Ansiedad ante los exámenes: ¿cómo podemos ayudarles?

Nuestros hijos sufren cada vez más pronto la presión ante los exámenes. Nuestro sistema educativo favorece la competitividad y la comparación, con exámenes cada poco tiempo, y con calificaciones numéricas. Por suerte no sucede esto en todos los colegios, pero sí es bastante frecuente.

Tristemente hay niños de seis años angustiados por las notas. Sí, parece increíble a edades en las que deberían estar jugando y descubriendo con placer la lectura, la escritura y el cálculo. Sin embargo, llegan a casa con “controles” suspendidos y se sienten tontos, burros o incapaces.

Y …¿qué hay más desmotivador y frustrante que ver que nuestros esfuerzos no se ven recompensados, o que sentirse tonto e incapaz?

Sentir estrés o ansiedad ante una situación de examinación es normal, e incluso saludable. Pues esa inquietud, preocupación o nerviosismo es lo que nos moviliza y nos motiva a estudiar. ¿Cuándo es entonces mala la ansiedad?

Cuando me bloquea, me impide concentrarme, me llena de pensamientos negativos y desesperanzadores…
En este caso la ansiedad deja de ser adaptativa para pasar a perjudicarnos en vez de ayudarnos.

Como padres podemos ayudar a los niños de varias maneras:

Los más pequeños deben aprender a distinguir entre el esfuerzo y el objetivo. Debemos recompensar con elogios el esfuerzo, aunque el objetivo no se haya logrado. Es decir, si el niño ha repasado su examen, ha realizado sus tareas etc. y pese a ello suspende el examen, debemos explicarle que estamos muy contentos porque se ha esforzado, aunque haya suspendido. ¿castigar o regañar por un suspenso a un niño de seis años?? NO. ¿para qué serviría?

Por el contrario, un suspenso puede convertirse en una excelente ocasión para favorecer la metacognición, es decir, el conocimiento sobre los propios procesos de aprendizaje.

Podemos sentarnos con él a repasar qué ha podido pasar, si es que no había repasado lo suficiente, o no ha leído bien las preguntas del examen, si no entendía algo… Así convertiremos un suspenso en una oportunidad de aprendizaje.

Algunos niños presentan somatizaciones el día antes del examen. Por ejemplo tienen dolor de tripa, dolor de cabeza…etc. Esto puede ser la manera en que expresan la ansiedad. Es recomendable enseñarles alguna sencilla técnica de relajación, y sobretodo, hablar con ellos: preguntarles qué les sucede, que les asusta del examen…etc.

Normalizar las situaciones de examen, y hacerles saber que esos nervios o angustia que sienten son frecuentes. Indagar un poco más en qué es lo que les preocupa: “no me lo he estudiado lo suficiente”, “seguro que en el examen no acuerdo de nada…” , “seguro que suspendo”…etc.

Podemos ayudarles a sustituir esos pensamientos irracionales, que sólo sirven para bloquearles y desanimarles, por otros más positivos. Puede servir preguntarles: ¿Estás realmente seguro de que vas a suspender? ¿qué evidencia tienes? ¿y qué es lo peor que puede pasar si suspendes?…etc.

Este tipo de preguntas sirven para que a través de la reflexión se de cuenta de que sus miedos son anticipatorios, y que realmente hasta que no realice el examen no puede saber cómo va a salirle. Es mejor no anticipar.

En cualquier caso, no suelen ser los niños que suspenden frecuentemente o que sacan malas notas los que más ansiedad ante los exámenes presentan. Más bien al contrario. Generalmente son niños y adolescentes que aprueban y sacan buenas notas, pero que son algo ansiosos, o tienden a preocuparse mucho por todo, o son muy exigentes y perfeccionistas.

Si observamos que los síntomas de ansiedad son muy intensos, o afectan al rendimiento académico y al bienestar del niño, debemos consultar con un especialista.

Por Úrsula Perona
Psicóloga infantil
www.ursulaperona.com

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