Límites y respeto: los otros hábitos saludables

Alimentación, hidratación, higiene, ejercicio… los hábitos saludables, al fin y al cabo, son parte de la educación que damos a nuestros hijos en casa. Los niños imitan nuestro comportamiento, por lo que inculcar hábitos saludables a nuestros hijos pasa inevitablemente porque nosotros los tengamos. Pero no basta con comprar alimentos sanos, ni con hidratarnos adecuadamente, ni con cumplir con las cinco comidas diarias, ni con cepillarnos los dientes después de comer, ni con hacer ejercicio de manera habitual y dormir al menos ocho horas al día. No basta con eso. Los hábitos saludables son, además, una cuestión de actitud. Una actitud de respeto hacia uno mismo, pero para que haya respeto tiene que haber límites. Y el respeto se enseña y se aprende en el hogar.

Los padres de nuestra generación no queremos ser tachados de dictadores y, en consecuencia, estamos educando a nuestros hijos sin los límites necesarios para fomentar la seguridad y la autoestima que necesitan para su desarrollo. Lo cierto es que sin límites no hay respeto hacia los demás ni hacia uno mismo, algo que se puede volver en su contra sintiéndose no queridos. Para tener hijos sanos y fuertes, no solo tienen que estar bien alimentados, hidratados y estimulados, también tienen que sentirse seguros y contenidos. Por eso necesitan límites que los frenen y saber cuáles son las normas y respetarlas.

Sigamos en casa unas normas que todos los miembros de la familia cumplamos, no solo los niños. Desconectémonos todos de la tecnología y disfrutemos de la compañía. Las comidas son el momento perfecto para conectar con nuestros hijos, para saber lo que les está pasando y que ellos también sepan lo que nosotros estamos viviendo. Aprovechemos los desayunos, las comidas y las cenas para charlar y escuchar a todos los miembros de la familia. Intentemos respetar la opinión de los otros y no hacer juicios de valor infundados, no gritar y ser claros en cuanto a lo que para nosotros está bien o está mal. Este entorno que nos proporciona el estar juntos alrededor de una mesa es perfecto para transmitir los valores y reglas que definen nuestro hogar. La comunicación es la base de la familia. El respeto a esas normas y la actitud que tengamos nosotros hacia ellas y hacia los demás es la que va moldeando el comportamiento de nuestros hijos.

Pero, sobre todo, no tengamos miedo a marcar límites y hacer que se respeten. De alguna manera, la actitud de nuestros hijos es el reflejo de nuestra conducta y condicionará su comportamiento en todos los ámbitos de la vida, dentro y fuera de casa, del comedor, de clase, del bar o del campo de fútbol.

Lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos es marcarles límites con amor.

 

 

Nora-Kurtin2Nora Kurtin

Fundadora de Sapos y Princesas

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