¿Se aprende más y mejor con la tecnología?

A comienzos de septiembre de 2014 Ignacio González, Presidente de la Comunidad de Madrid, anunciaba la llegada inminente de la asignatura de programación como materia obligatoria para los alumnos de educación secundaria. Aunque en este primer año serán unos pocos institutos de la región los que la pondrán en marcha, en el curso 2015-2016 todos los centros públicos y concertados enseñarán a sus alumnos a desarrollar apps, programar un videojuego, aprender nociones de robótica o manejar una impresora 3D.

Durante los últimos años el comienzo del curso escolar arranca con el debate social sobre la introducción de la tecnología en las aulas y las ventajas que su implantación reportaría al sistema educativo.

Para unos niños que viven rodeados de todo tipo de aparatos tecnologicos con total naturalidad y que juegan, aprenden y se relacionan gracias a ellos, resulta chocante enfrentarse a un sistema educativo que sigue mirando con cierto recelo la llegada de estas herramientas a las escuelas.

Generalmente, el uso de plataformas tecnológicas para organizar las relaciones de padres y niños con maestros o para generar nuevos métodos de enseñanza por parte de los profesores, revierte en una mayor satisfacción por parte de todos los implicados. Colegios más eficientes, padres informados casi en tiempo real de lo que hacen sus hijos y niños encantados de cambiar los libros por las tabletas y otros dispositivos. Pero ¿se aprende más y mejor con la tecnología? Aunque existen estudios que indican que determinadas competencias se desarrollan mejor, la realidad es que aún no lo sabemos a ciencia cierta y pasarán algunos años para saberlo.

En este entorno de implantación de las tabletas en el sistema educativo no tenemos que perder de vista la importante labor del profesor. En un sistema cada vez más lastrado por el presupuesto de los gobiernos, recaen sobre el docente un buen número de nuevas tareas para las que no está preparado y para las que no se le forma convenientemente. En estas nuevas aulas en las que los libros y los cuadernos conviven con las tabletas y los smartphones, la clave es que el contenido digital que se utilice sea el correcto para cada edad y materia y que el profesor tenga los conocimientos tecnológicos para desarrollar la clase de la mejor forma posible y con las herramientas del siglo XXI.

Lo que sí es cierto es que determinadas tareas son objetivamente más fáciles gracias a la tecnología. Comprender una fórmula matemática ya no dependerá de si ese día el alumno estaba más o menos atento durante la explicación ya que probablemente la podrá repasar en vídeo en su casa y podrá pausar y arrancar la explicación cuantas veces necesite para llegar a entenderla correctamente.

Otras funcionalidades, como el seguimiento personalizado del alumno o la adecuación de actividades de refuerzo de forma individual, abren un mundo de posibilidades para el profesor.

Además del importante papel que juega el profesorado nos tenemos que preguntar si el sistema educativo español está preparado suficientemente para la llegada de esta nueva realidad. Un colegio tecnológicamente viable necesita wifi de banda ancha, servidores de aula, enchufes en las clases, proyectores y otros elementos que ahora mismo no parecen fáciles de conseguir para un buen número de escuelas españolas.

Ojalá el curso próximo podamos estar hablando en términos bien diferentes y las escuelas españolas se hayan sumado a esta revolución a la que de una u otra forma tienen que enfrentarse en los próximos años.

Por Álvaro Varona
Comunicador especializado en el mundo digital con experiencia en internet desde 1998. Además, es bloguero en Dospuntosbarrabarra, un blog sobre el mundo de Internet y Generación Apps, sobre aplicaciones infantiles. @kremaster y @generacionapps

También te puede interesar:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *