Asegúrate de que los niños juegan… y a lo que deben

El juego es una manera de interactuar con la realidad física y social. Los juegos influyen de manera decisiva en el desarrollo de la psicomotricidad, del conocimiento del mundo y del desarrollo cognitivo.

Algunas de sus principales características son: es divertido y placentero, predomina el medio respecto al fin (supone en un fin en sí mismo), es espontáneo y libre, es de carácter simbólico y es una actividad social.

Por todo ello está estrechamente relacionado con el aprendizaje del lenguaje, la creatividad, la interacción entre iguales, la solución de problemas y otros procesos cognitivos y emocionales de vital importancia para el desarrollo.

Sobre todo en la etapa preescolar y escolar es de suma importancia. Sin embargo… ¿somos conscientes de ello?
En las sociedades occidentalizadas estamos presenciando una progresiva reducción del tiempo de juego de los niños. Priman cada vez más las actividades estructuradas y vinculadas al aprendizaje de determinadas materias (extraescolares) frente al juego espontáneo y al aire libre.

También ha cambiado el tipo de juego, predominando muchas veces los juegos a través de la tecnología, en solitario, frente al juego en grupo en la calle, el parque, etc.

Otro aspecto que se ha modificado es el que cada vez menos los niños tienen la oportunidad de jugar sin la supervisión del adulto. Los padres estamos muy presentes en el tiempo de juego de los niños y ejerciendo un constante supervisión y control.

¿Qué tipos de juegos son recomendables a cada edad?

El juego al aire libre es recomendable siempre. Los niños (al igual que los adultos), necesitamos el contacto con la naturaleza.

Durante el primer año de vida el niño debe tener la posibilidad de moverse libremente por el suelo (sobre una manta o alfombra) y tener a su alcance juguetes y objetos de diferentes texturas, colores etc. A esas edades van a centrarse en los aspectos físicos de los objetos: tacto, sabor ( lo van a chupar todo!), texturas, sonidos…Les gustan los musicales ,los sonajeros los peluches con diferentes tejidos, y los cuentos para tocar.

Entre el año y dos años y con el desarrollo de la psicomotricidad gruesa, ganan movilidad y disfrutan caminando y transportando cosas. Les gustan los arrastres, los vehículos, por supuesto el cubo y la pala en la arena, les encanta mojarse y jugar con el agua etc.

Alrededor de los dos años y medio o tres se produce el salto al juego simbólico: ya pueden jugar a “imaginar”, a “ser otra persona” etc. Pueden disfrutar dando de comer a los muñecos, haciendo de médicos etc.
Les encantan los columpios, y empiezan a interactuar mucho con otros niños. Es importante favorecer el contacto con otros niños de diferentes edades. También dejarles explorar el entorno.

Entre los cinco y ocho años el juego con los demás toma protagonismo, y las posibilidades del juego se vuelven casi infinitas. Es el momento de iniciarse en los juegos cooperativos, de descubrir los deportes y los juegos de reglas. Aprenden rápido a los memory, las cartas, construcciones tipo Lego…
Siguen encantándoles los columpios. Pueden divertirse mucho con juegos tradicionales en grupo y también de juegos en solitario. Dibujar, pintar, manualidades, puzles…

De los ocho años en adelante se pueden divertir mucho con juegos de mesa. Les encanta hablar y empiezan a establecer amistades más duraderas. Empiezan a hacer cabañas y clubs, a inventar reglas y juegos, lenguajes propios… Es la explosión de la imaginación al servicio del juego.

¿Y cuando los vídeojuegos?

Pues como estamos en la era de las TIC (tecnologías de la información y comunicación), la tecnología está al alcance de los niños desde que nacen. Bebés de año y medio ya trastean con el móvil y la tablet. ¿Es malo? Personalmente creo que negar los avances tecnológicos a los niños no es recomendable, pues forman parte del mundo en que vivimos. Sin embargo, el acceso a los mismos debe estar muy controlado, adecuando los contenidos a su edad, y muy limitado en el tiempo (media hora al día o sólo los fines de semana).

La tele o los videojuegos no deben nunca sustituir al juego al aire libre, no dirigido y con otros niños.
Debemos fomentar el juego libre, espontáneo y con amigos. El contacto con la naturaleza, y la posibilidad de explorar y experimentar las cosas por ellos mismos, siempre que no sean peligrosas.
Y garantizar varias horas al día de juego. Cuánto más pequeño es el niño, más horas de juego necesita. Pero eso no significa que los niños de diez años no necesiten jugar.

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