¿Es recomendable premiar las buenas notas y castigar las malas?

Varias preguntas que nos hacemos a menudo los padres: ¿debo regalarle algo por haber aprobado todo? ¿Qué castigo le pongo por haber suspendido siete? ¿o mejor no castigarle?

Pues dependerá de varios factores. No es lo mismo un niño que saca buenas notas normalmente, a otro que venía suspendiendo pero ha hecho un esfuerzo y ha empezado a remontar.

Veamos caso por caso:

– Cuando los estudios no son un problema. Niños que son más o menos buenos estudiantes, pero que son responsables académicamente y tienen un rendimiento normal. Los estudios no son un tema de conflicto. En este caso, yo creo que, ante todo lo bueno que hacemos, es conveniente valorarlo. Decirles lo orgullosos que estamos de su trabajo, también de sus notas, así como de la tranquilidad que nos aporta que sean responsables y se hagan cargo de sus estudios.

– Cuando suspenden varias asignaturas. En estos casos se puede, en primer lugar, mantener una conversación para intentar averiguar qué ha pasado y hacerle reflexionar sobre qué podría haber hecho de otra forma para no suspender. Preguntas abiertas como: “¿ Por qué crees que has suspendido ocho asignaturas? ¿Qué piensas que podrías haber hecho de otra manera? ¿Qué aspectos o características tuyas han influido en estos resultados?”. Cuando se les hacen las preguntas oportunas, se les invita a la introspección y al autoconocimiento. A menudo identifican la pereza, la falta de motivación, que no se han organizado y han dejado todo para el último momento, que no han llevado al día las tareas… ellos mismos se dan cuenta de en qué han fallado y, por tanto, de qué podrían hacer mejor.

Y, además, poner una consecuencia negativa. La consecuencia negativa no es recomendable que sea apuntarlo a una academia para recuperar, o ir a clases de refuerzo. Porque entonces estamos convirtiendo el estudio en un castigo. Debe estar relacionada con la retirada de algún privilegio, como no permitirle jugar a la Play durante unas semanas, o el móvil etc.

Lo que no tiene sentido es que suspenda ocho en diciembre y los Reyes Magos le traigan un iPhone 6. Los privilegios se ganan.

Si le apuntamos a refuerzo académico durante el verano, le haremos ver que es una oportunidad y una ayuda que le brindamos para que pueda recuperar lo atrasado y prepararse para el próximo curso. Incluso aunque vaya a repetir curso.

– Cuando ha suspendido cuatro, pero empezó el curso suspendiendo diez. Es decir, cuando ha habido una “remontada”. Cuando el niño o el adolescente se despistó mucho al principio, pero se puso las pilas, se ha esforzado y ha recuperado algunas. En este caso es muy importante reconocer el esfuerzo realizado, aunque no se haya logrado el objetivo final (que sería haberlas aprobado todas). Si el niño ve que sus esfuerzos no han servido para nada, ni académicamente (porque le han caído algunas o incluso tiene que repetir), ni se ha valorado su cambio de actitud y su esfuerzo, probablemente se desmotive y piense que no vale la pena.

– ¿Y si es un estudiante de sobresalientes? ¡Pues reconocérselo! Aunque estemos acostumbrados, aunque pensemos que estudiar es su obligación. Porque la excelencia debe ser reconocida en todos los ámbitos de la vida.

Cuando te dejas la piel en un proyecto en el trabajo o dedicas varias horas a cocinar algo especial, ¿no te gusta que te lo reconozcan? Pues a ellos también. Está claro que no tenemos que estar comprando regalos por cada logro de nuestros hijos, que la motivación no puede basarse en premios o elogios. Hay que ser conscientes de ello, pero también ser realistas y reconocer que a todos nos gusta que se nos reconozcan nuestros méritos de vez en cuando.

Por Úrsula Perona
Psicóloga infantil
www.ursulaperona.com

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