Ismael Prados: “Comer sano es todo menos aburrido”

Sapos y Princesas: Interpreta para nosotros el papel de ogro: ¿qué les pasa a los niños que no comen bien?

Ismael Prados: Que no se desarrollan de manera óptima, tan simple y tan contundente. Una buena alimentación es el combustible vital para crecer de la mejor forma, al máximo de posibilidades. Una buena educación nutricional les hará libres por ser autosuficientes y conscientes de sus necesidades. Para ello hace falta enseñar a las familias cómo escoger los alimentos, cómo conservarlos y gestionarlos con seguridad, cómo aplicarles las técnicas de cocción que conservan mejor sus propiedades y en un tiempo de 20 minutos; enseñarles a valorar los alimentos frescos por encima de los procesados, a diseñar menús equilibrados… En dos palabras, a enseñar a los pequeños a nadar, no describirles el agua.

SyP: El camino más corto para que nuestros hijos empiecen a comer de forma equilibrada y con ganas es…

I. P.: Sin duda, predicar con el ejemplo. Cuántas veces he visto a un padre intentar introducir una cucharada de puré de verduras a un bebé en la boca ¡con cara de asco! El bebé no sólo capta el sabor, sino el lenguaje corporal que le transmite el padre, su sensación al respecto con la que asocia aquella mueca de asco de la verdura: craso error. Debe demostrarle que al primero que le gusta es a él para que el psicoanalista que todo bebé lleva dentro acepte que la verdura se asocia a buen rollo y alegría, si no, ¿de qué?

SyP: ¿Por qué comer sano es tan aburrido?, ¿o estamos equivocados?

I. P.: Absolutamente. Lo que es aburrido es coger 8 litros de agua, ponerlos al fuego hasta que hiervan y luego introducir unas hojas de espinaca. Las vitaminas y minerales de las hojas se disuelven en el agua y quedan reducidas a  hebras negras amargas a causa de la permanente oxidación. Lo aburrido es sacrificar un universo de colores y matices naturales en una dieta hipercalórica y grasa a base de proteína animal, cereales refinados y azúcares carbónicos, repetitiva y monótona. Lo que es divertido es perseguir la temporada natural de cada pequeño tesoro que nos ofrece cada estación, cada nueva fruta. Cada vegetal nos devuelve al ritmo verdadero de la naturaleza; probar, tocar, oler. Lo que es divertido es descubrir nuevos sabores y ponerlos en referencia a los que conocías, renombrando un nuevo color, un matiz: conformar y ampliar la memoria gustativa. Lo que es divertido es gozar del mundo en color, no en monocromo.

SyP: Te hemos visto hacer felices a los niños en una cocina, ¿cómo lo consigues?

I. P.: Potenciando el matiz plástico. Los niños se fijan mucho en la agilidad manual y son capaces de asimilar rápidamente procesos como pelar, batir, centrifugar ensaladas, etc… Subliminalmente les estructuras los procesos, les integras en un grupo con un objetivo común pero responsabilidades diferentes y les mantienes como sujetos activos de su tiempo, no pasivos: he ahí el éxito de los talleres de cocina entre los más pequeños. Independientemente a tu discurso hay un argumento visual que une todos los procesos, así que pueden seguir el hilo sin necesidad de fijarse en las palabras.

SyP: ¿Qué alimentos no pueden faltar en la nevera y despensa de una familia con niños?

I. P.: Naturales y diversos. La mejor manera de asegurarse buenos niveles de todos los nutrientes es diversificar mucho la naturaleza de los alimentos que componen nuestros platos. No soy de los que cree que haya alimentos específicos para los niños (excepto en las primeras etapas de crecimiento, claro), sino una manera de combinarlos más adecuada para favorecer la naturaleza gustativa de los más pequeños: no vinagres, niveles de sal, especias, etc. Como en el caso de la vista y los colores, ellos perciben los sabores más nítida e intensamente, por lo que hay que reducir el carácter de determinadas preparaciones o escoger alimentos más suaves. Esto de alimentarse va más sobre equilibrio y diversidad que sobre cantidad y precio.

SyP: ¿Cómo, cuánto y qué comías tú cuando eras pequeño?

I. P.: Era propenso a la tortilla de patatas y al pollo al ajillo, pero también a la coliflor cruda y los bocatas de plátano. Nací en el 74, así que entro dentro de la primera generación yogur, aquellos que ya conformamos nuestra idea de alimentación a través de los supermercados y los anuncios de televisión. En casa aún hay tradición de ir al bosque a por todo lo comestible, sobre todo espárragos, caracoles o setas. Mi abuelo tenía un huerto, igual que mi padre y actualmente mi hermano y yo.

También te puede interesar:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *