Cómo responder a las típicas preguntas de sexo de nuestros hijos

Cómo responder a las típicas preguntas de sexo de nuestros hijos

Los niños son curiosos por naturaleza. Preguntan, preguntan y preguntan y nunca llegan a satisfacer su ansia de conocimiento, algo que suele hacernos mucha gracia. Pero también es cierto que, en algunas ocasiones, logran dejarnos sin palabras, porque, ¿cómo podemos contestar a ciertas preguntas que nos hacen, sobre todo si tratan sobre sexo o sexualidad? ¿Qué debemos hacer cuando ellos, en su inocencia, nos llevan a una situación comprometida en la que no sabemos bien qué decirles? Y es que estas preguntas pueden aparecer desde muy temprana edad. “Es algo variable, depende mucho del niño o niña, y está a veces condicionado por el número de hermanos, amigos, acceso a información, películas, etc…Pero entre el año y medio y los 3 años ya pueden aparecer las primeras preguntas”, explica en una entrevista concedida a Sapos y Princesas Diana Sánchez, Psicóloga Perinatal y Sexóloga.

Cuáles son las preguntas más comunes

Las preguntas suelen ser diferentes en función de la edad y muy difíciles de prever. Sin embargo, sí que existen algunas más comunes, con lo que nos dan una pista para poder ir pensando con tiempo nuestra respuesta. “Más o menos podríamos decir que desde el año hasta los 3 años hacen preguntas sobre las diferencias anatómicas entre ellos y el sexo opuesto, lo que es una buena oportunidad para hablarles de ello con naturalidad. Desde los 3 ó 4 hasta los 6 ó 7 años, ya es frecuente que se pregunten por cómo nacen los niños, sobre todo si van a tener hermanos, o tienen cerca embarazadas, y lógicamente pueden preguntar sobre cómo ha ocurrido y cómo es posible que esté creciendo un bebé en la tripa de una embarazada. Pero también suele aparecer en torno a esta edad el pudor infantil, entonces puede ocurrir que haya niños que no pregunten ya por vergüenza”.
Siempre hay que intentar contestar sin mentir, sin ocultar y sin evadir sus preguntas. Es muy importante llamar a las cosas por su nombre, no con eufemismos.
Sin embargo, la etapa más complicada es la pre-adolescencia. “Desde los 8 ó 9 años hasta los 12 ó 14, realmente ya entienden que hay algo entre un hombre y una mujer, han visto algunas escenas, se preguntan cómo se sienten un hombre y una mujer cuando se acarician, se besan, etc…Sin olvidar que quizá lleven con juegos sexuales desde mucho tiempo atrás. Las preguntas ya pueden ser mucho más explícitas y quizá precisas que en épocas anteriores”, asegura Diana Sánchez.
Otras dudas, también frecuentes, tienen mucho que ver con las diferentes tendencias sexuales.

Cómo debemos contestarles

Ante esta serie de preguntas se nos plantea una duda fundamental, ¿cómo debemos contestarles? “Siempre hay que intentar contestar sin mentir, sin ocultar y sin evadir sus preguntas. Es muy importante llamar a las cosas por su nombre, no con eufemismos (…) Adaptar el lenguaje a su edad, y no dar tampoco más información que la que ellos mismos han solicitado“. Para ayudarnos, podemos utilizar libros, cuentos y material audiovisual, adaptado a la edad de cada niño, como estos libros de sexualidad para niños, adolescentes y padres que hemos seleccionado para ti en Sapos y Princesas
“Les explicaría que si quieren saber de sexo, nosotros podemos ayudarles y que lo que circula por la red, no está basado en la mayoría de las ocasiones en la realidad y que esto les va a confundir mucho.”
Cuando consideramos que las preguntas son demasiado comprometidas para la edad que tienen debemos utilizar las llamadas preguntas reflejo, es decir, “les contestamos con su misma pregunta, pero le decimos ‘qué necesitas que te explique sobre…'”. No obstante, hay que tener en cuenta que en numerosas ocasiones esas preguntas no nacen de ellos mismos porque sí, sino por tener contacto o haberlas oído de niños más mayores. Lo ideal en estos casos es “investigar por qué tienen esa duda que nos resulta poco adecuada, y luego valorar el tipo de respuesta. Pero sin enfadarnos ni evadir de nuevo la pregunta”.
Pero también puede ocurrir el caso contrario, y según va pasando el tiempo, descubrimos que nuestros hijos no suelen preguntarnos acerca de sexualidad. “Yo intentaría observarlos siempre y acompañarlos”, nos recomienda Diana Sánchez. “Todos los niños tienen curiosidad por su cuerpo, por el de otros, etc…pero en caso que no salga el tema -porque los niños sean muy tímidos, por ejemplo- intentaría tener  por casa cuentos sobre sexualidad, y leérselos si ellos quieren. Otro buen momento es ante embarazos de familiares”.

Qué ocurre cuando ya han visto sexo en televisión, cine, Internet o revistas 

Reconozcámoslo, a todos nos ha pasado en algún momento; estamos viendo la televisión o una película y, sin esperarlo, aparece una escena de alto contenido sexual. Un momento incómodo en el que no todos sabemos cómo reaccionar. “Lo ideal sería que no se vean expuestos a ello, pero como entiendo que a veces es inevitable, no hay que tampoco darle importancia, observarlos y quizá responder si hacen alguna pregunta. Si vemos que el contenido es demasiado explícito para su edad o inadecuado, quizá habría que explicar más, y en casos que realmente veamos que no es adecuado, yo lo quitaría sin darle más importancia. Al fin y al cabo somos sus educadores, y debemos elegir el contenido al que están expuestos, y si consideramos que no lo es, quitarlo. Lo mismo que quitaríamos contenido sumamente violento por ejemplo. Pero explicando que no es malo, pero que no es adecuado para ellos“, nos explica Diana Sánchez.
“No se trata de culpabilizar por la conducta, pero sí explicar lo irreal y a veces peligroso de ese contenido”.
En el caso de que descubramos que han tenido acceso a contenido pornográfico, ya sea en la web o en una revista, el primer paso que debemos dar es visualizar el contenido y valorarlo. “En caso de que sea inadecuado, les explicaría que si quieren saber de sexo, nosotros podemos ayudarles y que lo que circula por la red, no está basado en la mayoría de las ocasiones en la realidad y que esto les va a confundir mucho, y darles información errónea y creencias inadecuadas. Que podemos buscar algo para ver juntos, y explicarles las dudas que tengan. No se trata de culpabilizar por la conducta, pero sí explicar lo irreal y a veces peligroso de ese contenido”.
Dependiendo de la edad y el contenido, el estar expuestos a cierto material pornográfico y la falta de información al respecto puede llegar a afectarles. “Muchas veces no tiene por qué ser nada importante, y menos si ha sido algo esporádico. En cambio si hay una exposición habitual y de contenido sexual muy explícito y violento (que en ocasiones así es), puede que se hayan generado expectativas inadecuadas, o incluso hayan aprendido conceptos erróneos, mitos, y una inadecuación de roles. Esto puede ser dañino, y hay que estar atentos para actuar en estos casos”.

Cómo tratamos la sexualidad padres e hijos en la era de Internet

Los padres de hoy en día estamos convencidos de que sabemos gestionar el tema de la sexualidad con nuestros hijos mejor de lo que lo hicieron los nuestros, pero, ¿realmente es así? “Pensamos que sí, porque tenemos acceso a la información a golpe de click. Pero no es verdad. Se sigue viviendo el sexo como un tabú, y depende de los padres puede que declinen la educación sexual a la escuela. Somos los padres los primeros y más potentes agentes educadores de nuestros hijos. Es nuestra responsabilidad ofrecerles información desde que son niños, y, si no disponemos de ella, buscar ayuda para hacerlo desde lo más temprano posible y con material adecuado a cada edad (cuentos, películas, etc…). Quizá existan algunas mejorías con respecto a la generación de nuestros padres, pero queda camino por recorrer”.
También damos por hecho que nuestros hijos, debido a la educación sexual que reciben tanto en casa como en los colegios tendrán menos tabúes y una relación con el sexo sana y natural. Sin embargo, no siempre es así. “Parece obvio pensar que sí, pero luego la realidad me tiene algo sorprendida”, confiesa Diana Sánchez. “Escuchamos que hay adolescentes realizando conductas sexuales de riesgo (muelling, acting…), pero luego, tengo la duda de que disfruten de ese tipo de sexualidad. Un tabú como tal es un tema a evitar, quizá un sector no lo evite, y haya incluso una hipersexualización. Pero, ¿están por eso más preparados y tienen relaciones sexuales más sanas? No lo creo”, sentencia la psicóloga perinatal y sexóloga.

 

Por Miriam Hernández

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