que buscan domar  a sus progenitores para obtener los privilegios que se proponen ¿A qué se debe este fenómeno que no deja de aumentar?

Desde la Fundación Amigó insisten en que “cuando castigamos mediante violencia verbal o física, se transmite un modelo de conducta agresiva. El niño aprende que los padres o profesores por medio de esta conducta consiguen su propósito, y el imitar esta forma de actuar porque da resultado. Lo mismo sucede con los compañeros violentos, son modelos que ayudan a que el niño observador las aprenda. Tenemos que ser conscientes que hoy en día los niños están expuestos a otros modelos de conductas agresivas como pueden ser internet, los juegos, la televisión…” En ese sentido, podríamos afirmar que el niño aprende por observación que el comportamiento agresivo es reforzador.

Hablamos con Javier Urra, primer Defensor del Menor en España y Presidente de la Red Europea de Defensores del Menor, psicólogo de la Fiscalía y Juzgados de Menores y actual presidente del Programa Recurra- Ginso; una iniciativa pionera en España, cuyo principal objetivo es dar respuesta a las familias que viven situaciones de convivencia complicada dentro del hogar. Dentro de Recurra- Ginso, encontramos el programa Campus Unidos, una residencia para el tratamiento psicoterapéutico integral de menores que mantienen una relación conflictiva con sus familias y que, por sus características personales o por las dinámicas familiares, requieren un tratamiento alejado del domicilio familiar.

¿Qué tipo de conflictos familiares pueden desembocar en que un menor tenga que ingresar en el programa Campus Unidos?

Un conflicto grave, agudo y desde luego continuado en el tiempo. Es un proceso de deterioro relacional. Se empieza con el insulto, se da paso a la humillación y en ocasiones a la agresión física. Es preciso un cortafuegos, un respeto, un resituarse, un reconocer que queremos querer pero que no sabemos cómo hacerlo. Y eso por ambas partes, tanto hijos como progenitores.

¿Es común entre los usuarios haber ejercido algún tipo de violencia filio-parental?

Sin duda sí. El grueso de los 450 jóvenes que han estado en nuestra residencia Campus Unidos, han llegado exactamente por ejercer violencia filio-parental. Han estado con nosotros aproximadamente 10 meses y en el trabajo continuo, educativo, terapéutico, con padres y con hijos, hemos conseguido éxito en un 70% de los casos.

¿Que un hijo agreda a su progenitor es consecuencia de una educación inadecuada? Si es así, ¿qué pueden haber hecho mal los padres? ¿Qué otros factores influyen?

Es un tema complejo, puede haber fallas educativas de inconstancia, de incoherencia. Pero en otras ocasiones hablamos de patologías más sutiles y complejas. A veces hay problemas conyugales que se visualizan en paternofiliales. Y no olvidemos que son jóvenes con características muy particulares, con consumos, con graves problemas de vínculo y apego, etc.

Lo que en gran medida da respuestas a las conductas abusivas de estos jóvenes es que son comportamientos adquiridos desde la más tierna edad que siempre les han permitido obtener sus demandas. Apreciamos padres involucrados, afectuosos, pero confusos en la interpretación de lo que son relaciones democráticas, con los que hay que vencer el sentimiento de culpa y aislamiento.

Es a partir del vencimiento de miedos, de interpretaciones equívocas de hijos y de padres, de cambio de actitudes y posicionamientos que podrán modificarse en positivo los comportamientos individuales y relacionales. Y es posible, lo constatamos día a día en nuestra práctica clínica ambulatoria y residencial pues existe sentimiento de pertenencia, de vínculo, de apego.

¿Qué tipo de niños inciden en este comportamiento?

Pues de toda índole en cuanto a nivel cultural, económico y social. Aproximadamente un 60% son varones. El problema eclosiona entre los 16 y 17 años, pero viene de muy antiguo. Nosotros tenemos un porcentaje del 22% de niños adoptados, primordialmente del Este de Europa y su etiología nos señala problemas de vínculo, por exceso o por defecto.

¿Qué debe hacer un padre la primera vez que su hijo le levanta la mano?

Decirle que eso es inadmisible, si es necesario sancionarle e imponer con serenidad su autoridad. Por el bien de todos, sobre todo del niño.

¿Qué expectativas tiene un niño antes y después de un programa como este?

Si no se interviene el pronóstico es nefasto. La violencia, como los incendios, nacen de una chispa y acaban siendo incontrolables y devastadores. Con un programa como este hay más esperanzas, realidades y es porque porque contamos con un equipo de 103 magníficos profesionales y de unos padres e hijos que se implican, porque se quieren.

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