¿Qué hago si mi hijo no quiere comer?

Enfrentarse a la hora de la comida puede convertirse en un auténtico suplicio para los padres de los niños que no quieren comer. Muchos de ellos no saben cómo enfrentar la situación… ¿Debemos obligarlo a comer?, ¿distraerlo? ¿sobornarlo con promesas y regalos?, ¿dejarle que coma cuando y lo que él quiera?…

Para responder a todas estas dudas, hablamos con Isidro Vitoria, pediatra de la Unidad de Nutrición y Metabolopatías del Hospital La Fé de Valencia, especializado en nutrición infantil y autor del libro Cuidados del bebé. Verdades, mitos y errores.

Uno de los motivos más frecuentes de consulta en niños después del año de edad, es la falta de apetito o la apreciación los padres de que su niño come mal. Los bebés comen mucho, ya que el crecimiento que experimentan a lo largo del primer año es muy grande. Al introducirle la alimentación sólida ya no necesitan ingerir tanto, pues están recibiendo una alimentación equilibrada y sana. Según el Doctor Vitoria, “la causa de una negación frente a la comida puede indicar una enfermedad de base o ser un problema conductual. Cuando se debe a una enfermedad, el rechazo es frente a toda clase de comida; mientras que si la causa es ambiental o conductual, el rechazo alimentario es selectivo. También hay que conocer la situación de niños sanos y buenos comedores que, tras una infección gastrointestinal o respiratoria, pierden el apetito. Es una fase transitoria y debe respetarse para no confundir al niño.”

Sin embargo, muchas veces somos los propios padres los que cometemos errores a la hora de intentar conseguir que el niño poco comedor coma algo más, “los más frecuentes son el chantaje, el premio, el castigo y las amenazas”, detallados a continuación por el Doctor:

  • Distracción: Consiste en distraer con la televisión o el móvil, un hermano que baila, un sonajero que se agita, la imitación de sonidos de animales o la lectura de un cuento para que el niño coma. El nivel más elevado de este método puede ser correr tras el niño (perseguirlo) por la casa dándole la comida.
  • Persuasión: Persuadir al niño para que coma, porque los alimentos le reportarán beneficios (que el niño no entiende) o porque así se cumplirá algún deseo (vendrá el padre, los Reyes Magos se alegrarán…) que a veces es difícil de comprobar.
  • Chantaje: Si el niño come, se le permitirán determinadas cosas (juguetes, dulces…) o tiempo libre (se le dejará despierto más tiempo…).
  • Amenazas: Muchos padres han amenazado a sus hijos con promesas que nunca han cumplido (“si no comes, te abandonaré…”,”vendrá el coco…”), por lo que suelen tener escasa repercusión.
  • Comer a la fuerza: La fuerza física (cerrarle la nariz al niño, abrirle la boca…) de los padres suele acabar contrarrestada con un vómito del niño o una cuchara por el aire.
  • Comer a la carta: Algunos padres permiten que sus hijos ‘malos comedores’ elijan entre un menú de posibilidades, lo que a veces desemboca en comer siempre lo mismo.
  • Comer entre comidas: Ya que el niño es poco comedor, se le permite ‘picar’ entre comidas, con lo que obviamente no querrá comer después. En la mayoría de estos casos parece que el comer deja de ser la satisfacción de un deseo y se convierte en un trabajo forzado.

Aunque los niños han de comer de todo, debemos introducirle nuevos alimentos de forma progresiva y atractiva, nunca obligarlos. Si el niño se niega a probar un determinado alimento repetidas veces, siempre podemos buscar alimentos alternativos que ofrezcan los mismos nutrientes. Tal y como nos indica Isidro Vitoria, “los niños a medida que crecen van aceptando una determinada diversificación alimentaria. En este sentido, influyen los hábitos culturales y, sobre todo, las preferencias alimentarias de los padres. Estos patrones de selección de los alimentos se desarrollan en las fases iniciales de la vida, de ahí la importancia de que el niño coma en la mesa y vaya conociendo dichos alimentos.”

La preocupación por la falta de apetito de nuestros hijos nos puede llevar a intentar que coman a toda costa, pasando por darle sólo los alimentos que les gustan. Aunque no es lo más correcto, apunta Isidro Vitoria, “sí debemos aprovechar dicha preferencia para introducir otros alimentos, utilizando este alimento como base para confeccionar diferentes comidas”. A los niños, al igual que a nosotros, no tienen por qué gustarles absolutamente toda la comida. Independientemente de esto, hay algunos niños que se niegan por sistema a probar nuevos alimentos. Este fenómeno se denomina neofobia y consiste en la reticencia a probar alimentos nuevos. Es propio del mundo animal y probablemente forma parte de los mecanismos de defensa de la especie, cuya última finalidad sería evitar peligros desconocidos. Sin embargo, según el pediatra, “la exposición repetida de un nuevo alimento no seguida de consecuencias negativas (náuseas y vómitos) conlleva una aceptación progresiva, aunque pueda precisar hasta 10 ó 15 intentos frustrados. En este sentido los padres no deben desistir definitivamente, sino que pueden probar a ofrecer el alimento rechazado 2-3 veces por semana, pacientemente y sin ningún tipo de miedo o tensión, hasta que llegue su aceptación.” Cierto grado de neofobia y de manías o monotonías son normales en el desarrollo del aprendizaje alimentario. “La paciencia y la perseverancia en el modo familiar de alimentación ayudan al niño a superar sus rigideces y miedos y a comportarse como el resto de la familia.”

En definitiva, lo que debemos conseguir es que la comida se convierta en un momento agradable, en el que además de alimentarnos adecuadamente, podamos disfrutar de un momento de reunión familiar. Si el niño está sano y el pediatra considera que su crecimiento es el adecuado, basta con conseguir lograr un ambiente relajado y sin prisas para los ‘poco comedores’. “Para los niños, sobre todo los más pequeños, la comida es un juego y una forma de relacionarse con los padres, hermanos u otros niños. Por ello, hay que presentarles los platos de manera atractiva y deben comer junto con todos los miembros de la familia“. Y es que el ambiente influye mucho en el apetito: con una buena atmósfera conseguimos que el niño asocie comer con algo agradable. Esta relación positiva se quedará en su memoria y con el tiempo será capaz de disfrutar de este momento.

¿Y si sigue sin comer bien? ¿Debemos proporcionarle vitaminas o complementos alimenticios? “Generalmente no son necesarios. Hay que intentar ofrecerles alimentos de todos lo grupos alimentarios. En algunos casos, sin embargo, el pediatra valorará individualmente la necesidad de suplementos.”

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