Serge Ibaka sacrificio, superación y solidaridad

Detrás de una de las estrellas de Oklahoma City Thunder de la NBA, y de nuestra selección de baloncesto, hay una gran historia de superación. Se la contó él mismo a Nora Kurtin, Fundadora de Sapos y Princesas, en un encuentro cara a cara que tuvo lugar en Miami. Serge Ibaka pasó de dormir en las calles de Brazzaville a desarrollar su triunfo en la mejor liga del mundo. “Yo he sido pequeño y sé lo difícil que es pasar por eso. Mi sueño es ayudar a los niños y devolverles la sonrisa”.

Por ello, el jugador creó recientemente la Fundación Serge Ibaka bajo el lema “Anything is possible” (todo es posible), la cual quiere inspirar a los niños de todo el mundo a conseguir sus sueños, sin importar sus circunstancias. En ella -nos cuenta-, está “muy implicada” su propia hija, Ranie, decidida como él a ayudar a los niños de El Congo y Oklahoma City -ciudad a la que también considera su casa-, en temas como la educación, la salud y la nutrición

“Todos tenemos la capacidad de cambiar nuestro mundo y la obligación de ayudar a otros a cambiar”. Ibaka recordaba así cuando comenzó a jugar. Fue en El Congo cuando tan solo tenía 7 años. Sus padres jugaban al baloncesto. Un día su padre le pidió que fuera a verle a un partido y un amigo suyo cogió una botella vacía y la usó como balón. “Me dijo: ‘Bien, un paso, dos y luego salta’. Volví a casa y estuve toda la noche haciéndolo, incluso en el baño mientras me cepillaba los dientes”.

Así empezó todo. Actualmente, Ibaka constituye para muchos niños un modelo a seguir, como lo fue su padre para él. “Él me inspiró, me decía riéndose: ‘Eres demasiado alto para jugar al fútbol’. Entonces me prometió que si empezaba a jugar al baloncesto me daría su camiseta. Jugó con el nº 9 también”. Doce años después, Ibaka fue elegido en la vigesimocuarta posición del Draft de la NBA de 2008. Sin embargo, sus primeros pasos los dio en España. En 2006, tras duros trámites, comenzó a jugar en las filas del Club Bàsquet L’ Hospitalet y, en ese momento, se prometió que usaría su éxito para ayudar a los menos afortunados.

Su objetivo ahora es trabajar duro para su equipo, pero dar nuevas oportunidades a los niños de Brazzaville, su ciudad natal, es su verdadero propósito en la vida. Ayudar a los niños congoleños desfavorecidos es un proyecto de largo recorrido: “Un día tendré 40 años y dejaré de jugar al baloncesto, pero esto es algo que quiero continuar haciendo”. A Ibaka le gusta el trabajo bien hecho, y las palabras fundamentales que definen su proyecto son: inspiración, pasión, intentar y devolver. Decididamente, un modelo a seguir.

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