Ideas para inculcar hábitos saludables a nuestros hijos

Una reciente encuesta de  la OCU revela que menos del 1% de los padres de niños con obesidad, lo considera un problema de salud. Y menos del 25% reconoce que sus hijos tienen sobrepeso.

El sobrepeso y la obesidad son problemas de salud serios. Tienen implicaciones negativas para la calidad de vida de la persona, y aumentan el riesgo de padecer muchas enfermedades, como diabetes o enfermedades coronarias.

Sin embargo, en nuestra sociedad existe una normalización de la obesidad. Ojo, estamos hablando de un sobrepeso real (IMC superior a 25). No estamos hablando de niños más o menos grandes o corpulentos, o más o menos rellenitos.

Es el pediatra quien debe determinar si un niño tiene sobrepeso u obesidad. De hecho, los pediatras están por lo general bien atentos a estos aspectos, ya que conocen claramente las implicaciones para la salud. Y se lo comunican a los padres en cuanto lo detectan.

Sin embargo, como dice el citado estudio, parece que a los padres nos cuesta tomar conciencia de que nuestros hijos puedan tener sobrepeso. ¿Por qué?

Los hijos de padres con obesidad tienen  mucha  más probabilidad de ser obesos. Hay componentes genéticos hereditarios, pero también, y aquí es donde podemos actuar,  hay malos hábitos alimenticios y sedentarismo.

Con los genes no podemos hacer nada…, pero sí con nuestra alimentación y estilo de vida.

¿Qué podemos hacer los padres si nuestro hijo tiene sobrepeso u obesidad?

Responsabilizarnos e informarnos

–       En primer lugar aceptar que el sobrepeso y la obesidad son problemas de salud con importantes implicaciones para el niño.

–       También darnos cuenta de que con los años el sobrepeso, si no se actúa, va a más. No a menos. Esto es importante. No es lo mismo que una persona empiece a tener sobrepeso a los 45, que  lo tenga desde los 10.

–       Educarnos nutricionalmente. Por ejemplo, leyendo las etiquetas de los alimentos. Cuando uno lee la cantidad de calorías “vacías” que tiene por ejemplo un batido de chocolate, un zumo envasado, o una magdalena industrial, empieza a ser consciente de la cantidad de azúcares y grasas malas que está dando a sus hijos.

–       Preguntar al pediatra. Él es quién mejor nos puede orientar sobre qué tipo de alimentos son los más adecuados según la edad de nuestro hijo.

Nutricionalmente

–       Algunas consideraciones generales: evitar al máximo precocinados, evitar batidos y zumos envasados, reducir los lácteos tipo natillas, arroz con leche etc. Y sustituir por fruta fresca. La bollería y galletas solo ocasionalmente ¡tienen muchísimas calorías! ( aunque sean de panadería).

–       Respecto a los hábitos a la hora de comer: que los niños coman con los adultos. Aunque ellos sean pequeñitos y aún no coman de todo, nos observan. Y nos ven comer lechuga, y guisantes, ¡incluso espinacas!  Tú eres siempre su mejor ejemplo.

–       Que no coman delante de la tele. Ni con el móvil en la mano. Ni con la videoconsola. Porque si no, no tienen conciencia de lo que están comiendo. Están engullendo probablemente demasiado deprisa, sin masticar bien.

–       Darles a menudo a probar cosas nuevas. A veces los padres vamos a lo seguro: antes de que se quede sin cenar porque odia el pescado, le doy unas Frankfurt. Démosle frecuentemente a probar otros alimentos. Lo que hoy le provoca náuseas, dentro de un mes tal vez le apasione. Los niños son así.  Es necesario que vayan diversificando la dieta.

–       Evitar las chucherías. Y sí, es posible. O al menos, reducirlas al máximo y limitarlas al fin de semana u ocasiones especiales. Tienen una barbaridad de azúcares e incontables calorías.

Deporte, juego al aire libre y naturaleza

Todos los días. Todos. Salvo que caigan chuzos de punta. Aunque haga frío. Los niños necesitan por su salud física y mental jugar todos los días al aire libre. El juego al aire libre les aporta múltiples beneficios, entre ellos moverse, cansarse, saltar, reírse, ensuciarse…

Observa la cara de tu hijo cuando está en el parque. Eso te lo va a decir todo. La energía y la alegría que desprende. Menos extraescolares y más parque.

Y la naturaleza. Los fines de semana aprovechad para salir a la montaña, o a la playa. ¡Aunque haga frío! Menos centro comercial y más campo

Si además practican algún deporte, mejor que mejor. No a todos los niños les gustan los mismos deportes. Que pruebe varios hasta que encuentre el suyo. Mejor si son en equipo, pero también sirven deportes individuales. ¡La cuestión es moverse, cansarse, sudar!

La salud es la base de todo. Si nuestros hijos no tienen un estado físico y mental saludable, carecerán de lo más importante. Enseñarles cómo cuidarse a sí mismos a través de la alimentación y el deporte también es algo que debemos hacer como padres.

Por Úrsula Perona
Psicóloga infantil
www.ursulaperona.com

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