Inteligente no ¡Luchador sí!

Mi hija ha empezado con Álgebra este año. A ella no le resulta fácil, a mí tampoco. La semana pasada me contaba orgullosa que había sacado una buena nota. Mi primera reacción fue decirle “¡Qué inteligente eres!”, como he venido haciendo hasta ahora, pero me acordé de unos estudios que he estado leyendo y decidí reenfocar mi respuesta para poner énfasis en cómo su esfuerzo de días anteriores, haciendo ejercicios complicados, había dado sus frutos.

Desde hace tiempo se sabe que el cerebro es un músculo que cuanto más se usa, más crece. Pero lo interesante que se ha encontrado en estudios realizados recientemente en la Universidad de Stanford, es que las conexiones neuronales se forman e intensifican cuando la tarea que hacemos es más difícil, cometemos errores y nos cuesta más conseguir el resultado deseado. Esto significa que nuestra inteligencia no es fija, o solamente genética, sino por el contrario, que cuando nos enfocamos en tareas difíciles y nos esforzamos más, nuestra inteligencia crece.

Pero el estudio no se queda ahí, la Dra. Dweck, que lleva durante décadas estudiando la forma de pensar de las personas hacia el aprendizaje, ha descubierto que la mayoría se adhiere a uno de estos dos modos: Mentalidad fija o Mentalidad de crecimiento. Las de Mentalidad fija creen erróneamente que la gente es inteligente, ya sea o no, genéticamente. Las de Crecimiento creen correctamente que la capacidad y la inteligencia pueden ser cultivadas a través del esfuerzo, la lucha y el fracaso.

Como consecuencia directa, las personas con Mentalidad fija tienden a centrar sus esfuerzos en las tareas donde tienen alta probabilidad de éxito y evitan tareas en las que tengan que luchar, lo que limita su aprendizaje. Sin embargo, las personas con Mentalidad de crecimiento se enfocan en desafíos y entienden que la tenacidad y el esfuerzo pueden cambiar sus resultados. Así, estos últimos son los que más crecen intelectualmente y consiguen mejores resultados porque no abandonan.

Lo mejor de este descubrimiento es que el tipo de mentalidad es fácil de cambiar. Con pequeñas modificaciones en la comunicación y los comentarios “sin importancia” a nuestros hijos, podemos tener implicaciones duraderas en su mentalidad. Si en lugar de alargar algo innato, que les fue dado y sobre lo que no tienen control, como la inteligencia, nos enfocamos en alargar sus esfuerzos, estamos reforzando la mentalidad de lucha, la tenacidad y el coraje.

Seamos conscientes de que la forma en la que hablamos a nuestros hijos afecta la forma en la que afrontan los retos de la vida. Al fin y al cabo, no sabemos a lo que se tendrán que enfrentar, pero sí sabemos que su actitud de esfuerzo y lucha, aunque vayan a errar, les hará salir más fortalecidos de ella.

Este editorial va dirigido a los padres que están haciendo un esfuerzo por dar a sus hijos mejores herramientas para adaptarse a un entorno competitivo y lograr ser felices sacando lo mejor de sí.

Me encantaría recibir vuestros comentarios y saber cuáles son vuestras sugerencias para, entre todos, encontrar distintas herramientas que se adapten al estilo de cada familia.

Reenfoquemos el reto de cómo hablamos a nuestros hijos para evitar limitar sus capacidades y enfocarnos en potenciar el esfuerzo.

 

 

Nora-Kurtin2Nora Kurtin

Sapos y Princesas

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