Mulva-Munigua, viaja a la magia romana

Como en el municipio sevillano en el que se encuentra, Villanueva del Río y Minas, nació y vivió por un rico mineral, en su caso, fundamentalmente, el hierro. Y su escasez la hizo, cinco siglos más tarde, desaparecer. Munigua, localizada al sur de las estribaciones de Sierra Morena, fue hace dos mil años el Municipium Flavium Muniguense de la romana provincia Baetica, apartado de las grandes vías de comunicación pero, a la vez, tan necesario para suministrar de hierro al Imperium. No en vano, Munigua fue probablemente el mayor productor de hierro de toda la Bética romana.

Esta antigua ciudad, que demuestra que hay mucho más del pasado romano en Sevilla que otros enclaves más conocidos como Itálica, fue fundada en la segunda mitad del siglo I después de Cristo sobre un poblado turdetanocontrolaba la intensa actividad minera de la zona, y ejerció durante siglo y medio como centro político, administrativo y religioso en la Vega del Guadalquivir y las primeras estribaciones de la Sierra Norte de Sevilla.

Vista general de la ciudad romana de Munigua.

Se asienta sobre una colina, para sus habitantes romanos la Colina Sagrada, que se eleva ante el arroyo Tamohoso, donde aún habitan en libertad algunos de los escurridizos ejemplares de galápago europeo que pueblan la serranía. La visita a este antiguo asentamiento romano ofrece también pues un atractivo para los amantes de la naturaleza y de actividades deportivas como el senderismo o el ciclismo, ya que el enclave se halla en una finca privada, en la que no se permite el acceso a los vehículos.

Por ello, los 2,5 kilómetros de recorrido que llevan a Munigua desde el apeadero de Renfe, donde hay una zona de aparcamiento, se han de hacer andando o en bicicleta. El citado recorrido se inicia tras una verja cerrada, pero que se puede abrir, ya que la entrada está permitida por el dueño de la finca. Es conveniente, no obstante, no hacer la visita en épocas de calor extremo y de lluvia, ya que se ha de cruzar el arroyo antes de llegar al yacimiento.

Santuario romano de Munigua.

El recinto urbano de esta ciudad santuario tenía todo su perímetro amurallado y en su interior también se ubicaban dos necrópolis y un mausoleo, entre otras importantes construcciones. Pero la crisis minera y un terremoto en el siglo III propiciaron el progresivo declive y abandono de este asentamiento, cuyas ruinas llamaron la atención desde hace varios siglos, siendo estudiadas sólo  de forma casual.

Fue en el siglo XVIII, cuando unos eruditos sevillanos de la Academia de Buenas Letras descubrieron allí inscripciones que atestiguaban que se trataba de una antigua ciudad romana, con un gran santuario, aunque la tradición popular le sigue hoy llamando “castillo”. Pero no fue hasta mediados del siglo pasado, cuando el arquitecto Félix Hernández Giménez destacó la importancia de las construcciones romanas que se encuentran en lo alto del cerro de aquel lugar, la Colina Sagrada.

Ninfa de Munigua.

A partir de entonces, los estudios del Instituto Arqueológico Alemán, consiguieron dar al conjunto arqueológico el valor actual. En el Museo Arqueológico de Sevilla puede observarse también el resultado de las excavaciones, en las que se hallaron, entre otras obras de gran valor, esculturas, ajuares funerarios y una amplia gama de objetos domésticos.

Volviendo al Conjunto Arqueológico de Mulva-Munigua, en la cumbre del monte, la Colina Sagrada acoge el gran templo escalonado, excavado en la roca en forma de terrazas con rampas que funcionan como mirador de excepcionales vistas sobre la dehesa. El Santuario de Mulva, que al ser descubierto se creyó en un primer momento por su curiosa forma un castillo (de ahí que aún muchos se refieran a él como “Castillo de Mulva o Munigua”), recuerda también a las antiguas construcciones religiosas de la América precolombina, a los templos incas o aztecas de la época precolonial.

Vista general del santuario romano de Munigua.

De hecho, un santuario romano con esta forma aterrazada, como el de Munigua, no tiene paralelos directos en la Península Ibérica, según el profesor Theodor Hauschild, del Instituto Arqueológico Alemán. Sus prototipos los encontramos en Lacio, en Italia, donde en los siglos III y II a.C. surgieron varios santuarios en forma de terrazas. Este tipo de santuario nació en la época helenística, como muestra el santuario de Koos.

El santuario romano de Munigua se erige pues de forma única y majestuosa sobre la Colina Sagrada de la sierra, cuyas edificaciones romanas más antiguas datan, sin embargo, del siglo I después de Cristo. Delante del santuario se encuentra, en un nivel más bajo, un templete del tipo de podio, construido en una pequeña plaza o patio rodeado de un pórtico. Las columnas encontradas en el templete dedicado a Mercurio con los típicos capiteles corintios de las hojas de acanto evidencian de nuevo la influencia del gusto helenístico.

Detalle del templete de Munigua.

Y es que la ciudad romana de Munigua, con su santuario, foro (o plaza), basílica (o centro administrativo), termas (baños públicos), viviendas, mausoleo, necrópolis, murallas y sus características fundiciones, está imbuida del halo más mágico de la mitología romana, con varias edificaciones religiosas, en las que se rendía culto a dioses como Mercurio y también al propio emperador, siendo la más peculiar por su forma el gran santuario, ricamente decorado en su día con mármol  de varios colores. De hecho, la peculiaridad de su forma influye en la de la propia ciudad, hasta el punto de que, a diferencia de lo habitual en el trazado urbanístico de la típica ciudad romana, la alineación de las calles de Munigua no sigue un trazado octogonal, sino que respeta las formas naturales de su Colina Sagrada.

Columna de la ciudad romana de Munigua.

Munigua, cuya riqueza del hierro dio a la ciudad romana su máximo esplendor en el siglo II después de Cristo también tras el cambio de estatus jurídico otorgado por el emperador Vespasiano a fines del siglo I, fue decayendo, sin embargo, poco a poco. Vespasiano les había concedido el derecho latino a sus ciudadanos y había elevado la ciudad a la condición de Municipio Flavio Muniguense. Pero Munigua comenzó a languidecer a partir del siglo IV, al ir acabándose el mineral y tras un terremoto, decayendo de forma paulatina hasta el siglo VI, en el que la población romana abandonó el lugar. Hoy en día aún le rodea un halo de misterio.

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Conjunto Arqueológico de Mulva-Munigua
Camino Cañada Real de El Pedroso Junto al arroyo del Tamohoso, a unos 8 kms hacia el norte de Villanueva del Río y Minas, 41350 Villanueva del Río y Minas, Sevilla
Cómo llegar



Miércoles, Jueves, Viernes, Sábados, Domingos: 9:00 - 13:30

Edad: De 3 a 12

Precio: Gratis