Niños líderes… ¿niñas mandonas?

A mí todavía me choca que las niñas sean las que recojan la mesa mientras sus hermanos están sentados, que tengan que trabajar 84 días más al año para ganar lo mismo que sus compañeros hombres y que si una mujer es directiva seguramente sea porque no tiene escrúpulos.

Las estadísticas siguen sorprendiéndome y las conclusiones de un estudio realizado en Estados Unidos sobre el liderazgo de la mujer puede poner luz cómo las madres podemos influir en el cambio de estereotipos en nuestras hijas.

En España, según datos del Ministerio de Educación, el 54,3% de las universitarias son mujeres, cosa que tiene sentido, ya que representa el peso aproximado de la población total. pero, cuando hablamos de puestos en los consejos de administración solo hay un 16,6% de mujeres, cosa que tiene sentido, similar  al resto de países europeos. Estos datos contrastan con muchos estudios, como el realizado por Credit Suisse sobre empresas que cotizan en la bolsa de Nueva York, que demuesrta que la participación de las mujeres en niveles jerárquicos mejora el rendimiento de las empresas ya que logran mayores beneficios. Entonces ¿cómo puede ser que aún exista esta gran diferencia?

Parte de la respuesta la encontramos en el estudio realizado por Leanin.Org y Girl Scouts de Estados Unidos que afirman que, sin darnos cuenta y desde muy temprana edad, nosotras mismas podemos estar disuadiendo a nuestras hijas en su liderazgo. ¿Será porque nos han educado así nuestras madres y repetimos patrones de comportamiento?

Por ejemplo, el uso de ciertas palabras puede influir de forma trascendente. Según el estudio “cuando un pequeño se impone o toma el mando en un juego se le llama ‘líder’. Sin embargo, cuando una niña pequeña hace lo mismo se le llama ‘mandona'”. Esta pequeña  realidad es el principio de una tendencia que continúa durante la adolescencia, y que termina repercutiendo en la mujer que manifiesta menos interés en desempeñar roles de liderazgo que sus compañeros varones.

Los padres, como los primeros educadores de nuestros hijos que somos, podemos ayudar haciendo pequeños cambios que tienen un gran impacto en la confianza y las ambiciones de las niñas. Por eso, es importante que desde pequeñas las animemos a levantar la mano en clase, a compartir sus opiniones y a argumentar su desacuerdo cuando así lo sientan para ganar la autoconfianza que necesitarán más adelante para hacerse oír también en el trabajo. El monumento de comenzar a formar líderes mujeres es desde que nacen…como se hace con los niños.

Si realmente queremos tener un mundo mejor y queremos que nuestras hijas participen en la parte que les corresponde, debemos ser conscientes de que cuando les hablamos estamos proyectándoles el lugar donde las vemos. Analiza si realmente estás hablando con el mismo tono, responsabilidad y expectativas a tu hija que a tu hijo.

 

Nora-Kurtin2Nora Kurtin

Fundadora de Sapos y Princesas

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