Padres felices, niños seguros

Para el British Council School, el bienestar global de los niños es clave para ayudarles a alcanzar su mayor potencial y el máximo desarrollo. Por eso, desde el colegio se impulsa la iniciativa “Every Child Matters” (cada niño es importante) creada por el gobierno británico en 2003, para velar por el bienestar emocional y físico de los niños dentro del aula a partir de parámetros como la seguridad, la salud, la diversión o los  logros. De ahí, la importancia de esta I Jornada sobre Educación para el Bienestar de la Infancia.

En el colegio Británico, los niños siguen programas académicos muy exigentes, explica la directora Gillian Flaxman, pero “completamos la formación fomentando valores esenciales como el respeto mutuo, la flexibilidad para adaptarse a cualquier situación, la motivación para afrontar retos, y la capacidad de asumir los fracasos y recuperarse” añadía.

Valores que también destaca el psicólogo y pedagogo, Javier Urra, el primer Defensor del Menor de Madrid, y uno de los terapeutas más reconocidos en nuestro país.  “A los niños hay que educarles para enseñarles a manejar una sociedad que les va a exigir ser más flexibles con más capacidad de adaptación y menos previsibles” explica en su conferencia.

“Hoy muchos padres están agobiados por la educación de sus hijos”, asegura Urra, entre otras cosas “porque entienden el niño como un tesoro. Tienen pocos hijos y los sobreprotegen. Muchos padres desde que el niño es pequeño se ponen el casco azul y quieren que su hijo no sufra”, asegura. Pero eso, en su opinión es un error, porque todos los niños van a sufrir, “un sábado todos sus amigos quedarán y a él no le van a llamar y lo va a sufrir. Se va a enamorar y la otra persona no le va a corresponder. Va a perder a su abuelo, y se va quedar destrozado, pero a la vida hay que pedirle lo que la vida puede dar, no más”, concluye rotundo.

Para Urra hay que educar a los niños en el dolor, el sufrimiento, y también en la compasión: “es importante y normal que sufran y lloren porque han perdido a su abuelo. Es bueno y saludable”. También, destaca, “hay que enseñarles desde muy pequeños la empatía, ponerse en el lugar del otro, explicarles que tan importante como el yo, es el tú. Saber perdonar y perdonarse”. En su opinión el problema es que estamos muy preocupados y agobiados por formarles, que sepan idiomas, que conozcan las tecnologías, pero “no hay que quedarse solo en lo racional, también hay que enseñar lo que nos hace más humanos que es la emoción, y sobre todo su traducción al sentimiento”.

Otra de las claves para Urra es “enseñar a los chicos a saber ganar y perder, a tener sentido del humor, a mirarse al espejo y no darse transcendencia a relativizar lo problemas”. Casi nada es tan grave como se percibe. Por otro lado, a los padres les recomienda sobre todo que mantengan su autoridad, y que les trasladen sus valores. “Cuando un niño nace es un ser humano, no es una persona. Se hace persona y se hace ciudadano desde la socialización, por eso los padres tenemos que tener valores y trasmitírselos. Para que tengan capacidad crítica.

La importancia de dormir bien
En la línea de Urra y compartiendo las mismas advertencias respecto a la sobreprotección de nuestros hijos, Eduard Estivill, pediatra especialista en Neurofisiología, centra su exposición en la importancia de enseñar a los niños desde su primer día de vida los buenos hábitos a la hora de dormir.

“Un niño que duerme bien, se porta mejor durante el día, tiene menos problemas en la escuela, una mejor adaptación, come mejor, y puede llegar a tener un coeficiente intelectual más alto, porque cuando dormimos es cuando se juntan nuestras neuronas y esto configura nuestro coeficiente intelectual”. Para Estivill, “el sueño es la actividad más importante que hacemos a lo largo de la vida, y enseñar a dormir bien a los niños es la base de toda su futura educación”.

Para aprender los buenos hábitos, Estivill recomienda tener siempre en cuenta que los niños captan con una “inteligencia sublime” todo lo que los padres trasmiten muchas veces sin darse cuenta. Si están nerviosos, inseguros, tienen prisa, etc. La base, añade, “es la trasmisión de afectos y estar tranquilos delante de ellos”. Los niños además, “se comunican con el adulto mediante la acción-reacción por eso, en función de la respuesta del adulto volverá a repetirlo o cambiará”. Por eso insiste, “La única forma de ayudar a estos niños es hacer papás seguros. El niño es un ser inteligente solo hay que descartar que esté enfermo todo lo demás lo hacemos nosotros, de todo lo demás somos responsables nosotros, los adultos”.

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