Pequeños tiranos: el Síndrome del Emperador

En los últimos años no dejamos de oír casos de niños autoritarios que no aceptan un no por respuesta. Niños que, cuando no obtienen lo que quieren reaccionan desmesuradamente llegando, en los casos más extremos, a las agresiones verbales y físicas. A este comportamiento se le denomina Síndrome del Emperador, un fenómeno por desgracia cada vez más frecuente. Para conocerlo en profundidad hablamos con Bertrand Regader, psicólogo educativo y director de la revista digital Psicología y Mente.

Tal y como nos cuenta Bertrand, “lo que se ha denominado Síndrome del Emperador es un conjunto de conductas que manifiestan algunos niños y niñas de entre 5 y 12 años de edad que, básicamente, tienen un control exagerado sobre las acciones de sus padres: deciden cuándo ven la tele, cuándo se come, agreden e insultan a sus padres… En definitiva, son niños que se han acostumbrado a imponer sus normas”.

No existen estudios concluyentes sobre las causas del Síndrome del Emperador, pero la mayoría de expertos coinciden en que son distintos factores los que pueden incidir en la aparición de este conjunto de síntomas. Para el experto, se suelen señalar varias causas principales:

  • Un estilo educativo demasiado laxo y/o negligente (padres que pasan poco tiempo con sus hijos y que no ponen límites y normas de conducta) que conduce a estilos educativos de tipo culpógeno, esa forma de educar a los hijos que consiste en consentirles muchos caprichos y que tiende hacia la sobreprotección. “El mensaje que le mandan al niño es que el resto de personas están ahí para satisfacer sus necesidades y caprichos, con lo cual no es extraño que el niño adopte ciertas conductas desafiantes si no se atienden sus peticiones, y tenga una pobre tolerancia a la frustración. Digamos que se ha habituado a una dinámica de relaciones en la que él o ella es el centro de todo.”
  • Poca dedicación a la educación del niño por parte de los padres, que en ocasiones tienen difícil conciliar su vida laboral con la atención a su hijo.
  • La falta de contacto afectivo positivo.

“No es preciso ‘culpar’ a los padres de que su hijo adopte esas conductas, pero sí recae en ellos la mayor parte de responsabilidad a la hora de establecer límites, normas y un contexto afectivo y educativo positivo para el menor”. Y es que, en la mayoría de casos, el Síndrome del Emperador puede irse corrigiendo si los padres desarrollan ciertos patrones educativos y afectivos: “Desde la infancia temprana, los niños deben empezar a cumplir ciertas normas y hábitos. Es parte fundamental de una correcta educación, porque los prepara para que puedan ir asumiendo responsabilidades y estableciendo metas a largo plazo y por el beneficio común.”

Además de la educación que se les da en casa, ¿tiene algo que ver el momento social que estamos viviendo con el incremento de casos? Para Bertrand sí, ya que una de las causas del Síndrome del Emperador es la difícil conciliación de las exigencias laborales con el cuidado familiar. “Muchos padres delegan la educación de sus hijos en instituciones (guarderías, colegios, centros) o en los abuelos. Esto provoca que los niños pasen de unas manos a otras y no tengan muy claro cuál es su educador principal. Además, cuando un padre o una madre puede estar poco tiempo con su hijo por culpa de un trabajo demasiado exigente, es habitual que aproveche el poco tiempo que tiene para consentir al hijo. Son padres que llegan a casa agotados, sin fuerzas para dedicar a poner normas, límites y, en definitiva, a pensar en ciertos patrones educativos y afectivos que puedan beneficiar a sus hijos”.

