Conócete a ti mismo con la ventana de Johari

Conócete a ti mismo con la ventana de Johari

Son muchas las ocasiones en las que, como seres racionales, tenemos el deseo e incluso la necesidad de comprender quiénes somos. Con esto no hacemos referencia a esa parte más superficial y observable en el día a día, sino a quiénes somos realmente, qué nos define y por qué pensamos, sentimos y actuamos como lo hacemos.

Si te tomas unos minutos para anotar una breve descripción sobre ti mismo, posiblemente acabes por encontrarte frente a un extenso y vacío espacio en blanco, con una serie de etiquetas proyectadas bajo un proceso de introspección mínimo e incluso nulo, más bien basadas en aquello que pensamos que es socialmente aceptado.

Este extenso y vacío espacio en blanco simboliza la necesidad de autoconocimiento, de sustituir un vacío interior por una densa y compleja descripción personal.

Sentimientos
Diferentes emociones y sentimientos

El autoconocimiento no es tarea fácil; de hecho, resulta un ejercicio tremendamente complejo y más aún si no tenemos un buen y profundo conocimiento de nosotros mismos- A medida que nos conozcamos mejor, podremos más fácilmente cambiar y mejorar. Este proceso puede darse en un área específica, por ejemplo, el contexto familiar y mi rol en el mismo; en una situación cuya base se presenta casi diariamente, por ejemplo, la forma en la que tiendo a relacionarme con un superior; o de manera general en mi interacción con el ambiente, con los otros, y conmigo mismo.

Como podemos observar, en cualquiera de estos aspectos existe una interacción con una tercera o terceras personas. De este modo y trasladando la utilidad y beneficio del ejercicio que presentamos a continuación a los niños, tenemos dos formas de motivar su ajuste al medio de la forma más adaptativa posible: por un lado y dependiendo de la edad a la que nos refiramos y al estadio cognitivo en el que se encuentre en función de su etapa de desarrollo, acompañarles en este elaborado proceso cognitivo; o bien, de forma indirecta, tras la modificación de una de las partes influyentes en su relación con el ambiente, la parte que nos confiere a nosotros como padres, abuelos, tutores o terapeutas.

Para hacer este proceso más factible nos apoyaremos en una herramienta de la psicología cognitiva creada por los psicólogos Joseph Luft y Harry Ingham: La ventana de Johari.

ventana de johari
La ventana de Johari | Fuente: masquepsicologia.es

Como puede observarse, se trata de un cuadrante dividido en 4 secciones o áreas formadas a partir del grado de conocimiento de uno mismo: desde la autopercepción hasta la percepción de terceros.

Área pública

Zona en la que converge la información conocida y compartida tanto por uno mismo como por las personas que le rodean. Se trata del área en la que encaja aquella información de nosotros mismos que no nos esforzamos por ocultar.

Área ciega

Es aquí donde podemos situar la información cuya existencia desconocemos pues nadie ha hecho mención a la misma o, por el contrario, ha sido puesta en evidencia pero de manera ocasional debido a lo violento que puede resultar su recepción para el interlocutor. Hacemos mención a las limitaciones y desajustes internos mostrados de forma inconsciente mediante aspectos no verbales, como miedos, inseguridades y sentimientos de inferioridad, entre otros.

Área oculta

Estadio en el que se sitúa todo aquello que nos esforzamos por ocultar a los demás, desde experiencias íntimas y sentimientos, hasta opiniones y juicios. Tras una valoración personal y por lo tanto subjetiva, creemos que su expresión anticiparía actitudes de menosprecio y rechazo.

Área desconocida

Hace referencia al más puro mundo del inconsciente. Se trata de aquellas vivencias, sentimientos, instintos y contenidos olvidados o, mejor dicho, bloqueados por nuestra propia mente en una clara intención de promover la supervivencia del organismo.

El ejercicio

Apoyados en el esquema presentado anteriormente, se trataría de reconocer de forma explícita los elementos presentes en el área pública haciéndonos aún más conscientes de su existencia; en lo que al área ciega respecta, promover la apertura desde el respeto ajeno y la propia firmeza y seguridad de aceptar determinada información de terceros que nos cause emociones desagradables, cierto dolor y vergüenza; apoyados en el área oculta, identificar y, en caso de que fuera oportuno, compartir, los aspectos que nos esmeramos en esconder a los demás como paso previo a la elaboración de un plan de acción que conlleve su gestión y modificación; y, por último, valorar la posibilidad de adentrarnos en un proceso guiado y controlado por un profesional como factor determinante en el mayor ajuste posible en todas las áreas vitales.

Andrea Vega Seoánez
Psicoterapeuta
MásQuePsicología

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