¡¡Ni fruta, ni verdura, ni pescado!! ¿Qué hago?

“No prueba la fruta”, “ no come verdura ni aunque lo obligues”, “ no hay manera de introducirle papilla salada”…

Todos los que tenemos hijos hemos dicho alguna de estas frases. Casi seguro. Habrá algún afortunado cuyo hijo haya abierto la boca y saboreado todo tipo de alimentos sin decir ni mu. Y muchos otros que no. Que se niegan de manera pertinaz a probar nada que no sea leche hasta pasado el año. Que no prueban la fruta ni la verdura ni disfrazándola. Ni el pescado, ni otras cuarenta cosas durante años.

La preocupación por la alimentación de nuestros hijos es totalmente natural y comprensible. La salud depende, en parte, de la alimentación, y también el crecimiento. Así que es lícito que nos preocupemos por ello.

Aclaremos algunas cosas que tal vez te ayuden a vivir la alimentación de tus hijos con menos angustia:

  • Cada niño tiene un ‘estilo de alimentación‘, igual que nacemos con un temperamento determinado. Es decir, hay niños inapetentes, que parece que les da lo mismo comer que no comer, que  ‘pasan del aire’. Los hay, por el contrario, con un apetito envidiable, que disfrutan comiendo, que gustan de probar sabores y texturas nuevos. Hay otros más caprichosillos, los ‘pequeños sibaritas’.
  • Cada niño es un mundo, con unos gustos determinados, un apetito, un ritmo para asumir los cambios, etc. Igual que a un bebé le salen sus primeros dientes a los seis meses y otro hasta los nueve no asoma ninguno, estas diferencias interindividuales en la alimentación también son normales, y no hay que angustiarse ni compararlo con otros niños.
  • Lo que nadie te dice: de hambre no se van a morir. El instinto de supervivencia es el más primitivo y poderoso del hombre. Así que nuestros peques, aunque nos parezca increíble y pensemos que es imposible que sobrevivan comiendo solo una aceituna y dos galletas, no van a morirse de hambre.
  • Lo que le pasa a tu peque es habitual: que le cueste probar cosas nuevas, que se aferre al pecho o al biberón y que no quiera cuchara, que coma poquito o sólo ciertos alimentos. No estás haciendo nada mal. Forma parte del proceso de desarrollo y a veces no es tan fácil como lo pintan en los libros o manuales de pediatría.
  • Que no lo coma hoy no significa que no lo comerá mañana. Así de sencillo. Hoy escupen el tomate como si fuera veneno, y dentro de un mes lo adoran.
  • Hay ‘crisis de crecimiento’. Son temporadas o determinadas épocas en las que hay un descenso del ritmo del crecimiento o cambian las demandas del organismo, y el niño tiene menos hambre.
  • Y sí, a veces con cantidades ínfimas se quedan llenos y tan ricamente.
  • Una de las maneras en que los niños expresan el estrés ante los cambios es la comida. Las primeras semanas de guardería puede que coma menos o esté más caprichoso, por ejemplo.
  • En ocasiones puede producirse una instrumentalización de la comida, es decir, que el niño aprenda a ‘usar la comida’ como castigo, premio, o para mostrar sus emociones.

Algunos consejos e ideas:

  • Respetar ritmos, no introducir de forma precoz alimentos ni cambios. Cada cosa a su tiempo. Hasta los seis meses lactancia materna exclusiva o lactancia artificial. A partir de ahí, y siguiendo las recomendaciones del pediatra, ir introduciendo poco a poco los sólidos y alimentos nuevos. Y sin prisa. Más vale retrasarse dos meses en introducirle el pescado, que adelantarse, por ejemplo.
  • Paciencia y perseverancia. Paciencia porque estamos hablando de muchos cambios en breve espacio de tiempo. Sed creativos. Dadle a probar los mismos alimentos cocinados de distintas formas. Si no lo quiere probar, no insistas. Esperad unos días, y volved a intentarlo.
  • Si no quiere comer, no forzarlo. No meterle la comida en la boca a presión, no taparle la nariz para forzarle a abrir la boca, no tenerle delante del plato 3 horas, no guardarle para la merienda y luego para la cena el mismo plato. No ir detrás del niño con el tenedor por toda la casa.
  • La manera adecuada de hacerlo es: presentarle la comida en la mesa, darle un tiempo prudencial y normal para que la coma. Y después de ese tiempo, retirarle la comida. No ofrecerle nada de postre “porque apenas ha comido”. Si después de que haya comido poquito puré porque no le gusta mucho le damos unas natillas, le estamos premiando. Aprenderá que da igual cuanto coma del plato principal porque luego llega el postre.
  • Evitar en la medida de lo posible zumitos (son todo azúcares y no aportan nada bueno), batidos (muchísimas calorías) y bollería. De vez en cuando no pasa nada, pero no a diario.
  • Comer en familia. Sí, es muy importante. Porque los niños aprenden mucho a través del modelado. Es decir, hacen lo que ven hacer. Si comemos en familia y nos ven comer todo tipo de alimentos, será más fácil que les apetezca probarlo. Cada vez son más los niños que comen o cenan solos delante de la tele, alejados de los mayores y sin opción a ver si probar nada más que lo que les hemos puesto en el plato.
  • Respetar los horarios de comida. Muy importante. Y a menudo no lo hacemos bien. Si le doy a las once dos magdalenas, imposible que tenga hambre a la una.
  • No hace falta que coma todo tipo de verduras o de fruta. Si le gustan tres o cuatro verduras, dadle más a menudo esas, y poco a poco id introduciendo nuevas. Lo importante que es que coma alimentos de todos los grupos aunque haya poquito variedad.
  • Y por último, no permitir que la comida sea una moneda de cambio. Sed pacientes ante los cambios, no alarmaros si un par de semanas come menos, vivid con tranquilidad el momento de la comida y no transmitáis angustia ni nervios. Todos estos problemitas y dificultades irán pasando y vuestro hijo acabará comiendo lo suficientemente variado y la suficiente cantidad.

 

Por Úrsula Perona
Psicóloga infantil
www.ursulaperona.com

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