Vacaciones, descanso y reflexión

Con el inicio de las vacaciones y el final del período escolar, hago un repaso de lo que ha sido el año de mis hijos y por consecuencia, o como punto de partida, no puedo dejar de evaluarme como madre.

Realmente, ser madre es algo que va más allá de lo que se pueda explicar. Creo que ese amor se siente y se vive. Es incondicional, ilimitado y seguro. La base fundamental para formar la personalidad de los hijos.

Pero, ¿cómo logramos trasmitirles esa seguridad a nuestros hijos? Seguridad en ellos. Porque claro, mientras son pequeños, podemos ejercer la protección necesaria para que “no les pase nada”, para que no se sientan mal, pero cuando crecen, ¿cómo hacemos?

Dicen, que para dar seguridad hay que estar. Los hijos necesitan saber que su madre está. Sin más. Necesitan comprobar que la presencia es física y real. Saber que estoy ahí, aunque no me llamen.

Aquí, surge la conocida paradoja de calidad vs. cantidad. Sí, estoy de acuerdo, los hijos necesitan tiempo de calidad, pero para lograrlo, tiene que haber cantidad. Sólo practicando se consiguen las cosas, y la comunicación con los hijos, que al fin y al cabo evoluciona constantemente, precisa de esta práctica.

Esa es la manera en que ellos sienten nuestra incondicionalidad, pero ¿cómo se alcanza esto con el ritmo de vida que llevamos?

Bueno, quizá, las vacaciones sean el momento perfecto para bajar el ritmo y tener tiempo justamente para esto. Para sentarnos a su lado y esperar a ver qué nos proponen ellos. Seguramente, si dejamos de oír lo que nos piden y empezamos a escuchar lo que nos cuentan, logremos entender cuáles son sus necesidades reales y divertirnos junto a ellos.

¡Felices vacaciones a todos! Volvemos el 5 de septiembre.

 

 

Nora-Kurtin2Nora Kurtin

Fundadora de Sapos y Princesas

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