Los profesores, enseñan. Los padres, educamos

Los profesores, enseñan. Los padres, educamos

A los padres nos parece natural defender a nuestros hijos ante cualquier situación. Nos ponemos de su lado y rápidamente apoyamos su versión. Al fin y al cabo, los queremos y los padres estamos para proteger a nuestros hijos. Pero ojo, todo en su justa medida y con sentido común, pues la educación y responsabilidad en el hogar es fundamental en la crianza de nuestros hijos.

Si no somos objetivos ante los hechos que nos cuentan y nos limitamos a hacer una lectura desde su perspectiva, podemos estar desvirtuando la realidad y perjudicándolos en su crecimiento como personas. Esto pasa, sobre todo, cuando nos dejamos llevar por la lectura de nuestros hijos de una situación adversa en el aula, llegando, por su falta de responsabilidad, a confrontarnos con los profesores. Pero, seamos realistas, ni todos los profesores son malos, ni todos los niños son santos, y viceversa.

La comunicación abierta y continua es un factor clave en este triángulo entre padres, niños y profesores.

Para que nuestros hijos puedan ir creciendo con una buena autoestima tenemos que ir dándoles responsabilidades desde el hogar. Sí, por ejemplo, responsabilizarse ellos mismos de saber qué deberes tienen, de hacerlos, y de entregarlos. Con la experiencia irán dándose cuenta de que las acciones tienen consecuencias. Tanto las malas, como las buenas. Al igual sucede con su comportamiento en clase, o la forma en la que se relaciona con sus profesores.

Para dar ejemplo, los padres también debemos ser consecuentes. Entender que el trabajo de los profesores es enseñar sobre distintas áreas curriculares, y que nuestra responsabilidad es educar, así cuando lleguen al colegio puedan ser niños con los que trabajar en el aula. Si no respetan su autoridad, será un reflejo de nuestra actitud hacia los profesores, o de cómo nuestros hijos nos tratan a nosotros en casa. Y como siempre digo, si no hay límites no hay respeto.

La comunicación abierta y continua es un factor clave en este triángulo entre padres, niños y profesores. Escuchemos a nuestros hijos, permitiéndoles que compartan su visión y luego decodifiquemos lo que nos cuentan, poniéndolo en contexto y haciendo una lectura desde la figura de adulto. Claro que no debemos minimizar lo que a ellos les resulta importante a cada edad, pero hagámosles saber que esa misma situación podría leerse de otro modo y seamos directos con nuestra postura. Ellos necesitan saber con claridad lo que nos parece bien y mal, lo que apoyamos y lo que no. Así, educamos en valores, los valores propios de cada familia.

Trabajemos en esta dirección. Si somos capaces de poner en valor el lugar que ocupa el profesor en la vida de nuestros hijos, ganamos todos.

La educación y la responsabilidad en el hogar

 

Nora Kurtin

Fundadora de Sapos y Princesas

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