Si trazáramos una línea de tiempo que comenzara con la aparición de la especie humana en la Tierra y terminara en la actualidad veríamos que la llegada de las ciudades representaría unos 10 segundos de esa línea. Es decir, nuestro organismo y nuestra salud dependen y están creados para vivir en estrecho contacto con la Naturaleza, la vida urbana acaba de llegar. La misma que hemos alicatado, asfaltado y acorralado. La misma con la que, cada vez, conectamos con más dificultad, porque vamos de casa al trabajo, y del trabajo a casa, y de allí a cualquier otro sitio desde el cuál, probablemente, no se vea el Sol.

    Alguien podrá pensar que, entonces, es cuestión de que nuestro organismo -y el de nuestros hijos- se vayan acostumbrando a no ver un árbol regularmente, pero no es así. Los problemas de salud asociados al llamado Trastorno por Déficit de Naturaleza corroboran la necesidad y los beneficios que los espacios naturales nos aportan. En el caso de los niños es aún más importante, pues este déficit a edades infantiles puede aumentar el número de problemas y efectos adversos. Veamos con calma cuáles son y qué beneficios tiene dedicar un rato, cada día, a vivir la Naturaleza.

    El Trastorno por déficit de Naturaleza y sus consecuencias

    El término apareció por primera vez en 2008 cuando Richard Louv escribió El último niño de los bosques (Last Child in the Woods ). En realidad solo es uno de los trastornos que el filósofo australiano Glenn Albrecht englobó dentro del grupo de las enfermedades psicoterráticas y somaterráticas. Dejando a un lado las nomenclaturas imposibles, lo que está claro es que son un signo de nuestro tiempo que no podemos ignorar, porque el origen de estos trastornos está en una relación deficitaria o patológica del individuo con su entorno.

    Nosotros quizá sí, pero nuestro cuerpo no olvida que evolucionó de forma exitosa en un entorno natural y lo echa de menos. Las señales son variadas y numerosos estudios han detectado estas como las más frecuentes:

    • Incremento de la obesidad infantil, de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 o del síndrome metabólico
    • Problemas respiratorios, no sólo porque son los árboles quienes nos regalan el oxígeno si no porque otras molestias como las alergias se ven potenciadas por el efecto de la contaminación, impulsando los casos de asma, por ejemplo.
    • Problemas psicológicos, como el aumento del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDHA), estrés, irritabilidad o falta de concentración.
    • Avance desaforado de la miopía en niños que, por ejemplo, en los países asiáticos es ya una epidemia. En China, el 90% de los niños y adolescentes tienen este defecto, y en Europa o Estados Unidos este índice se ha duplicado en los últimos 50 años. Investigaciones han certificado que se debe a la gran cantidad de horas que pasan a cubierto, lo que resta horas al Sol, único estímulo capaz de hacer que liberemos dopamina en la retina, el neurotransmisor encargado de regular la forma del globo ocular durante el crecimiento. Sin Sol no hay dopamina y el proceso de crecimiento se altera.
    • Falta de vitamina D, un nutriente cuya fuente mayoritaria es el Sol.

    Pasear por el bosque te hace más fuerte, física y psicológicamente

    Son muchos los estudios que han comprobado el efecto beneficioso que tiene pasear, hacer deporte o estar en simple contacto con la naturaleza de forma regular para la salud de niños y adultos.Beneficios de la naturaleza

    • La naturaleza reinicia tu cerebro. Se ha comprobado que este contacto aumenta la capacidad para retener información, paliando la pérdida de memoria. Además, mejora la autoestima y potencia la resilencia. Esto último se desprende de un estudio que comprobó cómo los niños que viven cerca de zonas verdes tienen una mejor predisposición a la hora de afrontar episodios trauma como la pérdida de progenitores, separaciones o estrés).
    • Protege contra el cáncer. Según estudios realizados por el presidente de la sociedad de Medicina Forestal de Japón, Qing Li, pasear por un bosque, por ejemplo, potencia la actividad de las células NK, responsables de la destrucción de células cancerígenas. Quedó comprobado que pasear por la ciudad no tiene este efecto.
    • Ayuda a adelgazar porque el “efecto verde” aumenta los niveles de adiponectina, una hormona con efecto preventivos de la obesidad o la diabetes, y además reduce la adrenalina y la tensión arterial
    • Potencia la creatividad y la concentración. Un estudio elaborado en 2012 por los psicólogos Ruth Ann Atchey y David L. Straye demostró que tras varios días en contacto con la naturaleza la creatividad se potencia radicalmente. Pero no necesitas días. Un par de horas es suficiente para reducir el riego en la corteza prefrontal, el escondrijo de las preocupaciones ya que es donde reside la toma de decisiones o la planificación, desplazando la actividad donde reside la empatía o el placer. Es decir, ayuda a aclarar las ideas, tomar decisiones y reducir la sensación de preocupación.
    • Refuerza el sistema inmunitario.Beneficios de la naturaleza

    La Medicina Forestal funciona y es necesaria

    Esta disciplina nace en Japón tras comprobar cómo los Shinrin-yoku o baños de bosque ahuyentan el estrés potenciando el sistema inmunológico. Tanto es así que en esta peculiar isla, donde el 67% de su superficie está cubierta de bosques, se está trabajando arduamente para estudiar el efecto que tienen las fitoncidas en la salud y aumentar radicalmente el número de itinerarios forestales a disposición de los ciudadanos japoneses.

    Parece que estas substancias que emiten los árboles y plantas para protegerse son la clave. Se encuentran en los bosques añosos, donde las concentraciones de musgos, líquenes o fitoncidas es mayor. De hecho con algunas enfermedades como la fibromialgia los resultados están siendo incontestables. Según los pacientes participantes en este proyecto sobre Medicina Forestal llevado a cabo en los hospitales de Santa Caterina y Josep Trueta, los dolores se reducen a la mitad en los días en los que han realizado alguna actividad en espacios abiertos y naturales.

    Para que un baño de bosque tenga un efecto beneficioso bastan dos horas caminando, pero no de cualquier manera: abre los cinco sentidos y busca el sexto, el que se quedó en los bosques y nos conecta directamente con cualquier ser vivo que habita la Tierra. Abandona el móvil, trata de desconectar de todo y huele, toca, observa los colores, las formas, las luces… y escucha. Porque el bosque te habla, además de ayudarte.

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