El cuidado de la piel frágil del bebé

De forma intuitiva, casi todos consideramos que la piel del bebé es más frágil que la de un niño mayor o la de un adulto. Pero, ¿esto se basa en algún fundamento científico?, y si es así, ¿realmente debemos cuidar de modo especial y con productos especiales la piel del bebé?

Como dermatólogo pediátrico, voy a intentar responder a estas cuestiones:

La piel del recién nacido desempeña un papel fundamental en la transición que se da, desde el medio acuático intrauterino, donde el feto se encuentra protegido, hasta el momento del nacimiento, en que pasa de forma brusca al medio aéreo, seco y frío del exterior.

La integridad de la piel es esencial en el mantenimiento de la función barrera para protegernos frente a agresiones externas, deshidratación o infecciones. Las alteraciones congénitas de la piel en un recién nacido pueden representar amenazas muy graves para el bebé en el periodo neonatal.

En los recién nacidos “a término”, es decir, en los bebés que nacen entre la semana 37 y la 41 de la gestación, la epidermis, (la capa más superficial de la piel), y los anejos cutáneos (glándulas sudoríparas, uñas, pelo…) están completamente formados aunque todavía presentan algunos rasgos  de inmadurez. La piel de estos bebés es más fina, tiene las fibras de colágeno de menor tamaño, y las fibras elásticas son más inmaduras que las de la piel de un adulto. Además, la unión de la epidermis y la dermis es más débil, lo que la hace más frágil, favoreciendo el aparecimiento de ampollas y otras lesiones.

Ante estas evidencias, podemos asegurar que la piel del bebé es más frágil que la del adulto, se despega fácilmente, es más permeable, los irritantes penetran más fácilmente, y se enrojece con facilidad ya que los vasos sanguíneos son más inmaduros. Todo ello predispone a la inflamación, el enrojecimiento y la descamación.

La siguiente cuestión que nos planteamos es cómo cuidar la piel del bebé para evitar irritaciones, mejorar su resistencia y prevenir la infección.

Sin duda, la higiene es muy necesaria, y para ello recomendamos jabones sin detergente (syndet), con un pH cercano a 5.5 que previenen la infección y la irritación ya que protegen el manto hidrolipídico superficial, (como si fuera una película grasa protectora). El uso de emolientes es muy importante después del baño, siempre que sea preciso.

La cuestión que surge a continuación es si existe un emoliente ideal en esta etapa, un emoliente que se tolere bien, que no irrite y que mejore la resistencia de la piel del bebé a las agresiones.

Pues bien, aunque la oferta del mercado es muy amplia, mi recomendación durante el primer año de vida del bebé es elegir emolientes seguros, dermatológicamente testados, que no contengan sustancias potencialmente peligrosas y que puedan absorberse más fácilmente que en el adulto a través de la piel.

Debemos confiar en la ciencia y elegir productos seguros y eficaces. Una sustancia especialmente interesante y útil es el Dexpantenol, que está dotado de un amplio espectro de actividad. El Dexpantenol se usa  en dermatología desde hace décadas como cicatrizante, ya que se transforma en ácido pantoténico o vitamina B5 dentro de nuestras células e interviene en reacciones metabólicas vitales para aumentar la supervivencia y la correcta función celular, permitiendo la reparación de nuestra piel.

En varios estudios se ha demostrado que la aplicación tópica de Dexpantenol en heridas, reduce notablemente el tiempo necesario para su curación debido a que acelera la recuperación celular en las capas más profundas de la piel, reconstruyendo o fortaleciendo la barrera cutánea. Además posee propiedades hidratantes, que ayudan a retener agua en la epidermis y evitar su pérdida, así como propiedades antiinflamatorias que mejoran de forma sensible el picor. Todo ello con extraordinaria tolerancia.

Si tengo que elegir una sustancia para el cuidado de la piel del bebé, sin duda el Dexpantenol estaría en la lista, ya que como hemos dicho mejora la barrera cutánea, lo que es esencial en los primeros meses de vida, hidrata, se tolera bien y en casos de dermatosis inflamatorias como la dermatitis seborreica, la dermatitis del pañal o incluso en la dermatitis atópica, puede ser beneficioso por sus propiedades inflamatorias y antipruriginosas.

Por Dr. Raúl de Lucas Laguna
Dermatólogo Pediatra. Jefe de Sección de Dermatología Pediátrica del Hospital La Paz, Madrid

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