Consejos prácticos para estar preparados para el primer día de clase

Nuestra actitud es fundamental. Si el niño se muestra nervioso en su primer día puede ser una consecuencia del modo de actuar de los padres. Así lo afirman algunos expertos en educación, como el director del Centro de Apoyo a la Familia de la Universidad de Queensland, Matt Sanders.

Sanders mantiene que una de las mejores cosas que pueden hacer los padres es inculcar en sus hijos unas fuertes convicciones emocionales en su niñez. “La mayor parte del trabajo de preparación que debe ser hecho no es algo que ocurra alrededor de la primera semana en la escuela, sino que estas actitudes se asimilan durante el desarrollo más temprano del niño y le preparan para enfrentarse a la separación y habituarse a la nueva rutina”.

Consejos prácticos para los primeros días:

Sé positivo: Dile a tu hijo cuánto disfrutaste de tus días de clase y háblale positivamente sobre cómo empezar el colegio.

Habla y lee a tu hijo: Hay muchos libros originales para empezar en el cole disponibles en librerías y bibliotecas.

Familiariza a tu hijo: Enséñale dónde estan los baños del colegio, dónde puede comer y dónde está el patio de recreo. Una visita previa al centro cogido de tu mano le hará sentirse seguro y cómodo.

Inscríbele en un programa de orientación: Muchas escuelas comienzan un año antes estos programas para dar sesiones informativas a los padres y facilitar que el niño encuentre amigos.

Contágiale tu entusiasmo: Implica al niño en la compra de cosas como los cuadernos, las mochilas y los uniformes.

Comienza una rutina: Enséñale cómo ser independiente, levantarse solo de la cama y prepararse el desayuno. Así, podrás dejarle su tiempo de aseo sin tensión ni estrés y le ayudarás a desarrollar su sentido de la responsabilidad. Es también importante establecer una hora de acostarse razonable para que duerma 10 horas diarias, según recomiendan los expertos.

Sé organizado: Prepara todo lo que tu hijo y tú podáis necesitar la noche anterior para evitar prisas por la mañana.

Etiqueta todo: Pon un llavero grande, una etiqueta o una cinta en la mochila del niño para ayudarle a encontrarla. Será divertido customizar sus cosas juntos.

Un trabajo previo a la entrada al colegio

“Los niños tienen que ser capaces de escuchar y de llevar a cabo lo que les dicen que hagan” sostiene Sanders.

Compartir es vital, como es la buena interacción social y unas habilidades de comunicación fuertes. “Los niños que empujan, muerden y son agresivos pueden encontrar di cultades en hacer amigos y conservar esas amistades” argumenta el profesor Sanders.

“Cuando los padres aprenden habilidades de educación positivas, sienten menos la cólera, la tensión y tienen menos problemas de conducta”, dice el profesor.

“Si un niño va a la escuela y ellos ya han sido reperndidos por los padres en el desayuno, el principio el día comienza siendo un trastorno. Vestirse, prepararse y organizarse sin que los padres tengan que llamar la atención a los niños ayuda a una armonía familiar y a acercar las diferencias enormes que existen entre ellos”.

El presidente de la Federación de Padres y de Ciudadanos de Nueva Gales del Sur, en Australia, Di Giblin, dice que los padres tienen que ser positivos ante la experiencia de su hijo y dedicar tiempo para contribuir en el entorno escolar.

“Comenzar la escuela no es una transición que atañe sólo a los niños sino que los padres también tienen que adaptarse a los cambios.” Este hecho puede desalentar a los padres ya que, de repente, hay otros adultos que se convierten en autoridad para su hijo”.

Giblin recomienda que los padres traten de establecer canales de comunicación abiertos con los educadores. “Tienen que construir una relación positiva con el profesor. Avíselos si su hijo tienen bajones emocionales”.

En cada edad es diferente

Está demostrado que cuanto más mayores son los niños, menores di cultades presentan para enfrentarse a situaciones estresantes, ya que son capaces de expresar mejor sus sentimientos mediante el lenguaje.

Un niño menor de 8 meses, aunque tiene una mayor dependencia a los padres, acepta bastante rápido el ritmo de la guardería. Es, en estas ocasiones, más duro para los padres que para el propio niño, que apenas se da cuenta del “abandono”.

De los 8 a los 18 meses es una edad más complicada, porque son capaces de percibir que los padres se van a marchar pero no comprenden que luego vayan a regresar. Es por ello el momento en que la adaptación a la escuela infantil es más dura.

Entre los 2 y los 4 años, en cambio, se sitúa el momento de adaptación más suave, cuando los niños se encuentran más cómodos con este cambio, siempre y cuando el entorno educativo sea el adecuado.

A partir de esa edad el niño es más independiente, por lo que la incorporación a las aulas es más sencilla. Depende en gran parte de que el niño se familiarice con sus compañeros, profesores y con el nuevo entorno.

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