Violencia en las relaciones de los adolescentes, ¿por qué?

Aunque suele asociarse a las relaciones adultas; En las últimas décadas, cada vez más adolescentes sufren y ejercen violencia de género. Según datos que lanzó el Instituto Nacional de Estadística (INE) en noviembre, el 95,3% de las chicas y el 92,8% de los chicos reconocen haber empleado alguna vez este tipo de violencia en sus noviazgos.

Los especialistas coinciden en que no existe un perfil único de maltratador ni víctima. Sin embargo, “hay que tener en cuenta dos factores. Primero, las características psicológicas del chico y de la chica, tales como la tendencia a responder agresivamente ante la frustración, actitudes hostiles, egocentrismo y falta de respeto por los demás, entre otros rasgos de comportamiento. Y segundo, valores sociales relacionados con la identidad de género asociados a ser dominante en la pareja, la presencia de celos y/o inseguridades, legitiman subjetivamente el supuesto derecho a controlar a la pareja”, señala Concepción López Soler, Doctora en Psicología y especialista en Psicología Clínica.

Detrás de un maltrato físico o previo a este, se encuentra latente un maltrato psicológico (conductas que implican humillaciones, amenazas, descalificaciones, control, posesividad…). “La primera agresión suele ser psicológica, pero la víctima adolescente, en muchos casos, no cree que sea una agresión, sino que está enfadado, que está de mal humor, que siente celos ‘porque me quiere’, etc. O, a veces siente miedo, culpa, indefensión y no sabe cómo salir de esta situación”, explica Ana Isabel Rosa Alcázar, Doctora en Psicología y coordinadora y profesora de diversos cursos en la Escuela de Prácticas Psicológicas de la Universidad de Murcia.

Por ello, la psicóloga recomienda que “cuando la persona va sintiendo que no puede ser ella, que tiene miedo a que la otra se moleste, se altere, debe pararse y ver qué está sucediendo”. Sin embargo, en varios casos existe una dependencia emocional y “esto es lo que se debe trabajar con los adolescentes”. A este respecto López Soler añade que “el maltrato va de menos a más, tanto en la frecuencia e intensidad, como en el tipo de comportamientos de maltrato, esto hace que la maltratada se condicione poco a poco a esas conductas y responda aceptándolas como normales”.

Este tipo de violencia se ejerce y se sufre en ambos sexos. Sin embargo, “reconocerse como una víctima necesitada de ayuda es algo difícil, sobre todo para las personas de sexo masculino, auténticas olvidadas de la violencia de género”, explica Noemí Pereda Beltran, Doctora en Psicología de la Universidad de Barcelona.

En los últimos años los casos de violencia de género entre adolescentes han aumentado e incluso son muchas las jóvenes que ven atractivo en la indiferencia o la agresividad en un hombre. Para López Soler: “La cultura del amor romántico y la falsa percepción de las relaciones que poseen las chicas en esta etapa, frecuentemente idealizada por la influencia del cine, la música o las revistas juveniles, pueden contribuir a que las jóvenes utilicen el sentimiento amoroso como justificación del control que la pareja pueda ejercer. Esta misma visión hace que los jóvenes se relacionen desde un rol estereotipado que asocia el control con la masculinidad. Igualmente, las jóvenes suelen ser bastante pudorosas sobre los problemas que afectan a su vida íntima, considerándose al mismo tiempo, autosuficientes, y rechazando la experiencia de las personas mayores”.

La etapa adolescente se caracteriza por el alejamiento paulatino de los padres. Por tanto, según Pereda Beltran estos “no suelen ser conscientes de que existe un maltrato hasta que comienzan a ver comportamientos de tristeza, aislamiento social, dependencia del maltratador, dolencias físicas, estrés, pesadillas, etc.”. Por eso, es muy necesario que haya una comunicación fluida “que permita a los hijos tener suficiente confianza como para explicarlo y pedir ayuda”. Además, para López Soler “resulta fundamental que los padres creen un clima familiar que transmita a sus hijos seguridad y confianza, en el que se pueda sentir escuchados y no juzgados. La violencia se suele identificar con violencia física, si bien la psicológica es la que más se usa, dejando huellas menos evidentes”.

Según la Junta de Andalucía estas son algunas de las señales que pueden indicarnos que nuestros hijos están sufriendo violencia de género:

  • Se aleja de sus antiguas amistades.
  • Conversa poco de sus problemas emocionales.
  • Duda de sus propios sentimientos y de su juicio.
  • Cree valer poco o nada. Se siente mal respecto a sí misma, se infravalora.
  • Se siente agradecida (de forma poco natural) cuando su pareja es respetuoso o afectuoso.
  • Aunque no esté de acuerdo, acepta las decisiones de su pareja. Pierde la voluntad.
  • Ignora sus propias necesidades a favor de las de su pareja.
  • Sacrifica su propia independencia por el deseo de recibir amor.
  • No sabe si desea finalizar la relación o continuar con ella.
  • Baja su rendimiento escolar o laboral.
  • Tiene problemas de salud.
  • Se altera su apetito (come más o está inapetente).
  • Su ritmo de sueño se modifica (duerme muy poco o demasiado).
  • Evita que se enfade su pareja.
  • Le tiene temor a su pareja.
  • Está continuamente en contacto con él a través de móvil o redes sociales, lo que le impide concentrarse en lo que esté haciendo en ese momento (tareas escolares, ver una película, hacer alguna tarea doméstica, mantener una conversación…).
  • Le cuesta trabajo concentrarse en sus actividades (antes no le sucedía). Se muestra muy distraída.
  • No acepta comentarios u opiniones acerca de su pareja o de su ‘nuevo estilo de vida’.
  • Se muestra irascible con sus maestros, compañeros de clase o amigas y amigos.
  • Se muestra irascible con vosotras/os o con sus hermanos y hermanas u otros familiares, reaccionando desproporcionadamente por cosas sin importancias.
  • Plantea problemas para ir de vacaciones o pasar fines de semana fuera si él no la acompaña.

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