Para conseguir sus propósitos, estos niños gritan, amenazan y agreden física y psicológicamente a sus padres. Se podría decir que su capacidad para ponerse en la piel de la otra persona está subdesarrollada. Por esta razón parece que no sean capaces de experimentar sentimientos como el amor, la culpa, el perdón o la compasión. Pero, ¿puede cualquier niño desarrollar este síndrome si se dan estos factores, o ha de tener problemas de empatía? Aunque el nivel madurativo en el ámbito de la empatía de estos niños está subdesarrollado, cualquier niño puede desarrollar este síndrome, ya que la empatía es una actitud que se aprende y se desarrolla durante la infancia. “Si como padres no sentamos las bases educativas para que el niño la pueda desarrollar correctamente, es probable que sufra un retraso madurativo a este nivel. Es un problema que tiene que ver con el estilo educativo que recibe el niño, y no tanto sobre ciertas características propias de su personalidad. Esto no significa que este cuadro sea insalvable, ni mucho menos. Tomando ciertas medidas educativas, podemos lograr que el niño cambie sus conductas y actitudes”, nos indica Bertrand.

A veces, este comportamiento en casa puede repercutir en otros entornos como el escolar o el social, además del familiar. Sin embargo, puntualiza Bertrand Regader, “la posibilidad de socializarse junto a otros compañeros puede empezar a modificar algunos de sus patrones conductuales, puesto que lo que se les permite en casa no se les permite en la escuela, donde son castigados y rechazados si no se socializan de forma positiva y adaptativa.”

Y como padres, ¿cómo podemos detectar si nuestro hijo padece este síndrome? Son varias las manifestaciones que pueden ponernos en alerta: excesivos berrinches, agresividad, poca tolerancia a la frustración… En general son niños que imponen sus normas y su criterio, y que se enfadan mucho si sus peticiones y caprichos no son atendidos. Además, se enfadan y sufren de ansiedad sin motivo aparente, tiene un sentimiento exagerado de propiedad, son egocéntricos y poco empáticos, y puede costarles adaptarse a nuevos entornos. “En cualquier caso, no es buena idea que los padres diagnostiquen a su hijo. Los profesionales de la salud mental somos quienes estamos facultados a estudiar cada caso para saber exactamente qué etiqueta diagnóstica merece, y para trazar un tratamiento acorde”, advierte Bertrand.

Muchos pensarán que los niños que sufren este Trastorno de Oposición Desafiante (TOD), son simplemente niños maleducados, pero son categorías distintas. Tal y como indica Bertrand, “el Síndrome del Emperador no designa a la persona, sino a ciertos patrones de comportamiento relacionados con la búsqueda inmediata de gratificación. De hecho, es importante dejar claro que no se trata de una enfermedad. Un niño maleducado es una etiqueta muy amplia y habría que ver qué entiende cada persona por tal adjetivo. Los psicólogos nos cuidamos mucho de no poner etiquetas negativas hacia las personas, con lo cual no somos muy dados a hacer juicios de valor sobre estas cuestiones, y menos si la persona afectada es un niño”.

La recomendación de Bertrand es que, una vez detectado, comience a tratarse cuanto antes, ya que son un conjunto de manifestaciones conductuales que pueden afectar gravemente a la vida del niño. Además de intervenir sobre el pequeño, es importante analizar el entorno familiar y las pautas educativas que hay en casa, ya que en muchas ocasiones, el cambio crucial se produce en el estilo educativo de los padres. “Un psicólogo educativo puede guiarnos perfectamente y dar el soporte necesario para que establezcamos límites claros a los pequeños de la casa, les demos el afecto necesario, establezcamos ciertas pautas educativas y promovamos un estilo educativo sano. En este sentido, se ha relacionado la aparición de TOD en niños que reciben un estilo educativo demasiado permisivo, y suele ser este punto el que debemos corregir”

Afortunadamente, todo tiene solución, y así nos lo hace ver Bertrand: “Los patrones de comportamiento son aprendidos, y por tanto se pueden desaprender. No hay ningún nexo entre padecer TOD en la infancia y tener problemas en la adolescencia o en la edad adulta, siempre y cuando los padres sean capaces de redirigir la situación lo más pronto posible. Nadie tiene una guía infalible para educar a los hijos, y es por eso que los psicólogos podemos ayudar a la hora de establecer reglas y estrategias para mejorar en este ámbito. Todo es cuestión de implicarse y querer aprender“.

También te puede interesar:

¿Qué opinas? Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *