Entrevista con el pediatra Carlos González

Para Carlos González, pediatra y autor de Bésame mucho , ser padre es lo “más importante que puedes hacer en la vida”. Como experto en la materia, nos da las claves para hacerlo lo mejor posible.

Sapos y Princesas: Como pediatra y como padre, ¿qué consejo le daría a una mujer que se enfrenta por primera vez a la maternidad?
Carlos González: Creo que lo primero de todo es no tener miedo a demostrarle a nuestros hijos el amor que sentimos por ellos.

SyP: ¿Cuáles son los temas que más preocupan normalmente a los padres respecto al cuidado de los bebés?
C.G.: La lactancia, el sueño, la comida… ¡y todo!

SyP: En su opinión, ¿qué es lo más importante para que un bebé crezca sano y feliz?
C.G.: Además de lo obvio, aire, agua potable y comida suficiente, necesita unos padres que le traten con cariño.

SyP: ¿Qué opina de las escuelas de padres y de inteligencia emocional tan extendidas en los últimos años?
C.G.: No sé, nunca he ido a una. Por principio, creo que los padres pueden cuidar a sus hijos sin necesidad de ir a una escuela de padres, como se ha hecho durante un millón de años. Pero, claro, antes se vivía en familias extensas y en comunidades más abiertas, algunos padres pueden necesitar un substituto de la experiencia que antes daba el trato con hermanitos y sobrinos y de los consejos que antes prodigaban abuelos, parientes y vecinos.

Por otra parte, se han dicho tantas tonterías sobre el cuidado de los hijos (tonterías como “10 minutos de cada lado cada 3 horas” o “no lo cojas en brazos que se malcría”), que algunos padres pueden necesitar que alguien les explique la verdad y les desmonte los mitos. Lo que no sé (puesto que no existen requisitos previos ni supervisión) es si algunas de esas escuelas de padres están precisamente promoviendo los mitos antiguos (o inventando mitos nuevos).

SyP: Defensor a ultranza de la lactancia materna, convenza brevemente a una madre que tiene dudas sobre si dar el pecho o no a su hijo.
C.G.: Uy, eso no lo he intentado nunca. Yo me dedico a intentar ayudar a aquellas madres que sí que desean dar el pecho. Si alguna no quiere, lo más que puedo hacer es preguntarle el motivo, y si es que le han dado información errónea, si por ejemplo cree que no puede dar el pecho porque está tomando hormona tiroidea o porque es miope, le puedo explicar que eso no es cierto, que sí que puede. Pero si me dice que no quiere dar el pecho porque no le da la gana, pues está en su perfecto derecho.

SyP: Hablemos de las vacunas, explíque brevemente a los padres por qué cree que es tan  importante que los niños estén vacunados según el calendario oficial de vacunación. 
C.G.: En el calendario oficial están las vacunas que las autoridades de cada país consideran necesarias para todos los niños. Porque son vacunas muy eficaces y con muy pocos efectos secundarios contra enfermedades muy graves. Enfermedades a las que a veces hemos perdido el miedo porque, precisamente gracias a las vacunas, algunas de ellas casi han desaparecido. Pero podrían volver en cualquier momento si dejásemos de vacunar.

SyP: Estamos viendo cómo se están eliminando de la seguridad social algunas vacunas hasta hace muy poco obligatorias, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid la del neumococo ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de este tipo de acciones por parte de los diferentes gobiernos?
C.G.: Personalmente, creo que la decisión de incluir la vacuna del neumococo en el calendario fue precipitada. Por eso la mayor parte de las demás comunidades autónomas no la incluyeron, y por eso Madrid acabó retirándola.

Lamentablemente, en España hemos tenido 17 calendarios autonómicos de vacunación, y en ocasiones se han hecho pequeñas modificaciones por motivos puramente políticos. Es de esperar que de una vez se haga un solo calendario consensuado, y que todo el mundo lo siga. Incluida la Asociación Española de Pediatría, que lamentablemente propone un calendario número 18 que es el más diferente de todos los demás. Esta confusión no hace más que disminuir la credibilidad de las autoridades sanitarias, de los profesionales y de las vacunas.

SyP: Acaba de publicar “Creciendo juntos. De la infancia a la adolescencia con cariño y respeto”, basado ya en su experiencia como padre de hijos adolescentes. Echando la vista atrás ¿Cuáles pueden ser las consecuencias a largo plazo de que actualmente pasemos menos tiempo con nuestros hijos en la primera etapa de sus vidas?
C.G.: Los disfrutamos menos, y los conocemos menos. ¿Le da a usted la misma seguridad volar con un piloto que tiene 50 horas de vuelo que con uno que tiene 10.000 horas de vuelo? Pues unos padres que han escolarizado a su hijo precozmente y lo han dejado toda su infancia en el comedor escolar, actividades extraescolares, con abuelos y con canguros, tampoco se sienten igual de seguros, cuando llega la adolescencia, que unos padres que han pasado muchas horas con sus hijos.

SyP: En este libro se muestra contrario a la iniciativa tan extendida en los últimos años de premiar a los niños y “chantajearles”. Casi todos los padres han chantajeado a sus hijos alguna vez ¿Cuáles son las consecuencias negativas de este tipo de práctica y por qué otras debemos sustituirlas?
C.G.: Hay una cuestión práctica y una cuestión ética. La cuestión práctica es que numerosos estudios demuestran, tanto en niños como en adultos, que los premios y los castigos no son eficaces para modificar la conducta. La cuestión ética es que el que hace algo sólo porque le han prometido un premio es… un interesado. Cuando le prometemos a nuestro hijo un premio por estudiar, le estamos enseñando en realidad varias cosas:

1.- Que, si no hay premio, no vale la pena estudiar.

2.- Que no creemos que estudiar sea algo bueno para él. Porque si fuera bueno para él, estaría deseando hacerlo, ¿no? No, lo bueno para él es el premio, estudiar es un rolllo. (¿Se lo imagina al revés?: “anda a ver la tele, y sin rechistar. Si miras la tele durante tres horas, luego te dejo estudiar un poco”).

3.- Que estamos convencidos de que a él no le gusta estudiar, y nunca lo haría si no hubiera un premio. Que no confiamos en su capacidad ni en su interés ni en su laboriosidad.

¿Por qué otras prácticas sustituirlo? No hace falta nada especial. Simplemente, si queremos que haga una cosa, se lo pedimos. Casi siempre lo hará. Pero no siempre. Como todo el mundo.

SyP: Nadie nos enseña a educar a nuestros hijos, ¿cómo saber si lo estamos haciendo bien?
C.G.:
¿Les quieres, se lo demuestras? Pues lo estarás haciendo bastante bien.

SyP: También trata las consecuencias de la separación en los niños, ¿cómo deben actuar los padres para que los conflictos de pareja influyan lo menos posible en sus hijos?
C.G.: Lo primero de todo sería no separarse. Lo siento, pero es así. La separación de los padres siempre tiene terribles consecuencias para los hijos. En muy raros casos (un padre maltratador, por ejemplo), podría ser mejor el divorcio que la convivencia (siempre y cuando, claro, el juez no conceda custodia compartida al maltratador, que también se han visto casos). Pero en general, lo que hay que hacer es un decidido esfuerzo para evitar esa separación.

Y si no se consigue, pues hay que hacer un esfuerzo para disminuir las consecuencias negativas (disminuir, porque evitarlas del todo es imposible). Hay que ceder antes que convertir al niño en pieza de cambio o rehén para la discusión. Hay que abstenerse de insultar y denigrar al otro cónyuge. Hay que dejarle bien claro al niño que él no tiene la culpa de nuestra separación. Hay que evitarle los conflictos de lealtades, no echarle en cara que quiera ir con papá al zoo o que prefiera que mamá le cuente un cuento. Hay que evitar las separaciones de su cuidador primario (que suele ser la madre) durante los primeros años. Hay que abstenerse de entrar en una carrera para comprar su amor con juguetes y chuches.

Por Cristina Jaramillo

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