Hoy en día, con tantas tareas y actividades extraescolares hay veces que no tenemos tiempo de jugar. Parece que no queda espacio para algo que consideramos que no tiene importancia.

Cuando éramos niños, jugar era algo que sucedía de forma espontánea. Todo empezaba con un “vale que” y ese era el comienzo de algo que unía naturalmente. En cuestión de segundos, nos transportábamos a un mundo imaginario con reglas que se iban creando a medida que dábamos forma a nuestros escenarios y convertíamos los objetos cotidianos en elementos diferentes y mágicos. Hoy, en cierto modo, también nos podemos acercar a ese mundo irreal del juego de la mano de nuestros hijos. Qué suerte tenemos los que todavía contamos con la invitación ingenua de convertirnos en compañeros de juego de igual al igual. Disfrutémoslo.

Jugar es atar lazos; jugar es acercarnos. Porque cuando jugamos nos permitimos ser más nosotros mismos y descubrir a quien juega con nosotros. Y también educamos, porque el juego tiene sus propias reglas, requiere respetar a todos los participantes y ayuda a comprender el mundo que nos rodea. Además, crecemos como personas, aprendemos a manejar la frustración al perder y a sentirnos orgullosos al ganar con inteligencia y esfuerzo.

Como madre, el juego me regala recuerdos inolvidables con mis hijos. Esos momentos únicos en los que me divierto tanto que no puedo parar reír. Esa risa que sale de dentro. Me siento feliz y cómplice con ellos.

Desde ‘Sapos y Princesas’, siempre hemos querido ayudar a encontrar esos momentos especiales donde los padres disfrutamos con nuestros hijos, porque sabemos que estos momentos unen y fortalecen nuestra comunicación.

Al divertirnos nos acercamos y fortalecemos los lazos que nos unirán toda la vida.

No perdamos la oportunidad. ¿Jugamos?

 

Nora-Kurtin2Nora Kurtin

Fundadora de Sapos y Princesas

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