Cómo fomentar una competitividad sana en nuestros hijos

Cómo fomentar una competitividad sana en nuestros hijos

Algunos niños siempre quieren ganar y si no lo consiguen incluso se enfadan y patalean. Son muy competitivos y tienen problemas para aceptar cualquier derrota ya sea jugando al fútbol en el colegio o a las cartas con sus hermanos. Si no lo controlamos a tiempo, se puede convertir en un problema para su futuro.

Competitividad constante

La competitividad constante puede ser un lastre para nuestros hijos. No podemos centrar su vida en resultados, notas o victorias. Nuestro hijo tiene un camino por delante en el que sufrirá muchas derrotas y también logrará muchos éxitos. Debe desde pequeño aceptar ambas situaciones y aprender desde pequeños a disfrutar del proceso, del camino.

Competitividad sana

Sin embargo la competitividad sana puede ser buena para nuestros hijos ya que motiva y logra que quieran conseguir mejores resultados confiando en su preparación y posibilidades. Un niño competitivo se exige mucho y busca dar lo mejor de sí mismo para obtener resultados. Disfrutan cuando ganan pero no aceptan bien una derrota. Cuando pierden pueden sufrir mucho y frustrarse.

Curiosamente algunos estudios han observado que los chicos suelen ser más competitivos que chicas. En el estudio realizado por Matthias Sutter y Daniela Rützler, en el Instituto de Investigación de Iza en Alemania, se buscó que participaran niños y niñas entre 3 y 18 años de edad. Tanto en una carrera como en unos ejercicios fáciles de matemáticas, que podían realizarse en competencia o en solitario, 3 de cada 5 niños elegían la competencia, pero solo una de cada 5 niñas lo hacía.

Los padres podemos cambiar su actitud ante la derrota o a la victoria por ejemplo cambiando nuestro lenguaje. No debemos enseñar “a ver quién gana” o “quién se pone antes el abrigo” desde pequeños. Con esas frases les estamos enseñando que quién gana es mejor y sufrirán si no ganan en todos los aspectos de su vida.

Fomentar la competitividad sanaCómo fomentar la competitividad sana

Demasiada competitividad no es buena para los niños porque pueden sufrir diversos problemas como la ansiedad o la baja autoestima. Pero también puede ser positiva si se plantea de una forma sana. Por ejemplo aprenderán a adquirir valores como el trabajo en equipo, la deportividad, la disciplina o la importancia de una buena preparación o el esfuerzo. Os vamos a dar algunos consejos para ayudar a vuestros hijos a competir de una forma sana.

1. No aprender a ganar sino a hacerlo lo mejor posible

Se trata de cambiar el foco y desde pequeños educar a nuestros hijos a hacerlo lo mejor posible no a ganar. No siempre se puede llegar a la victoria o al 10 y hay que aprender a asumirlo desde pequeños. Tienen que aprender a disfrutar del juego, del partido o del experimento no solo cuando ganamos sino también cuando perdemos. Deben aprender a reírse de su derrota y de sus fallos. Si quieren mejorar, tendrán que localizar sus puntos más flojos e intentar mejorarlos. Aprenderán que si en su día a día algo no sale como quieren pueden aprender de sus errores. Lo que les debe importar no es ganar sino hacerlo lo mejor posible cada día y en cada disciplina.

2. Conocer sus límites

Si a nuestro hijo no se le da bien el deporte, será muy difícil que llegue a ser el primero. No por ello tiene que tirar la toalla sino que debe intentar mejorar día a día. Pero también debe ser consciente de que le costará mucho llegar el primero a la meta. Su esfuerzo seguro que se verá mejor recompensado en otras disciplinas.

Fomentar la competitividad sana

3. Enseñar con el ejemplo

Nuestros hijos tienen que ver como nosotros también intentamos nuevos retos y que a veces ganamos o perdemos. Nos puede salir mal una comida, tenemos que esforzarnos en nuestros entrenamientos deportivos o suspendemos un examen de idioma que necesitamos para nuestro trabajo. Si nuestros ven que nos esforzamos e intentamos hacerlo lo mejor posible, ellos intentarán seguir nuestro ejemplo.

4. Ayudarle con valores

Si desde pequeños les enseñamos la importancia de valores como la importancia del trabajo en equipo o el esfuerzo constante, los practicarán durante toda la vida. Por ejemplo tenemos que dejarles claro que nunca se debe recurrir para ganar a la trampa o la mentira.

5. Convertirse en su “coaching”

Los padres podemos intentar ayudar a nuestros hijos a que se concentren en el esfuerzo y no en el resultado. No tenemos que preguntarles todos los días por las notas, los premios o los goles. No debemos centrarnos solo en el resultado ya sea positivo o negativo sino en el esfuerzo que ha realizado nuestro hijo. Además debemos intentar que su vida no convierta en una competición continua desde que se levantan hasta que se acuestan. Que no sean esos niños que quieren los primeros de la fila, los primeros en la mesa, los primeros en todo. Les evitaremos la ansiedad y el estrés que les puede producir una competitividad constante.

Lo importante es disfrutar de todas las actividades que emprenden en la vida y que aprendan a mejorar sus errores. Una competitividad sana puede ser buena para nuestros hijos si les enseña valores como el trabajo en equipo o la importancia del esfuerzo. Una competitividad constante puede ser un gran lastre para su día a día.

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