En ocasiones, cuando los niños pequeños, sobre todo los menores de 5 años, tienen comportamientos inadecuados, como pegar a sus hermanos, desobedecer, llorar, gritar, tener rabietas… los padres atribuyen tal comportamiento a una falta de control disciplinario, intentando por tanto corregir la conducta mediante una acción disciplinaria más fuerte.

    Sin embargo, a menudo este comportamiento puede obedecer a otras causas que son la fuente del problema. Por ello, es importante prestar atención a ciertos aspectos para poder manejar mejor las situaciones, ayudarles a calmarse, controlar sus emociones y reacciones y poder generar un adecuado aprendizaje.

    Causas frecuentes

    1. Cansancio y sueño

    La cantidad y calidad del sueño afecta notablemente al comportamiento del niño por el día. El sueño es un factor que afecta tanto a nivel físico: capacidad de aprendizaje, salud general, crecimiento… hasta a nivel emocional y comportamental. Así, los niños que están faltos de horas de sueño, que no descansan adecuadamente por el día, o que duermen mal por las noches tienden a tener un comportamiento más disruptivo: mal humor, mayor hiperactividad, rabietas, lloriqueos…

    No es difícil de entender…¿Cómo estamos nosotros cuando pasamos mala noche? Nos levantamos irritables, malhumorados…. ¡pues ellos también!

    ¿Qué podemos hacer?

    • Planificar siestas durante el día: después de comer, llevar al niño a la habitación a oscuras y permanecer allí un tiempo estimado, creando un clima que favorezca la relajación.
    • Por las noches poner al niño a dormir siempre a la misma hora y en el mismo lugar, creando un hábito de desactivación desde horas antes, que induzca al sueño y a la relajación.
    • Si durante el día le vemos demasiado cansado pero no es hora de siesta, proponerle una actividad más tranquila, acorde a su estado físico.

    Los niños que no descansan adecuadamente por el día o que duermen mal por las noches tienden a tener un comportamiento más disruptivo: mal humor, mayor hiperactividad, rabietas, lloriqueos…

    2. Hambre

    Los niños pequeños con frecuencia no identifican las señales de hambre, por lo que no pueden resolver el problema. ¿Y quién no está malhumorado cuando tiene hambre? El hambre afecta de manera negativa a su nivel de energía, a su capacidad atencional y de concentración, así como a su estado emocional. Asimismo, una mala nutrición (ausencia de frutas y verduras, exceso de carbohidratos, alto contenido en grasas saturadas…) también resulta nociva para el cuerpo (dificulta digestión, molestias estomacales…) e interfiere en el comportamiento, el estado emocional (irritación, cansancio…) y desarrollo del niño.

    ¿Qué podemos hacer?

    • Realizar las comidas principales del día y añadir dos o tres refrigerios saludables entre las comidas. Lo más importante no es la cantidad, sino la calidad y frecuencia.
    • Proporcionar alimentación saludable diariamente.
    • Llevar siempre a mano un tentempié saludable: galletitas saladas, biscotes o algún zumo natural.
    • Ofrecerle agua con frecuencia, no suelen pedirla y se deshidratan con facilidad.

    3. Hiperestimulación

    Existen situaciones que de manera natural provocan una mala conducta en los niños, como son las situaciones muy activas, ruidosas e intensas (parques de bolas, cumpleaños, centros comerciales, aglomeraciones, supermercados…). El cerebro del niño aún se muestra inmaduro, con dificultad para procesar gran cantidad de información a la vez, por lo que con tanto flujo informativo, los niños pierden el control de su comportamiento, actuando de manera refleja a los múltiples estímulos presentes.

    ¿Qué podemos hacer?

    • Planificarse y organizarse el día: llevar juguetes para los ratos de espera y proporcionar momentos de más calma y control.
    • Si el niño se encuentra muy excitado, con calma retirarle de la situación un tiempo, no a modo de castigo sino para ayudarle a relajarse y controlar sus emociones.
    • Evitar permanecer demasiadas horas en sitios muy estimulantes.

    La causa real del mal comportamiento o las rabietas en los niños no es otra que el hambre, el sueño, la hiperestimulación o el aburrimiento

    4. Aburrimiento

    De manera natural los niños son curiosos y les encanta estar en movimiento y aprender de su entorno. Por ello, es natural que, si no le proporcionamos los estímulos adecuados (por ejemplo, si solo le damos un juguete, lo llevamos a hacer recados durante horas, mantenemos al niño en el coche sin estimularlo durante un largo recorrido…), el aburrimiento se apodere de ellos y se generen problemas de comportamiento.

    ¿Qué podemos hacer?

    • Fuera de casa: llevarle siempre una bolsita de juguetes y algo para colorear.
    • Darle tareas y hacerlo partícipe de nuestras actividades.
    • Usar juguetes creativos, añadiendo con frecuencia nuevos.
    • Cambiarle de sitio, no tenerle durante horas en la misma habitación.
    • Sacarle mucho al aire libre: ¡el parque y el campo son imprescindibles todos los días!

    Como vemos, en muchas ocasiones, la causa real del mal comportamiento no es otra que el hambre, sueño, hiperestimulación o aburrimiento. Parece obvio, pero a menudo nos olvidamos de las necesidades de los más pequeños, y pretendemos que sean ellos los que se adapten a nuestro ritmo de vida, creando niños estresados, nerviosos, malhumorados e infelices.

    Por Úrsula Perona
    Psicóloga infantil

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