Campamentos, en buenas manos

Se acercan las vacaciones de verano y por incompatibilidad de horarios muchos padres no tienen más remedio que mandar a sus hijos a un campamento. Otros padres, sin embargo, lo hacen convencidos de que, además de divertirse y aprender, hacer deporte o estar en contacto con la naturaleza, en los campamentos sus hijos desarrollan sus aptitudes sociales, el respeto a los demás, su independencia y su autoestima, entre otros valores fundamentales en el proceso de crecimiento y desarrollo de un niño.

Pero, ¿quién cuida de nuestros hijos cuando se van de campamento? ¿Cómo se forman los monitores? ¿Cuáles son los aspectos que más preocupan a los padres? Para contestar a estas dudas hemos hablado con los auténticos protagonistas de los campamentos: sus organizadores, sus monitores y los niños.

El pasado mes de diciembre en las jornadas, “Gestionando Hijos”, Javier Urra, experto en psicología infantil y primer defensor del menor, aconsejaba a los padres optar por un campamento desde que los niños son pequeños para ayudarles a ser más felices: “separaos de vuestros hijos, los niños tienen que adquirir independencia emocional, mandadlos a un campamento cuando cumplan los 7 años.”

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Pero, ¿cómo de preparadas están las personas que se encargan de nuestros hijos? ¿Dónde y cómo se forman los monitores? Esta es una información que no solemos conocer ni se nos suele proporcionar.

Dependiendo del tipo y temática del campamento al que vayan nuestros hijos, los monitores que los atienden son diplomados en magisterio o en educación infantil, licenciados en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF) o Técnicos Superiores en Actividades Físicas y Animación Deportiva (TAFAD) y/o monitores de tiempo libre.

Los monitores de tiempo libre tienen una formación media de 250 horas aproximadamente distribuidas en primeros auxilios,organización de campamentos y actividades al aire libre, complementando su formación con un total de 100 horas prácticas. 

“El título se puede obtener a través de centros privados especializados en Tiempo Libre o a través de subvenciones que presentan los Ayuntamientos”, explica Sara Herrero, de la empresa de actividades deportivas y recreativas Educomanía, quien advierte que lo más adecuado es combinar personal con este tipo de titulación con los mencionados licenciados en Educación Física y diplomados en magisterio.

Cada Comunidad Autónoma posee su propio Título de Monitor de Tiempo Libre homologado y sellado por la Consejería correspondiente, que asimismo homologa las diferentes escuelas que imparten dicha titulación en su territorio.

Pero, ¿qué aptitudes debe reunir un monitor de campamento? “Suelen ser personas dinámicas, activas y con gran capacidad de trabajo en grupo” segura Alejandro Morcillo, Monitor del Grupo Scout 40 Domingo Savio de Granada. En su mayoría estudiantes con edades comprendidas entre los 23 y 33 años. “Cada grupo de trabajo se encarga de la parte que le resulte más cómoda: trato con los padres o asuntos administrativos son otros de los trabajos que deben de ejercer cuando no se está divirtiendo y enseñando a los niños. Además, muchas veces nos acompañan padres a los que les mueve la pasión por la naturaleza y por enseñar y educar a los más pequeños en este entorno”.

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Las preocupaciones de los padres

Profesionales y padres coinciden en que el tema que más preocupa a la hora de elegir campamento es la seguridad. “En nuestro caso, tenemos un vocal entre los padres que se encarga de ponerles en contacto con los monitores. Por lo general se muestran bastante tranquilos y presentan total confianza en nosotros, sobre todo al ver que sus hijos vuelven con ganas de repetir la experiencia”, concluye Alejandro Morcillo.

Respecto a la temática del campamento ganan posiciones el contacto con la naturaleza, el deporte y los idiomas, fundamentalmente el inglés. Sarah Campbell, coordinadora del campamento bilingüe Berlitz Camps asegura que “Se ha notado un incremento en los padres interesados en un campamento de inmersión al inglés, que buscan ese valor añadido”. Un aumento que viene apoyado por el fomento de los planes de bilingüismo de los colegios públicos en los últimos años: “Sin duda, hemos notado que los alumnos llegan con mejor nivel de inglés, sin embargo, una experiencia más lúdica y más intensiva, como un campamento de verano, sigue siendo necesaria”, comenta Sarah Campbell.

El objetivo final

En cualquier caso, debemos siempre tener en cuenta la opinión de nuestros hijos, sus gustos, su personalidad, su desarrollo y grado de madurez para encontrar el campamento más adecuado a sus preferencias y, en ningún caso, debemos obligarlos a dormir en un campamento si no están realmente convencidos de ello, ya que el objetivo final es sumar experiencias positivas a su desarrollo que favorezcan su independencia y autoestima. Fabiola Velasco, de 10 años, lleva desde los 7 yendo a campamentos de verano: ” Lo que más me gusta es jugar con los compañeros y hacer actividades divertidas. Los monitores son muy graciosos y nos enseñan muchas cosas, como cuidar el medio ambiente, juegos y a respetar a los demás. La comida está buenísima, la hacen algunos de los padres que vienen con nosotros. Yo animaría a todos los niños a que vayan de campamento. Lo van a pasar bien, vana  cantar, dormir fuera de casa, aprender y a convivir con otros niños”.

Aprovechamos las vacaciones para dar a los niños la oportunidad de vivir una experiencia única porque, en palabras de Javier Urra, “la educación no ha de ser solo una transmisión de conocimientos, sino la formación de los sentimientos, el desarrollo del compromiso social y la adquisición del hábito de la virtud cívica”.

Por Déborah Casillas

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