Acaba con las rabietas con la Técnica de la Tortuga

La Técnica de la Tortuga es una dinámica para mejorar el autocontrol de la conducta impulsiva. Se usa con bastante éxito en niños que tienen dificultades para expresar adecuadamente sus emociones, generalmente la ira y la frustración. A menudo estos peques tienen explosiones o conductas agresivas cuando no consiguen lo quieren o algo les molesta.

Con esta técnica les ayudamos a que puedan demorar un poco su respuesta ante estas situaciones, y de esta manera permitimos que baje la intensidad de sus emociones.

Está dirigida a niños desde preescolar hasta segundo curso de Primaria.

¿Qué queremos conseguir?

  • Que el niño sea capaz de controlar su conducta ante situaciones estresantes o que le generan rabia.
  • Que el niño sea capaz de expresar esas emociones de una manera adecuada, no agresiva ni hostil.
  • Que gane en autocontrol y se reduzca la impulsividad.

¿Cómo la aplicamos?

  1. Le leemos al niño el cuento de la Tortuga (más abajo os lo adjuntamos). Buscamos ejemplos en las conductas del  niño para que se identifique con el personaje que lo protagoniza.
  2. Se enseña al niño a responder a la palabra “Tortuga” cerrando los ojos, pegando los brazos al cuerpo, bajando la cabeza al mismo tiempo que la mete entre los hombros, y replegándose como una tortuga en su caparazón. Le explicamos que cuando le veamos muy nerviosos, o con rabia o enfado, le diremos la palabra “Tortuga” para que sepa que es un buen momento para “parar y pensar”.
  3. También se le explica que él mismo la puede usar cuando se encuentre en una situación “peligrosa”, en la qué el mismo sabe que lo más normal es que acabe pegando, mordiendo…etc. Es importante que vaya aprendiendo a conocer y canalizar sus emociones.
  4. No olvidéis reforzar positivamente con elogios cuando el niño sea capaz de poner en práctica la Tortuga.

¡Esperamos que os sirva!

El cuento de la tortuga

Hace mucho tiempo, vivía una tortuga pequeña y risueña. Tenía 5 años. Se llamaba Torti. A Torti no le gustaba ir a la escuela. Prefería quedarse en casa con su madre y su hermanito. No quería estudiar ni aprender nada: sólo le gustaba correr y jugar con sus amigos, o pasar las horas mirando la TV. Le parecía horrible tener que leer y leer, y hacer esos terribles problemas de matemáticas que nunca entendía. Odiaba con toda su alma escribir y era incapaz de acordarse de apuntar los deberes que le pedían.

tortugaTampoco se acordaba nunca de llevar los libros ni el material necesario a la escuela. En clase, no escuchaba a la profesora y se pasaba el rato haciendo ruiditos que molestaban a todos. Cuando se aburría, que pasaba a menudo, interrumpía la clase chillando o diciendo tonterías que hacían reír a todos los niños.

A veces, intentaba trabajar, pero lo hacía rápido para acabar enseguida y se volvía loca de rabia cuando, al final, le decían que lo había hecho mal. Cuando pasaba esto, arrugaba las hojas o las rompía en mil trocitos. Así pasaban los días…tortuga

Cada mañana, de camino hacia la escuela, se decía a sí misma que se tenía que esforzar en todo lo que pudiera para que no le castigasen. Pero, al final, siempre acababa metida en algún problema. Casi siempre se enfadaba con alguien, se peleaba constantemente y no paraba de insultar. Además, una idea empezaba a rondarle por la cabeza: «soy una tortuga mala» y, pensando esto cada día, se sentía muy mal. Un día, cuando se sentía más triste y desanimada que nunca, se encontró con la tortuga más grande y vieja de la ciudad. Era una tortuga sabia, tenía por lo menos 100 años, y de tamaño enorme. La gran tortuga se acercó a la tortuguita y deseosa de ayudarla le preguntó qué le pasaba: – ¡Hola! –le dijo con una voz profunda– te diré un secreto: no sabes que tortugallevas encima de ti la solución a tus problemas»

Torti estaba perdida, no entendía de qué le hablaba. «¡Tu caparazón!» exclamó la tortuga sabia. Puedes esconderte dentro de ti siempre que te des cuenta de que lo que estás haciendo o diciendo te produce rabia. Entonces, cuando te encuentres dentro del caparazón tendrás un momento de tranquilidad para estudiar tu problema y buscar una solución. Así que ya lo sabes, la próxima vez que te irrites, escóndete rápidamente».

A Torti le encantó la idea y estaba impaciente por probar su secreto en la escuela. Llegó el día siguiente y de nuevo Torti se equivocó al resolver una suma. Empezó a sentir rabia y furia, y cuando estaba a punto de perder la paciencia y de arrugar la ficha, recordó lo que le había dicho la vieja tortuga. Rápidamente encogió los bracitos, las piernas y la cabeza y los apretó contra su cuerpo, poniéndose dentro del caparazón. Estuvo un ratito así hasta que tuvo tiempo para pensar qué era lo mejor que podía hacer para resolver su problema. Fue muy agradable encontrarse allí, tranquila, sin que nadie le pudiera molestar.tortuga

Cuando salió, se quedó sorprendida de ver a la maestra que le miraba sonriendo, contenta porque se había podido controlar. Después, entre las dos resolvieron el error («parecía increíble que con una goma, borrando con cuidado, la hoja voliera a estar limpia»). Torti siguió poniendo en práctica su secreto mágico cada vez que tenía problemas, incluso a la hora del patio. Pronto, todos los niños que habían dejado de jugar con ella por su mal carácter, descubrieron que ya no se enfadaba cuando perdía en un juego, ni pegaba sin motivos. Al final del curso, Carla-tortuga lo aprobó todo y nunca más le faltaron amiguitos.

Por Úrsula Perona
Psicóloga infantil

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