Cuando leer es también compartir

Desde todos los frentes recibimos constantemente el mensaje imperante de que nuestros hijos deben leer tanto tiempo al día, libros de unas características, haciendo actividades para comprobar la comprensión de lo leído… y sobre esto creo que ya no cabe duda.

Lo que ya no escucho tan a menudo es que los padres tenemos el deber de enseñar a nuestros hijos el placer de la lectura, la experiencia de conocer a través de un libro. De conocer lo que nos es lejano y conocernos a nosotros mismos, porque, en palabras de Antonio Muñoz Molina “La lectura es una ventana y también un espejo”.

Este mes hemos querido hacer a los libros protagonistas de nuestra revista con diferentes propuestas que hablan de naturaleza, teatro, música, que nos enseñan a hacer manualidades… Porque los libros son estupendos compañeros de juego y aprendizaje y permiten a los niños aprender por sí solos, y contarnos lo que saben con ayuda de ellos.

Pero me gustaría hablaros de los momentos de lectura relajados. Esos que pasamos con nuestros niños dejando que pase el tiempo porque ambos queremos que la aventura dure un poquito más. Pienso que es importante que enseñemos a nuestros hijos el placer de leer, de dejar que pase el tiempo y que, transcurrida una hora, resulte que conocemos un nuevo país, una nueva forma de cocinar o nos damos cuenta de que no somos los únicos a los que les da miedo la oscuridad o se les pierden las cosas. Aunque esto, por experiencia sé que más que enseñarse se contagia. Se ve en casa y se copia. Y lo que es aún mejor, se comparte.

Y así no sólo dejaremos a nuestros niños la fabulosa herencia de la afi ción a la lectura, sino también de saber estar en calma, de valorar la importancia de tener tiempo para crecer y aprender. Les enseñamos a imaginar, a compartir con la lectura un viaje que cada uno hace en su propio imaginario.

Cuando pienso en momentos de paz y felicidad con mis hijos, me viene la imagen de los cuatro en la cama leyendo los capítulos de Bat Pat por turnos y disfrutando de un domingo por la mañana relajados y sin prisas.

Os propongo algo especial para el próximo Día del Libro ¿Y si buscamos aquel libro que nos fascinaba de niños y se lo regalamos a nuestros hijos? Para ellos será especial revivir una aventura que ya vivieron sus padres y tal vez puede que nos reconozcan en algún lugar del mismo. Y mejor aún, si nosotros les regalamos junto con el libro nuestro tiempo y nuestra voz para que escuchen esa historia desde nosotros.

¡Feliz lectura compartida!

 

 

 

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Nora Kurtin

Fundadora de Sapos y Princesas

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