Enuresis Nocturna, qué es y cómo afrontarla

El 17,2% de los niños con enuresis nocturna -mojan la cama al menos dos veces al mes pasados los 5 años de edad- se niegan a realizar cualquier actividad que implique dormir fuera de casa como acudir a campamentos o colonias, salir de excursión, o quedarse a dormir en casa de un amigo, por la vergüenza que supone orinarse por las noches.

El dato es el resultado de una encuesta de alcance nacional, realizada por el Instituto de investigación Core Research, a 1.665 padres de niños entre 5 y 12 años.

Según afirman los expertos, entre los 5 y 6 años de edad, todo niño está preparado fisiológicamente para controlar esfínteres y no mojar la cama por las noches. Si a partir de ese momento sigue ocurriendo es preciso buscar consejo médico en el pediatra o el urólogo infantil para que se descarten patologías más graves como diabetes, infecciones o malformaciones del aparato urinario.

El 90% de los casos de enuresis tienen su origen en un trastorno fisiológico: retraso en la maduración de la vejiga o producción nocturna de orina superior a la normal. El 10% restante puede venir causado por un acontecimiento inusual en la vida del niño o su familia que provoca pérdidas de orina ocasionales.

La angustia que provoca a los niños con enuresis asistir a un campamento es tal que directamente evitan acudir y aquellos que finalmente van incluso llegan a no dormir por la noche para no hacerse pis. De ser tratados adecuadamente por un médico estos niños podrían realizar una vida sin ningún tipo de limitación.

El cuerpo humano produce continuamente orina el 70% de la misma durante el día y el 30% durante la noche. La hormona ADH -hormona anti diurética-, regula dicha producción aumentándola a lo largo del día y reduciéndola sensiblemente por la noche. Gran parte de los niños con enuresis sufren un trastorno que hace que liberen menos hormona por la noche y por eso la producción de orina no disminuye, la vejiga se llena durante el sueño y se produce la pérdida involuntaria.

La sociedad debe dejar de considerar la enuresis un tema tabú o de consecuencias menores y reconocerla como un problema de salud con importantes implicaciones en la vida diaria del niño que precisa de consejo médico y adopción de medidas ya sean conductuales o de tratamiento farmacológico.

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